¿Por qué viajar a Roma?

«Hoy en día, son nuestros sentidos quienes nos hacen viajeros, no nuestra mente. Y por eso, el secreto del arte de viajar está en saber abrirse a las sensaciones antes que a la reflexión. El viaje es, sobre todo, una aventura sensual y sentimental.» (Javier Reverte, La aventura de viajar). Palabras que son todo un programa, una invitación a venir, especialmente En Roma!

Nos gusta la relación con Roma y con los que en ella compartimos tiempo y espacio, historias y vida.
Haciendo una variación con los versos de Salinas ‘nos gustaría ser esa Roma que te damos y no quien te la da‘.
Queremos que tu viaje sea esa experiencia y ese encuentro muy personal con la ciudad. Mirarla y no sólo verla. Roma literaria o inefable, grandiosa y mísera, ‘plaza del mundo’. Con sus mil fachadas e historias contiene tanto lo que estabas buscando -nunca decepciona- como sorpresas inagotables.

 Encontrarnos y encontrarse con Roma es una oportunidad para contemplar las miserias y grandezas humanas: «Hominem pagina nostra sapit.» (Nuestra página tiene sabor humano). Siguiendo estas palabras de Marcial, intentamos mostrar la complicada y riquísima realidad de la ciudad, de sus personas y obras. 

Quid melius Roma?

Podemos preguntarnos como Ovidio. No sé cuál sería vuestra respuesta. En todo caso, no se trata de admirar lo mejor en absoluto, sino de encontrar lo que nos emociona. Si habéis decidido venir a Roma, a pesar de sus defectos, estoy seguro de que también tiene las características perfectas para encantaros. ¡Hay tantos y tan variados motivos para venir! Desde lo más grandioso a lo más ínfimo. Lo importante es ver Roma desde Roma. Sentirla bajo tus pies, acariciar sus piedras, reconocer su figura entre el bullicio de la gente o en sus sileciosas sombras.

Por sus miserias y sus maravillas para mí ésta es la ciudad de la historia, de la esperanza, de las biografías. Ciudad en la que descubrir que nada es más necesario que nuestro pequeño nombre -irrepetible, único- y quien lo pronuncia.

Recuerdo los preciosos versos de Luis García Montero dedicados a su mujer, casi en adoración, y los aplico a mi Roma. Yo que la contemplo y también ella que me mira:

«que no puede cansarse de esperar
aquel que no se cansa de mirarte
.«

Roma es lugar para la espera, en donde todo puede ocurrir. Meta en la que el camino se convierte en lo importante. En Roma es necesario algo más que el poco tiempo de una vida. Quizás por ello nos hace esperar, como un deseo, la eternidad.

Sin embargo, esa Ciudad Eterna no la puedo aferrar, nunca es bastante, espero. Siempre digo ‘ciao’ sin querer irme, aprendiendo a llegar y a despedirme. En ella lo efímero, las sensaciones, son inagotables, eternas.

En este período más que nunca resuenan en mí las palabras fuertes de Leila Guerriero:«Viajo para no volver atrás, para no llegar a ninguna parte, para habituarme a perder y a despedir: lugares, cosas, gente. Viajo para recordar que no es bueno sentirse seguro ni aún seguro, a salvo ni aún a salvo».

Tus guías, En Roma

El Ara Pacis Augustae

Un descubrimiento: un poema de un sevillano exiliado que ha llegado a mis manos mientras escribía sobre el Ara Pacis. Un regalo providencial de manos de Antonello para sacar de su librería, la Linea d’ombra, llaves pequeñas y grandes hacia nuevos mundos:

Un ala cae del silencio.

Alta cumbre amortiguada
en la oquedad de lo inmenso.

La hora de luz sin nada,
a compás de piedra y mármol
por alturas impacibles.

El fruto duerme en su árbol,
verdad de gozos posibles.

Un ala cae -ni solemne
ni alegre; lisa, obligada-
de su vacío perenne,
peso, guarismo, plomada.

Cernida paz desde arriba,
mojada en el agua propia.

Ala encerrada, cautiva,
resbala en su misma copia,
se adentra en su doble afecto,
se pliega y desaparece.

Idea, nombre, concepto.

Flor sin hojas, paz que crece
de su flor –

Hombro del tiempo.

(Pasaje de la Poesía, Marqués de Villanova)

‘A compás de piedra y mármol’ se creó esta cumbre del arte en un momento de equilibrio en la historia. Uno de esos breves momentos en los que el hombre parece respirar hondo, como queriendo henchirse de la armonía que puede al fin contemplar. Un momento delicado fruto de tantas campañas, de guerras e imposiciones. Ellas son su sombra, acompañan y dan volumen a los colores y luces que ofrece la historia.

En el perímetro del Ara Pacis, ella, la Tierra-Tellus, es la protagonista encarnando el solaz de la naturaleza benévola. La paz se refleja y consiste en esa armonía en la que los animales, recostados, serenos junto a los hombres, pueden llevar una vida apacible. Y fruto de esa paz es la abundancia, una sensación de despreocupación ante las necesidades inminentes que acucian a todo mortal.

tellus ara pacis

La Tierra que con la paz parece vuelve a la época dorada de Saturno y Ops, con los frutos del trabajo y de la naturaleza.
«El fruto duerme en su árbol,
verdad de gozos posibles».
El Latium (la region del Lacio) proviene del verbo ‘latere’ (esconder) pues en ella se escondió el dios Saturno. Toda Italia se llamará Saturnia Tellus.

La paz propicia que se formen procesiones, no desfiles. Es tiempo de devolver, siendo fieles a los pactos, a los dones recibidos de las divinidades protectoras de la Urbe. El 30 de enero del año 9 a. C. se dedicó esta Ara cumpliendo los votos que debía la ciudad. Agusto, tras sus victorias, recordaba que un auténtico romano sería siempre un agricultor, el que cuida y mima la tierra recibida legándola a sus hijos. Paradójico: tras las victorias de las legiones se narra en piedra que practicar la agricultura es el modo para vivir en paz con los dioses, con el mundo y los demás, volviendo a la época feliz de Saturno.

Con Augusto se realiza ese período de paz en donde parece que al final los descendientes de Eneas podrían descansar. Un momento, sin embargo, que quedará marcado en la historia por el nacimiento de un niño en un pueblecito de Judea reconciliando, uniendo, pacificando con la locura de algo nuevo: el perdón. ¡Desaforado desequilibrio!

Procesion familia imperial Ara Pacis Roma

Procesión con la familia de Augusto, relieve en uno de los laterales del Ara

Guerra y paz unidos en un espacio en Roma, traído junto con los impuestos de la Hispania ‘pacificada’. Paz como rara aspiración ante la ineludible necesidad de la guerra. La paz era un ‘empate’, equilibrar las cosas. De hecho el término hostes ‘enemigo’ derivaba del verbo hostire ‘ponerse a la par’. Recobrar el equilibrio en la sociedad y con los otros, los de fuera. Curioso: hostes (enemigos) y hospes (extranjeros alojados en la ciudad) tienen la misma raíz. Era siempre una cuestión de equilibrio.

No es, por tanto, una casualidad que entorno al Ara se representen también filas ordenadas de personajes. Ordiri significa poner en fila, pero también hilar, tejer como la Parca, un destino, un texto o una historia. En esta Ara se recuerda como el pueblo de Roma, gracias a los ‘iura’, sus leyes y tradiciones, sigue siendo primordial (primus-ordiri), camina en un orden ininterrumpido desde sus orígenes enraizados en la tierra y se narra en piedra -buena trama- como hará Virgilio en su Eneida. Esa procesión de personas y eventos son el orden necesario que garantiza el éxito, equilibrio, de la paz.

vista frontal del Ara de la Paz de Augusto

Lustre del Ara Pacis

El Ara Pacis de Augusto es una ‘oquedad de lo inmenso’, un recinto abierto. Ahora lo contemplamos dentro de su arquitectura de protección diseñada por Richard Meier en sustitución de la que tenía en 1938, año en el que fue ‘montada’ en su actual posición entre el Tíber y el Mausoleo de Augusto. Originariamente, el Ara Pacis se encontraba en el centro de la llanura llamada Campo Marzio. En via Lucina, muy cerca de la actual Via del Corso, bajo el palacio que fue de la familia Peretti y luego Flano – Almagiá, a inicios del siglo XX se realizaron las excavaciones para sacar a la luz lo que quedaba del Ara. Campo de Marte, de reunión para los ejercicios militares, para la organización del ejército y la sociedad en base al censo. Un espacio recintado dedicado a la paz dentro de la llanura de Marte.

interior del ara de la paz de augusto

No es una casualidad que en este campo, desde tiempos de Servio Tullio, se realizara una gran ‘lustratio’, un lavado o purificación ritual. Cada cinco años -de ahí lustrum- los ciudadanos se reunían aquí para el censo que determinaba la organización social, la con-cordia entre las 6 clases de ciudadanos. En ese momento tenía lugar un sacrificio solemne, el suovetaurilia, en el que se sacrificaba un cerdo, una oveja y un toro.

En la entrada del Ara, a la derecha, aparece representado este sacrificio porque la paz es lustre, tiempo de limpieza y de liberarse de las manchas propias de la lucha. Y la limpieza, el decoro, antesala de la paz, empezaba con el sacrificio. La paz en Roma suponía muros aunque sin techo ni puerta. Suponía clases, distinciones, la libertad entregada por el bien de la urbe, el tiempo de la vida entregado en milicia. La paz como caída de muros, abolición de las distinciones llegará más tarde a Roma como una novedad, sin acabar de concluirse, desde la lejana Judea.

Una pausa

La paz era un momento de pausa, un volver a casa, el descanso también para Jano que cierra sus puertas con sus hijos en casa. «Domi» ¡a casa! es el grito que se eleva en tiempos de paz. Ianus – Jano durante las campañas militares tenía las puertas (ianua) abiertas en espera de que volvieran todos los soldados. La paz es un regreso, volver los pasos hacia casa.
«Un ala cae -ni solemne
ni alegre; lisa, obligada-»
Sin embargo, el temor a perderla, de perdernos en el camino de vuelta, no provoca la exaltación de encontrarla. Un ala tan sutil que más que un triunfo que se eleva, cae:

«Cernida paz desde arriba,
mojada en el agua propia.»

Abierta está el Ara porque la paz cae de lo alto, como una lluvia. Y al mismo tiempo, se moja como en un sueño con orines involuntarios. Paz que es liberación y oscuros pactos. No es la tranquila serenidad de Cincinato, parsimonioso, laborioso tras su arado, sino el producto de la conquista de un imperio que se impone. Desde arriba se cierne sobre los sueños reprimidos que sólo esperan la inconsciencia o debilidad para liberarse de esta paz.

exterior del Ara de la paz de Augusto

Hombro del tiempo

Ella va cargada de esperanzas. Tras las brumas y la oscuridad de las guerras, como si con ella iniciara a crecer la luz, llega como un Ianuarius, como enero. Es un primer día de un tiempo nuevo. En las Kalendae, en el primer día, los romanos se felicitaban y se ofrecía a Jano miel, dátiles e higos secos para que la dulzura pasase a todas las cosas, esperando que el tiempo que vendría pudiera ser dulce como su inicio. La paz es realmente el hombro del tiempo en el que apoyar zurrones, bolsos o mochilas en nuestro caminar. Lugar horizontal, hombro, pero también ala que se pliega y desaparece.

Cómo ir a Florencia desde Roma

Si estás pensando en ir a Florencia desde Roma, aquí te dejamos cuatro alternativas además de la de viajar en tren, ya que tenemos un post en el que te contamos todo lo que necesitas saber para hacer tu viaje a Florencia en tren de alta velocidad.

Tour a Florencia en tren de alta velocidad

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Si vas a quedarte unos cuantos días por Roma, no te puedes ir sin conocer Florencia, una de las ciudades más bellas del mundo.

Cómo ir a Florencia en Autobús 

Una de las formas más comunes de viajar a Florencia es en autobús. Desde 7€ puedes ir desde Roma Tiburtina o Termini hasta la parada de Piazzale Montelungo en Florencia. El viaje en autobús dura de 3 horas y media a 4 y media, dependiendo del tráfico. También hay autobuses nocturnos que salen desde las 21:00 a las 23:45 de Roma y llegan entre las 00:25 y 3:10.

Si utilizas la compañía Flexibus puedes encontrarte con muchos descuentos. Por ejemplo, si eres erasmus y tienes la tarjeta ESN Card o Tarjeta Joven Europea puedes obtener un descuento del 15%.

 Cómo ir en autobús desde Roma a Florencia

Cómo ir en autobús a Florencia.

Avión

Otra manera no tan común de viajar a la ciudad del Arno es en avión. Con tan solo 50 minutos de vuelo llegas a tu destino, la capital de la Toscana. Los vuelos oscilan entre los 50 y 100 euros en clase economy light. Pero hay que contar con que el aeropuerto no se encuentra en la ciudad, sino a unos 10 km de Florencia y hay que utilizar otro medio de transporte para llegar a la ciudad, como autobuses, taxis…

Sin duda no es la opción más económica pero si la más rápida.

Cómo viajar a Florencia en Avión.

Viaje en avión. Alitalia.

Ir a Florencia en coche alquilado

Siempre queda la opción de alquilar tu propio coche y recorrer las autopistas italianas. De todas formas si vas por libre en tu coche te recomendamos que utilices las carreteras secundarias y disfrutes de los maravillosos pueblos que hay en la toscana. Así puedes conocer la región tranquilamente.

Si quieres alquilar un coche aquí en Roma te aconsejamos que vayas a la estación de Termini donde se encuentran muchas empresas de alquileres de vehículos y podrás comparar precios allí mismo.

Traslado privado

Si todos estos medios de transporte se te quedan cortos y tu bolsillo te lo permite, puedes contratar un coche privado con conductor que te lleve hasta tu destino. Tendrás a tu chofer esperándote en la puerta de tu hotel y te llevará al punto exacto que tu decidas. Aquí puedes contratar tu coche con nosotros.

Viajar con traslado privado a Florencia. Roma Transfer.

Si tienes alguna duda de cómo hacer el trayecto de Roma a Florencia, no dudes en contactarnos.

La Galería de los Mapas de los Museos Vaticanos: Italia ya unida en el siglo XVI

El ‘corridore’ de Gregorio XIII es un pasillo elevado, como un puente suspendido entre el Cortile del Belvedere y los jardines Vaticanos. En esta Galería de los Mapas podemos pasear rodeados por la belleza de Italia imaginada. Caminamos sobre las colinas a vista de pájaro mientras una brisa, un perfume, desde los jardines, nos introduce en esos paisajes.

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Las palabras son respuestas a la realidad, son espejos de lo que nos pasa y de lo que pasa. Así una pintura es una palabra riquísima, extensa, con mil letras – pinceladas. Las palabras son cuerpo de aire y letra para que la memoria y el sentir puedan durar. También son cuerpo de color y forma en la pintura. Es necesario este cuerpo para que otros lo puedan tocar, sentir y, en la permanencia del color, volver a contemplar. El cuerpo, nuestro y de la palabra, hace que existamos en el tiempo, que la existencia tenga consecuencias fuera de nosotros. Como raíces que bajo tierra producen nuevos brotes, estas verdes plantas, se extienden a lo largo de este pasillo, un surco, una primavera tras otra, mucho más allá de quien los sembró allá en el siglo XVI.

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La Italia unida que aquí vemos en los 40 frescos – mapas nos hablan de una nación agregada no por la política sino por la historia, la cultura y la religión. La belleza es el mayor título de nobleza de esta tierra tan variada. «Italia totius orbis regio nobilissima.» Italia nueva, porque está llena, sembrada, cultivada por tantas ‘culturas’ de artes y estudios. ¡Cuántos esfuerzos para dar un cuerpo a la imaginación, al sentir, al misterio, a los sueños! Y ese cuerpo ocupa su lugar en el tiempo y en el espacio de Italia.

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Fresco de Italia en la parte inicial de la Galería de los Mapas según el original orden de visita (actualmente al final de la Galería)

La Galería de los Mapas de los Museos Vaticanos fue creada para entrar en ella a través de la puerta que ahora vemos al fondo. Tendríamos que recorrerla en sentido contrario al fluir de los actuales visitantes. De esta forma entraríamos en la Galería, como es lógico, con las pinturas que nos hablan de los grandes puertos marítimos. El de Génova es mi preferido. Dos grandes frescos, junto a la puerta, nos muestran Italia completa, Antigua y Nueva, cuerpo con diversos vestidos pero que reconocemos inmediatamente. Inconfundible estampa.

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Originaria puerta de entrada a la Galería de los Mapas. Actualmente es la puerta de salida que nos lleva hacia las Estancias de Rafael y la Capilla Sixtina.

Una vez dentro, podemos iniciar nuestro recorrido en la Galería que nos invita a detenernos en cada detalle de la anatomía de este cuerpo. Derecha e izquierda son su frente y espalda, Tirreno (lado occidental) y Adriático (pared este, hacia los jardines). Las pinturas son, adentrándonos en los detalles, palabras que invitan a los demás sentidos. Así, no basta que nuestra mirada las sobrevuele en la cercanía sino que la mano quiere recoger las tiernas huellas de su piel. Deseamos acariciar los montes con la palma de la mano y seguir con la yema de los dedos el curso de sus arrugas como ríos o aproximarnos al borde de sus costas para descalzarnos con un escalofrío.

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Imagino a Gregorio XIII recorriendo esta Galería y disfrutando de un paseo por los lugares que tanto ama. Paredes que se abren gracias a estas palabras de color que las rompen. Lugares entrañables que se unen a historias de personas. Como un globo, como la nube de una viñeta, la bóveda contiene episodios que surgen de la tierra, de esa parte de Italia, en la que se realizaron.

Cada uno de los lugares con su lengua, su acento, su fama, sus paisajes, sus santos patronos, se da cita en la Galería de los Mapas como si fuera uno de esos autobuses o un vagón que nos une para un viaje. El espacio largo facilita la comparación. Los mapas, en trapantojo, no son rollos de papel extendidos en las paredes sino ventanas que lentamente nos ofrecen paisajes cambiantes. Las voces de los pasajeros de tan distintas lenguas se unen, de hecho, en un destino que no llegará a ser una ‘nación’ política hasta 3 siglos más tarde.

galeria de los mapas museos vaticanos boveda

Con un requiebro de imaginación los mapas también nos dislocan nuestros nortes. Desde la puerta de entrada original (actual salida) recorremos de norte a sur la península. La mirada la tenemos acostumbrada a lanzarla desde lo alto hacia abajo, imaginando que en la parte de arriba está el norte. Pero no siempre es así. En algunos casos, con sorpresa, en la parte alta está el sur: es como si nos pusiéramos cabeza abajo. Hacemos el pino con la imaginación y nos imaginamos entonces un viaje que ‘baja hacia el norte’. Requiebros para que no nos acostumbremos a leer la realidad como un escáner sino más bien como nos la presenta un serpenteante sendero de montaña. Caminamos así, en equilibrio, por un pasillo que es la columna dorsal de Italia: unos Apeninos dentro del Vaticano.

Al final de la Galería -o a los lados del ingreso en el actual sentido de la visita dirigida hacia la Capilla Sixtina– se encuentran dos lugares fuera de Italia pero que aquí se recuerdan como escenarios en los que ese cuerpo, recientemente, había sufrido dos operaciones que habían sido un éxito: el asedio de Malta en 1565 y la Batalla de Lepanto de 1571. El primero fue una lucha extenuante durante 4 meses febriles en los que estuvo a punto de quedar aniquilada la Orden de Malta. Al verlo, recuerdo la preciosa callejuela del Trastevere dedicada a Titta Scarpetta, soldado romano del que nada más se sabe sino que murió durante el asedio de Malta. Así, en los Museos Vaticanos aparece el Trastevere y la desconocida historia de este joven trasteverino… y cuando paseo por el Trastevere, se me presentan los colores de esta galería.

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El segundo, una brutal inyección de antibióticos en la circulación mediterránea mientras se luchaba por otra gran isla: Chipre. Todo visto con los ojos del siglo XVI en los que este maravilloso organismo se definía en contraste con el próximo oriente, siempre más próximo con el temible imperio turco.

galeria mapas museos vaticanos lepanto

Para concluir este paseo geográfico y artístico no puedo dejar de recordar a quien lo proyectó.

Pellegrino Rainaldi Danti, nacido en Perugia en 1536 y más conocido como Egnazio Danti, fue invitado a Roma por el papa Gregorio XIII. Trabajó con gran pasión en esta galería de los Mapas dentro de los Palacios Vaticanos aplicando sus conocimientos geométricos y artísticos para hacer de un pasillo una península de color. Coordinó, además, el ingente trabajo de numerosos artistas que realizaron estos 1200 metros cuadrados de paisajes italianos. Entre estos pintores destancan personajes como Girolamo Muziano, Cesare Nebbia y Giovanni Guerra, aunténticos creadores de este mundo, navegantes y cosmógrafos que recrean este cuerpo estudiado por Danti.

Además, la dedicación y estudio de Egnazio lo convirtieron en uno de los matemáticos pontificios más importantes, miembro eminente de la comisión para la reforma del calendario gregoriano, en honor del papa que la promovió. Arquitectura y pintura en armonía para recrear paisajes, poniendo cuerpo, sintiendo, lo que sólo serían ciencias.

egnazio danti autor galeria mapas vaticano

Aquí te dejamos nuestra recomendación de los mejores lugares para correr en Roma. Si eres un adicto al running y no puedes dejar de tener tus dosis de entrenamientos ni en tus vacaciones por Roma, aquí te damos las mejores opciones. También puedes ir a visitar estos lugares tranquilamente y desconectar de la gran ciudad, ya que están rodeado de naturaleza.

Y, pensando en ti que disfrutas de la ciudad corriendo, una propuesta especial con nuestro FITour Antigua Roma:

FITour: Corriendo por la Antigua Roma

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Un lugar mágico donde correr en Roma :Villa Borghese

Villa Borguese es uno de los parques urbanos más grandes de Europa y el más importante de Roma, se encuentra en pleno centro de la ciudad, al lado de Piazza del Popolo y de Piazza Spagna. Allí se puede disfrutar tanto de la naturaleza como de obras de arte, ya que se encuentran fuentes de famosos artistas, monumentos, esculturas y galerías de arte. Sin duda, una experiencia única donde hacer de tu entrenamiento algo diferente e inolvidable.

Lugares para correr en Roma. Villa Borghese

Parque de Villa Borghese.

Correr en Villa Doria Pamphilj

Vecino al barrio de Trastevere se encuentra el parque Villa Doria Pamphili. Es el parque urbano más grande de Roma, donde puedes recorrer todos los kilómetos que quieras en plena naturaleza. Allí se encuentra Villa Algardi o Casino del Bel Respiro, un palacio del siglo XVII, el arco de los Cuatro Vientos, el Palazzo Corsino y la Capilla Doria Pamphilj.

Villa Pamphilij parque de Roma

Villa Ada

Otro de los lugares donde correr en Roma es en Villa Ada. Es el segundo parque más grande de Roma detrás de Villa Doria. Se encuentra en el norte de Roma y para llegar puedes coger el metro B y bajar en la parada de Libia. En esta villa hay edificios neoclásicos y también se encuentra la embajada de Egipto. Un lugar muy tranquilo para desconectar de la ciudad dentro de ella.

Lungotevere

Si prefieres correr en un sitio más urbano te recomendamos Lungoteve, un bulevar construido a lo largo del río Tiber, al lado de Trastevere y el Castillo de Sant´Angelo. Podrás bajar y correr por la orilla del río que está muy bien habilitada para ciclistas, caminantes y runner. Así disfrutas de las maravillosas vistas de Roma corriendo por la orilla de uno de los ríos más grandes de Italia.

Lugares para correr en Roma.Lungotevere.

Lungotevere. Lugar perfecto para correr disfrutando de las vistas de la ciudad.

Lugares para correr en Roma un poco alejados del centro:
Parco Regionale Appia Antica

En el parque de la Appia Antica se encuentran las Catacumbas de San Calixto, un lugar turístico pero a la vez muy tranquilo rodeado de naturaleza, con más de 3000 hectáreas de parque donde hacer largos entrenamientos. Para llegar a este parque puedes utilizar el autobús 118 en la Porta de San Giovanni que te dejará en la puerta principal del parque.

Correr en Roma. Parque Appia Antica.

Parque Appia Antica.

Además de estos parques, no podemos olvidar que Roma es una de las ciudades con más zonas verdes de Europa. Por tanto, tienes mucha variedad de lugares para correr  en donde elegir, dependiendo de la zona en la que te ubiques durante tu visita en la ciudad.

Si tienes alguna duda, no dudes en contactarnos.

 

Tour del Coliseo en fotos

Imágenes que son una invitación a realizar con nosotros esta experiencia de visitar el Foro, Palatino y Coliseo con EnRoma.com. Te mostramos paso a paso el tour del Coliseo en fotos. De esta forma, recordamos y os mostramos, los lugares que luego visitaréis con nuestros estupendos guías locales oficiales.

Tour Coliseo, Foro Romano y Palatino

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Punto del encuentro

punto encuentro tour coliseo

Junto a la Torre dei Conti nos encontramos con nuestros guías. Nuestros colores (naranja y verde) en el cartel y bandera, nos están esperando. Un lugar tranquilo y muy cercano a los Foros para iniciar inmediatamente la visita.

Entrando en el Foro

entrada foro durante tour coliseo

Nuestras visitas empiezan normalmente por la zona del Foro Romano para conocer los orígenes de la ciudad y su explendor cultural y social.

Primera etapa del tour del Coliseo en fotos: Basílica Emilia

basilica emilia durante tour coliseo

Ante el espacio y los restos de la gran basílica Emilia, una de las familias patricias que dejaron su huella en la historia de Roma.

En el corazón del foro

ante la curia tour coliseo

Dirigiéndonos hacia la Curia y los Rostra, lugar de los Comicios.

foro romano durante tour coliseo

Recorriendo el corazón del foro romano, junto al lugar que conserva la memoria de Julio César y la basílica Sempronia.

visita foro romano durante tour coliseo

Antes de llegar a la casa de las Vestales, contemplando el valle del Foro.

En la Via Sacra

visita templo antonino durante tour coliseo

Recorriendo la via Sacra y contemplando el templo de Antonino y Faustina con sus impresionantes columnas.

visita en el foro durante tour coliseo

Mientras escuchamos las explicaciones relativas a la basílica de Majencio – Constantino teneindo al fondo la iglesia de Santra Francesca Romana, en la Via Sacra.

arco de tito durante tour coliseo

Bajo el Arco de Tito, observando los diversos niveles del Foro a lo largo de la historia.

Subiendo al Palatino durante el tour en el Coliseo, Foro y Palatino

subiendo al palatino durante tour coliseo

El Palatino es uno de los lugares más hermosos en los que se combinan vistas impresionantes, la arquitectura monumental y la naturaleza.

estadio palatino tour coliseo

En el Palacio de Domiciano con su estadio privado. El Palatino como sede del poder de la Antigua Roma.

palatino durante tour coliseo

Disfrutando de las visitas y explicaciones de nuestra guía Lietta en el Palatino.

Entrando en el Coliseo

entrando en el coliseo tour en grupo

Entrando en el Coliseo por la entrada reservada para los grupos con entradas sin colas. Un lugar en el que admirar la grandeza monumental de la Antigua Roma.

tour coliseo en grupo

Disfrutando de la historia e historias que nos hacen revivir los espectáculos, la vida cotidiana, la belleza y el temor en la vida de la Antigua Roma.

Foto final del Tour Coliseo con EnRoma.com

tour coliseo en roma lietta

Una experiencia, la de vivir y descubrir Roma, en la que estamos todos: nosotros como guías, como organizadores, como personas que entrar en la historia y actualidad de esta Roma inagotable.

Además de nuestro clásico tour en el Coliseo con Foro y Palatino, no te pierdas también el tour del Coliseo entrando por la Arena de los gladiadores o el Tour del Coliseo con Subterráneos. ¡Experiencias únicas EnRoma!

 

A la hora de viajar y conocer una nueva ciudad siempre nos surgen dudas como ¿dónde podemos comer? ¿dónde desayunamos? Ya que siempre andamos con miedo de entrar en un mal sitio, caro o demasiado turístico que acabe por no merecer la pena. A continuación te dejamos nuestra recomendación de los mejores sitios para desayunar en Roma y empezar bien tu día por la ciudad eterna.

Pasticceria Andreotti- Piramide Via Ostiense 54
Pura gastronomía italiana para desayunar en Roma

A unos pocos metros de Piramide, en Via Ostiense, podemos encontrar una de las pastelerías más famosas de Roma. Aquí podremos disfrutar del auténtico desayuno italiano, un cornetto y un buen café. Además, también tiene gran  variedad de dulces. Podemos degustar desde galletas de mantequilla o de té, tartas con frutas de temporada, hojaldres hasta dulces típicos del sur de Italia como casatiello (torta salada), la pastiera napoletana (pastel de ricotta y trigo), i dolci fritti y le zeppole (dulces fritos). Sin duda, unos auténticos manjares a precio asequible.

Cappuccino DOC- Piramide- Via Ostiense 71
Desayuna en Roma con un cappucino a tu gusto

En Cappuccino Doc también podrás disfrutar de un buen desayuno italiano. Puedes elegir como quieres el capuchino, teniéndolo de muchas variedades, desde ‘caramello’ hasta de banana para los prefieran gustos más singulares. Y por supuesto el corneto de diferentes sabores.

Termini Eccellenze della Costiera
Desayuna en la estación de Roma Termini antes de emprender tu viaje

Pastelería italiana en plena estación de Termini, situada en la primera planta. Si buscas un sitio en Termini para desayunar te recomendamos este, buenos dulces y café a precios razonables a pesar de estar en una estación.

desayunar en Roma Termini

Cafetería Eccellenze della Costiera, Termini. Desayunar en Roma. 

081 cafè- Vittorio Emanuele- Via Merulana, 83

Una cafetería- pastelería muy típica romana, vecina a la parada de metro de Vittorio Emanuele, donde saborear el auténtico café italiano acompañado de buenos cornetos y dulces.

Ginger Sapori e Salute- Piazza de Spagna- Via Borgognona, 47
Desayuno saludable en Roma

 Para un desayuno más alternativo y saludable, tenemos este restaurante en pleno centro de Roma, muy cerca de Piazza Spagna. Allí podremos disfrutar de bowl de frutas y cereales que merecen la pena. Sin duda, una buena elección rica y sana.

Crêpes Galettes Roma- Cavour- Via Leonina, 21/A
Buenos crêpes para desayunar en Roma

En el centro histórico de Roma, en el barrio de Monti cerca de la parada de metro Cavour, se encuentra una magnífica crepería donde podrás disfrutar de sus deliciosos crepes, tanto dulces como salados. Sin duda, una buena opción para empezar con fuerza el día antes de visitar el Coliseo y alrededores.

Barnum Cafè-  Piazza Navona- Via del Pellegrino, 87
Desayunar tostadas en Roma

Vecino a Campo di Fiori, nos encontramos un pequeño restaurante donde podemos desayunar tostadas en Roma, tartas caseras y bollería. Un lugar con mucho encanto y originalidad. Un ambiente muy vintange y cuidado hasta el mínimo detalle hace de este pequeño establecimiento un local muy acogedor.

cafeteria barnum

Cafetería Barnum Café.

Dolce Maniera- Ottoviano- Via Barletta, 27
Gastronomía típica italiana

Para disfrutar de la gastronomía dulce italiana recomendamos este lugar. A pocos metros de la parada de metro de Ottoviano y muy vecino al Vaticano se encuentra la Pastelería Dolce Maniera donde hay una gran variedad de dulces y pasteles típicos italianos. Un buen lugar para coger fuerzas antes de participar en nuestro tour de los Museos Vaticanos.

desayunar cerca del vaticano

Pastelería Dolce Maniera, cerca de Museos Vaticanos. Desayunar en Roma.

Matrem –
en Piazza bologna; Viale delle Province, 90;
Piazza Enrico Fermi, 16; Viale delle Province, 122, 124, 126

En este establecimiento nos podemos encontrar desde dulces para el desayuno hasta pizza. Todo con muy buena calidad a un precio razonable. Este lugar es muy frecuentado por los romanos. Sin duda recomendamos los pangoccioles rellenos de crema de pistacho o de nutella. Una verdadera delicia.

matrem delicias

Pangoccioles de Matrem.

Pasticceria Fortuno- Roma Tuscolana- Via Tuscolana, 301

Pastelería típica romana en un barrio residencial de la ciudad. Pasteles de muchas variedades con muy buena calidad y a muy buen precio. Todo ello acompañado siempre con un buen café italiano.

Desayunar

Pastelería Fortuno, Roma Tuscolana. Desayunar en Roma.

AntiCafè Roma- San Giovanni- Via Veio, 4

A un paso de la Basílica de San Juan de Letrán nos encontramos un lugar alternativo para desayunar en Roma tranquilamente, a buen precio y con wifi gratis.

anti cafe roma

Cafetería AntiCafe, San Giovanni.

Aquí tienes también un mapa de Roma con estos lugares en donde desayunar bien:

Si sigues teniendo dudas de a dónde ir a desayunar, no dudes en contactarnos, ya que vivimos en Roma y la conocemos muy bien.

Bernini ha sido, es y será uno de los mejores artistas de Europa. Era arquitecto, pintor y escultor, aunque en este post venimos a hablar de su trabajo como escultor.  Bernini no sólo destacaba por sus obras en sí, sino también por el esmero y la satisfacción que le daba trabajar y realizar sus creaciones.  Además de lo anterior, conseguía sacarle mucho beneficio económico sin importarle para quién estaba trabajando que en este caso era para los más poderosos, los papas.

Todo esto le hacía destacar entre otros artistas importantes de la historia, como Leonardo da Vinci, que no parecía satisfecho con sus magníficas obra, ya que estaba profundamente obsesionado por la perfección. En cambio, Bernini siempre estaba orgulloso de las suyas.

cabra amaltea bernini

Escultura  Cabra Almaltea en la Galleria Borghese, escultura de Bernini.

Roma te enseña a Bernini

Tenemos que tener en cuenta que para contemplar el talento de Bernini hay que venir a Roma, es imposible entenderlo solo con leerlo o explicarlo. En Roma habita la verdadera esencia de Bernini, en sus esculturas, en sus edificios y en la influencia que dejó.

 Bernini y Borromini

Borromini (1599-1667), fue un arquitecto suizo-italiano considerado uno de los máximos exponentes del barroco italiano, lo que le convertía en la competencía de Bernini. Los dos coincidieron en Roma en su juventud. Estos dos artistas tenían personalidades completamente diferentes. Bernini era extrovertido, con don de gentes, alegre, respaldado y querido por las personas más poderosas de Roma. En cambio, Borromini era una persona triste, introvertida y solitaria. Actitud que hacía hartar a sus clientes.

plaza navona en Roma

Iglesia de Sant’ Agnese in Agone de Borromini enfrente de la Fuente de los Cuatro Ríos de Bernini. Piazza Navona.

La rivalidad entre Bernini y Borromini

La rivalidad entre Bernini y Borromini comienza cuando este último llega a Roma con 19 años y se convierte en la mano derecha de Carlo Maderno, arquitecto que por entonces trabajaba en la basílica de San Pedro.

Fue en 1624 cuando apareció Bernini por orden del papa Urbano VIII con el objetivo de conseguir el proyecto de la realización del balda­quino, que debía levantarse sobre el lugar donde, según la tradición, des­cansaban los restos de San Pedro. El Vaticano organizó un concurso para elegir quién sería su diseñador. Pero se piensa que ya estaba decidido, ya que se han encontrado documentos que demuestran que Bernini estaba pidiendo los materiales que necesitaría antes de la finalización del concurso. Todo esto entristeció profundamente a Carlo Maderno y Borromini, ya que Bernini era un joven arquitecto sin todavía mucha experiencia y en cambio ellos llevaban trabajando en la basílica mucho tiempo.

Todo esto era solo el principio, cuando murió Maderno. Borromini pensaba que sería su sucesor en el puesto de arquitecto de la fábrica de San Pedro. Pero no fue así, fue para Bernini, cosa que volvió a entristecer a Borromini. Pero a pesar de todo esto Borromini aceptó trabajar para Bernini. Esto duró cinco años. Ambos emprendieron los dos grandes proyectos de ese momento, San Pedro y el palacio Barberini, de la familia del Papa.

Pero esta relación laboral se estropeó cuando Bernini pactó un precio especial para él con una empresa que trabajaba para ellos. Esto hizo que Borromini tomase la decisión de trabajar por su cuenta.

Mientras tanto, Bernini tuvo problemas, ya que se había saltado los planos originales de Maderno, y utilizó materiales mucho más pesados que pusieron en peligro toda la arquitectura de la basílica. Esto lo utilizó Borromini para hacer una campaña muy crítica contra él.

Finalmente, el papa Inocencio X mandó derruir el campanario y cedió el encargo a Borromini. Por una vez en la vida de Borromini la suerte estaba a su favor.

Bernini y sus inicios

Bernini (1598-1680), nacido en Florencia  y de padre florentino, se fue afianzando poco a poco en Roma. Comenzó su carrera entre cardenales y fue precisamente el cardenal Scipione Borghese quien, atónito por su talento, le encargó sus primeras esculturas: Eneas y Aquiles, Apolo y Dafne, el rapto de Proserpina y el David, todas ellas destinadas a la casa de Borghese. Aún hoy en día  estas obras se encuentran allí y os aconsejamos que las visitéis para disfrutar de la penetración del escultor en la esencia de sus personajes y la excelsa manera de trasladarla al mármol.

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El rapto de Proserpina en la Galleria Borghese, una de las obras maestras de Bernini en Roma

En cuanto a sus esculturas, si hablamos de Proserpina, podemos ver como nos trasmite la desesperación y la máxima expresión del desaliento. Aún estando Proserpina atrapada por las manos de Plutón que se le hunden en su cuerpo mientras intenta desesperadamente escapar sin éxito nos transmite una sensación de movimiento.

A Bernini le gustaba plasmar en sus esculturas el cuerpo desnudo. Cuando el artista recibía críticas por ofender el pudor ajeno hacía, de todas formas, sus esculturas con posturas procaces. Así lo podemos observar en los ángeles sin sexo del puente de Sant´ Angelo. Todos ellos con gestos alborozados pese a llevar en sus manos signos de la Pasión de Cristo. Otro ejemplo de la obra de Bernini que demuestra desnudez, pero no por fuera, es la escultura de la Santa Teresa en Santa Maria della Vittoria. La desnudez de esta se encuentra en su actitud. Se refleja en su rostro de éxtasis, la caída de sus parpados, la boca entreabierta, la cabeza ladeada… Y sin hablar del efecto de flotar en el aire, como manifestan sus manos y sus pies al estar caídos, demostrando así la entrega de amor absoluto a Dios.

Bernini y sus fuentes

Pero no podemos olvidar que Bernini donde mejor se expresaba artisticamente era en las fuentes.  Por ejemplo, en Piazza Navona, una de las plazas más bonitas de Roma y del mundo, podemos encontrar la fuente de los Cuatro Ríos. Realizada por encargo del Papa Inociencio X. Esta maravilla se situa enfrente de la iglesia de Santa Agnese donde podremos difrutar de una aténtica obra maestra en pleno casco histórico de Roma. En esta fontana, los cuatro gigantes de mármol representan  cada uno los  ríos más importantes del mundo, el  Nilo, el Danubio, el Ganges y el Río de la Plata. Simbolizando así en esta fuente los cuatro continentes  y cada uno de ellos acompañados de detalles que los hacen únicos.

Sin lugar a duda, una auténtica maravilla que hay que ver obligatoriamente para apreciar una vez más el arte de este auténtico genio del barroco italiano.

Plaza Navona de noche

Fuente de los Cuatro Ríos situada en Piazza Navona

La tumba de Bernini en Roma

Si queremos visitar la tumba de Bernini, tenemos que ir a la Basilica di Santa Maria Maggiore. Una de las cuatro basílicas más grandes de Roma. La tumba de Bernini se encuentra a la derecha del altar de esta basílica. Él, que se dedicó a diseñar esculturas grandiosas para las tumbas de los más poderosos de la época, tiene en cambio, sólo un humilde epitafio que reza a toda su familia.

tumba bernini en roma santa maria la mayor

Tumba de Bernini en Roma, Santa María la Mayor 

Si quieres disfrutar de las maravillosas obras de Bernini en Roma, no dudes en contactar con nosotros para hacer un tour y así disfrutarlas y conocerlas mejor. Escríbenos a info@enroma.com

«Deberíamos cambiar la concepción de lo que es el poder, no la concepción de lo que es una mujer, y que deje de ser algo que se posee a expensas de otro. Ahora es un juego de suma cero: si yo tengo poder, tú no. Pero el poder puede ser algo que compartamos para conseguir cosas.» Son palabras de Mary Beard en una entrevista tras recibir el doctorado Honoris Causa por la Universitat Oberta de Catalunya. Y por ellas me dejo guiar a la hora de escribirte, amigo. Lo veo en Roma: el auténtico poder es el que construye, el que mantiene unidas las partes, el que hace que se regenere la realidad y no que se disgrege o corrompa. El poder de arruinar, de quitar, arrebatar y destruir, llegando incluso a la «damnatio memoriae» es la violencia, la suma 0, la soledad de quien no puede ‘animar’.

Roma, color y poder

Sigo, como cuando compartíamos un café en la plaza de Santa María in Trastevere. Ya ves que tenemos nuestra vida delante. Al menos la pasada. La vemos en nuestras manos y la vemos con un color. Afortunado quien tiene al lado alguien que se la propone con un color distinto. Luego nos toca a nosotros decidir cuál nos gusta más. El poder de Roma, en mi opinión, es el arco iris: la capacidad de reflejar los colores de la realidad en un arco completo y presentárnoslos, precisamente mientras se ciernen contemporáneamente nubarrones y sol. Ella comparte con nosotros tantos colores para que consigamos la vida que más nos guste.

Roma no sólo tiene una piel ocre, casi tostada, que tiene el poder de atraernos y con su roce nos pinta y sonroja. Todo su cuerpo, además, contiene infinitos matices de color. Ella tiene el poder de corresponder a nuestros gustos, de saciar nuestros sentidos por muy diversos que sean. Roma puede, por ejemplo con sus grises ‘sampietrini’, soportar nuestros pasos con su firme irregularidad y hacernos inclinar la cabeza para saber donde ponemos los pies.

piazza dell oro y via giulia

Colores de Roma en Via Giulia vista desde San Giovanni dei Fiorentini

El color es mucho más de lo que hay. La óptica siempre me ha parecido interesantísima. Me explico. El color necesita de las ondas de la luz y de la relación con un sujeto que lo recibe para que exista. Es la auténtica ánima, lo que anima. No porque esté como escondida sino porque actúa, mueve y conmueve. Es el poder que emana de las cosas, como un calor, una vibración, siempre presente cuando estamos o en forma de ausencia cuando nos movemos en sombras o en sueños. El color, como un espejo de todo lo que nos compone, refleja lo que somos. El cuerpo colorado de Roma, riquísimo, es su poder ante mí y también sobre mí, haciéndome capaz de verla: capaz de tanto, capaz de recibirla y verme en ella.

Sin embargo, el poder, entendido como vis-viril, sólo fuerza, ejercicio de alterofilia de la realidad, puede verse también como un aspecto de lo que se alza monumental en Roma:

«No sé si me gusta Roma, Cristina. Hay aquí demasiados actos de poder, demasiado sufrimiento de muchos velado por la apariencia de gloria de unos pocos; demasiada gente que viene aquí para admirar esos actos de poder, fascinada por la grandeza del Arte. Tal vez la Arquitectura no sería nada sin el poder, pero tal vez la Arquitectura nunca debiera haber sido sino el recinto donde habita el mérito del hombre.»

(Paseos por Roma en el final del siglo XX. José Laborda Yneva)

obelisco marconi eur roma

Esta fuerza, que también deja sus rastros en Roma, inhiestos, no me parece que sea la fuente de su característico poder sobre mí. Por el contrario, como ella ilumina la historia, como se convierte en lugar en el que soñar o inventarnos historias o simplemente nos enseña cómo nuestra vida cotidiana es una gran historia, me deja anonadado. El poder de Roma es la sorpresa de encontrárnosla viva junto a nosotros. La descubrimos nueva y emocionante, capaz de reflejar nuestra vida, la de siempre, en un color distinto, y nos subyuga.

«No pude menos de preguntarme, azuzado por una violenta emoción, quién era en verdad aquella mujer de sobra conocida y, sin embargo, recién descubierta, que compartía en silencio la mesa conmigo. ¿Qué había hecho yo para merecer su compañía, para nombrarme su esposo, para dormir las noches junto a su olorosa y cálida belleza? Escrutándola sin que lo advirtiera me vino una acometida tan fuerte de cariño que estuve a punto de darle un abrazo ante la muchedumbre.»

(Viaje con Clara por Alemania. Fernando Aramburu)

El poder de Roma es el irresistible deseo de abrazarla.

Un ejemplo del poder de Roma

Yo creo que el poder en Roma se deja en muchos casos conquistar por el poder de Roma… y así se salva. Su color lo emborracha y lo arroja a placenteras realidades que con ella son juegos permitidos.

Un ejemplo de ello, querido amigo, lo encuentro en lo que le pasó a Annio de Viterbo (Giovanni Nanni) a finales del siglo XV. En su libro Antiquitatum variarum volumina XVII publicado en 1498 y dedicado a los Reyes Católicos es un maravilloso caleidoscopio de la historia. Se trata de una amplísima recopilación falsa de crónicas antiquísimas que pretendían unir la historia hebraica y oriental con Europa dejando de lado la tradición griega.

Annio es un fantástico creador de mitos, capaz de comunicar con medios simbólicos las dificultades y crisis culturales de su época. Ilumina todo con una luz y color nuevos dejando de lado, a posta, un amplio espectro. De esta forma es capaz de decir que 100 años después del diluvio universal Noé se había establecido en Viterbo (curiosa elección, ¿no crees?) fundando luego otras ciudades a lo largo de toda Europa. Noé en Roma habría adoptado como nombre nada más y nada menos que el de Jano (dios sin correspondiente griego) siendo los etruscos sus descendientes. Tantos ‘patriotas’ de toda Europa utilizaron esta obra para sus propios intereses, dejando de lado su valor simbólico y el juego que la había creado.

Aunque desde el principio se levantaron críticas sobre su autenticidad -la más dura que conozco es la de Melchor Cano en 1563 en su De Locis Theologicis– esta obra  tuvo un gran éxito hasta el siglo XVII. De hecho para la cronología del mundo postdiluviano tanto Lutero como Melanchthon se inspiran en los textos, casi visiones, de Annio. Vestido con la autoridad de antiguos sabios orientales y caracteres góticos que hacían que el texto tuviera una belleza estética parecida a la Biblia de Gutenberg -nada que ver con la cursiva de Aldo Manuzio- Annio había contado un sueño en el que se hablaba del poder real de Roma. Una ciudad que había recibido y sumado el mundo hebraico y egipcio en sí era realmente la más poderosa. Y él cometió la audaz locura de querer contar cómo fue esto.

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Sala de los Santos en los Apartamentos Borgia dentro de los Museos Vaticanos. Decoración del techo con frescos del Pinturicchio con la leyenda de Isis y Osiris-Apis.

De esta forma, Annio, sin problema, se inventa – encuentra que los Borgia son descendientes directos de Isis y Osiris. Por el poder de Roma el toro heráldico de los Borgia es el mismo del toro Apis – Osiris: vida que vence contra la ruina, no se descompone, se suma incluso en forma de toro. Quien tenía el poder en Roma se lo agradece, sin desdeñar esos colores. Así, al año siguiente en 1499 el papa Borgia nombrará a Annio Maestro del Sacro Palacio Apostólico: locura no tan necia.

Yo creo que este óptico de la historia, Annio, le dejó utilizar su caleidoscopio al bueno de Pinturicchio mientras trabajaba en los apartamentos Borgia.

Los “Angels unaware”, ángeles sin saberlo, es una escultura de seis metros de altura y tres toneladas de peso que representa a 140 migrantes y refugiados de diferentes culturas y períodos de la historia. Esta extraña barca en el Vaticano lleva el mismo número de personas que las que desde el siglo XVII contemplan la plaza desde lo alto de la columnata de Bernini ante la basílica de San Pedro. Éstas sin nombre, sin saberlo.

El autor de la obra es el artista canadés Timothy Schmalz. Entre los migrantes representados se encuentran sirios y africanos actuales, pero también un judío que escapa de los nazis o un polaco que huye del comunismo. Sin nombre, pero con rostro, porque cada uno son tantos sin saberlo.

escultura plaza san pedro vaticano

Escultura Angels unaware de Timothy Schmalz, una barca – pedestal en el Vaticano

Releo las palabras de Rosa Montero en su libro La loca de la casa y las aplico a toda obra de arte: “Hablar de literatura, pues, es hablar de la vida, de la vida propia y de la de los otros, de la felicidad y del dolor. Y es también hablar del amor, porque la pasión es el mayor invento de nuestras existencias inventadas, la sombra de una sombra, el durmiente que sueña que está soñando. Y al fondo de todo, más allá de nuestras fantasmagorías y nuestros delirios, momentáneamente contenida por este puñado de palabras como el dique de arena de un niño contiene las olas en la playa, asoma la muerte, tan real, enseñando sus orejas amarillas.”

El escritor es como el espectador que ve el cortejo del rey desnudo. A veces incluso como el niño que habla de las cosas tal y como las ve… Pero a veces es él el que va en el cortejo. Yo también me meto en esta barca, en este cortejo que desafía la muerte, incluso escribiendo.

Desde que, hace unos 2000 años, unos locos se atrevieron a reconocer en un condenado a muerte, crucificado, no sólo un dios sino el Dios, artistas y arte empezaron a descubrir una forma nueva de afrontar nuestros dolores. El dolor siempre incomprensible, fruto muchas veces del capricho o envidia de los dioses, pasa de estar sólo entre los pobres mortales a encarnarse en una expresión divina. Atado al árbol de la barca no está Ulises o el mejor de los hombres, sino un Dios. Desde que el siglo IV, en la puerta de Santa Sabina, se atrevieron a representarlo así, no han dejado de hacerlo.

marsias apolo

Marsias, por atreverse a competir con Apolo, sufrirá la condena de ser desollado

Una revolución paradójica: el dolor, no sólo el involuntario de la enfermedad o las calamidades, sino el provocado en la tortura no tiene como verdugo un dios sino como víctima. No es el rival, como el celoso Apolo, sino que está de nuestra parte, compañero en el peregrinaje. Algo que durante la historia, en cada generación, es necesario redescubrir. El arte, como la mirada de nuestra nuca, nos indica el camino y nos permite ir más allá: mientras avanzamos con la vista y el rostro hacia atrás, contemplando lo pasado, el arte nos hace sentir el sendero que tenemos delante.

Quien tiene poder se considera en muchos casos con el derecho o privilegios de los antiguos dioses para condenar o decidir, para recordar, con el miedo o la experiencia en carne viva, que el dolor y la muerte son nuestro merecido. El tiempo y la libertad serían nuestra mayor condena por ser el mayor riesgo.

muerte hijos de Niobe

Escena con la ‘caza’ a los hijos de Níobe

Con la locura de este condenado a muerte en cruz el tiempo y la libertad son lugar de ocasiones, hasta el último suspiro, como uno de sus compañeros de suplicio experimentó. Incluso el carpe diem cambia. Pasa de ser un deseo de apurar cada gota dulce del cáliz a encontrar el saber – sabor de los malos tragos. No es que haya más valor, más aguante o mejor talante ante las adversidades. Es más, ahora es todo mucho más complicado porque se introduce una paradoja: lo que experimentamos no es lo que merecemos. Es más, frente a la estoica sabiduría, al equilibrado bienestar de los sabios, se eleva un grito de protesta que resquebraja las arquitecturas de cielo y tierra.

Entre los condenados, deportados de la sociedad y de la vida, acabados o incompletos, te puedes encontrar a Dios como en aquel Gólgota, no en el Olimpo. Esta locura, experimentada y transmitida tan vivamente por Caravaggio, hace que las carnes sufrientes que todos tenemos como familiares sean lugares en los que poder identificarnos gracias al arte: no las imágenes del enemigo vencido y moribundo -‘adorno’ en las casas de los vencedores- que son signos de supremacía; no las representaciones del hombre que inevitablemente sufre y viene castigado cuando quiere ser dios que son advertencia; no el recuerdo de las víctimas de un orden cósmico que es mera necesidad.

escultura refugiados vaticano

Arte contemporánea en el Vaticano

Siento en esta arte que no nos vencen del todo, que no nos alcanza la amenaza ni por la necesidad de contribuir al bien de todos se nos unce el yugo a cada uno. El arte es capaz de hacernos presente que uno de los condenados ha vencido y con él todos. Uno de los condenados está de nuestra parte, poderoso amigo y más real de Prometeo, que quiere no sólo estar o camuflarse para alguna diversión a cuenta nuestra sino ser hombre hasta el poso. Con el arte vemos a uno de los condenados, pudiendo no hacerlo, ponerse a nuestro lado bajo el yugo de la necesidad.

Nadie se queda fuera de esta barca… y el arte, metáfora, quiere llevarnos lejos de la muerte aunque nuestras palabras sean como un dique de arena.

Roma abandonada

Anicia Faltonia Proba vivió en Roma hasta que Alarico saqueó la ciudad en el año 410. Había enviudado en el año 389 convirtiendo su estupenda villa del Pincio en un lugar de reunión en donde tantos pudiesen encontrar reparo para el cuerpo y el alma. Todo ello sin renunciar nunca a participar en la vida social de Roma habiendo sido esposa de un cónsul y madre de otros 3. Era, además, nieta de otra mujer extraordinaria, Faltonia Betitia Proba, autora de un poema épico famoso en la época: el ‘Cento Vergilianus de laudibus Christi‘. Esta escritora la encontramos citada en un lugar de honor en el De mulieribus claris de Boccaccio que en 1361 es el primer libro de la literatura occidental que recoge biografías de mujeres. El de Faltonia Betitia, además, en 1474 será el primer libro escrito por una mujer que recibirá los caracteres de la imprenta.

faltonia proba manuscrito de mulieribus claris
Manuscrito del s. XV del De mulieribus claris de Boccaccio en el que aparece Proba ilustrando la historia desde la creación.
Su obra es un ‘centón’: un poema en el que teje versos virgilianos en los que Jesús pasa a ser el nuevo héroe de la historia.

Pero volvamos a Anicia Faltonia Proba. A inicios del siglo V era ‘la persona más ilustre entre todos los grados de nobleza existentes en el mundo romano’ en palabras de san Jerónimo. Cuando se acercan los godos de Alarico, Proba tiene que huir de Roma junto a su nuera Juliana y su sobrina Demetríades. «Ya en alto mar habían visto las ruinas humeantes de la patria mientras confiaban su salvación a una frágil barca» (San Jerónimo, Epistola 130,7). A la vista de las tropas visigodas puedo imaginar una interesante conversación con Galla Placidia que decidió quedarse. Otro camino, otra historia.

Nuestras tres mujeres, sin embargo, huyen de Roma y se refugian en África. O así creían pues al llegar a Cartago fueron apresadas por el comes Heracliano que gobernaba la provincia de África proconsular en nombre del emperador Honorio. Sólo a cambio de una gran suma de dinero, fruto de vender lo que les quedaba, les concedió la libertad. Es en ese momento en el que Agustín de Hipona le escribe a Proba una carta muy parecida a un diálogo, una respuesta con el corazón en la mano, en la que habla de su experiencia relativa a la búsqueda de la felicidad y el papel del deseo.

Roma deseada

Para quien se encuentra en tanta dificultad el recuerdo de Roma era un dolor. Roma deseada como patria en la que se abrieron tus ojos y los de tus hijos. Lugar que te inspira palabras misteriosas con la voz del primer llanto. De hecho, era un vaticinio el primer sonido de tu voz en este mundo. Para interpretarla, a tu lado, nos seguimos imaginando a ese dios familiar ‘Vaticanus’ que anuncia el destino, ‘fatus’: fatalidad, lo dicho se cumple.

En ese lloro tuyo, querida Proba, había por igual penuria e industria. Industriarse es poner todos los medios para cubrir la penuria. Ya Platón en El Banquete indica que Eros nace de Penía (penuria) y Poros (oportunidad, utilidad, buscarse la vida). Has tenido tantas oportunidades, encumbrada entre los patricios romanos, pero es ahora cuando se unen a la penuria en una época en la que Roma estaba condenada. Alarico será la voz de tu llanto y el motivo de ese deseo por lo perdido: marido, hijos, amigos, tus lugares, tus bienes… Todo lo has dejado -lo echarás tanto de menos- emigrando hacia África en tu búsqueda. Peregrina, lo que te falta y lo que buscas por los campos del mundo (per agrum) te dejan en estado de buena esperanza sin saber aún lo que nacerá.

cole thomas el curso del Imperio - la destrucción

Cole Thomas. El curso del Imperio – la destrucción (obra realizada en 1836 imaginando la destrucción de esa Roma deseada)

Y allí Agustín, experto de búsquedas inquietas, se manifiesta como un amigo: Tras años de vivencias no es el deseo de lo perdido, nostálgico (el volver que duele) o de los bienes conocidos lo que me mueve. Surge ‘amor’, lo sabes, como hijo de mi penuria y de la búsqueda. Paradojas sin solución pero no por ello irreales: «Non hoc esse quod quaerimus novimus, quamvis illud nondum quale sit noverimus.» ¡Oh, docta ignorancia! Nada nos basta de lo conocido. Sabemos que hay mucho más: aunque no sabemos lo que es, nos damos cuenta cuando algo no lo es. Al menos, podemos ser capaces de reconocer lo que no satisface, lo que no nos hace gozar o no lo hace bastante.

Llegamos, así, a esa tierra nueva que deseamos, por la que rogamos, en la que trabajar y penar, sabiendo que tampoco en ella se saciará nuestro deseo. Ahora con Proba sé que no sólo la deseable Roma sino incluso la luna o las estrellas no lo aplacarán. Aún sin conocer su culmen ni su fin, no lo puedo negar, ahí está y ¡qué bueno desear!

Agustín tiene una certeza y la comparte con ella: «quando satiabitur in bonis desiderium nostrum, et nihil erit ultra quod gemendo quaeramus, sed quod gaudendo teneamus.» Existe. Ni sabe cuándo ni qué es pero pregusta «cuando nuestro deseo se saciará de bienes, y llegue el momento de no buscar gimiendo nada más allá de esto, sino tenerlo gozando». El humo que surge de la deseada Roma puede hundir en la desesperación de lo perdido. Seguimos, de hecho, buscando y gimiendo. Y si embargo, en la recóndita oscuridad de la penuria, sin patria, sólo con lo puesto, puede nacer amor concebido en esperanza.

La mente va donde el corazón la lleva

Cuando los papas vuelven a Roma a finales del s.XIV, tras el destierro de Avignon y el gran cisma de Occidente, se encuentran con una ciudad para nada deseable. Una Roma despoblada, insegura, sucia, depredada y abandonada. Me imagino a Martín V mientras medita el Salmo 83 y no sabe bien lo que busca pero sabe que lo que tiene delante no es lo que desea. Y por amor, quien sabe en qué medida propio o desinteresado, gasta y se gasta. Quiere reconstruir como ‘ciudad santa’ la que allá en el siglo V d. C. sufrió su primer gran saqueo. Aquel fue un terremoto incluso mayor que el desatado por los galos en el siglo IV a. C. Un grito con el que Roma, aparentemente sin oportunidades, se abandonaba a sus penurias: prisionera – esposa con Galla Placidia; emigrante con Anicia.

vista de roma il dittamondo fazio degli uberti

Ilustración del libro Il Dittamondo de Fazio degli Uberti (escrito a mediados del s. XIV) en edición de 1447. Roma aparece representada como una viejecita decrépita: época de pestes, terremotos, con el papa lejos… tan lejos de la Roma deseada. Se ven claramente Castillo Sant’Angelo, el Panteón y el Coliseo.

Leo las palabras del salmo con la mirada de Proba y la de Martín, intentando revivir sus sentimientos. Busco en esta Roma, deseada y nunca alcanzada, un nido. Sigo el vuelo de un gorrión por si encuentro su casa, un lugar de Roma que nos permita descansar, en donde encontrar fuerzas para preparar la peregrinación de los días. Son tiempos de lluvia temprana, otoñal, y ojalá mis pasos convirtieran lo árido en un Edén. Proba buscaba, anhelaba su oásis en los desiertos de África, Martín en la desolación de Roma abandonada. Personalmente la plenitud de ese anhelo de la ‘deseable morada’ se acerca al cumplimiento en la íntima arquitectura del Templete del Bramante.

¡Qué deseables son tus moradas,
Señor de los ejércitos!

Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los ejércitos,
Rey mío y Dios mío.

Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
al preparar su peregrinación:

cuando atraviesan áridos valles,
los convierten en oasis,
como si la lluvia temprana
los cubriera de bendiciones;

Epicuro en su Carta a Meneceo también nos habla de deseos y felicidad. Y lo hace en una forma mucho más equilibrada del emocionado Agustín. Epicuro es un equilibrista, encumbrado en una cima de sabiduría desde la que contempla y disfruta. Pero los peregrinos como Proba en su barca, en mitad del camino, pocas veces llegan a esos montes del gozo… y en cualquier caso no se quedan en ellos. Roma, con Proba, no es meta sino camino, valles que se inundan con olas y crecidas. Ha dejado su colina en el Pincio y afronta el mar. Conduce y aumenta su deseo, pequeño amor, sin abandonarlo en la ciudad. 

Roma, deseada pero nunca bastante, la que despierta emociones y alimenta sensibilidades, es siempre una prenda, pañuelo en el viaje, útil en nuestra penuria:

«Ven cómo el mundo en torno está regido por propaganda emocional, han aprendido de la tradición que la juventud es sentimental, y concluyen que lo mejor sería fortalecer la mente de los jóvenes contra las emociones. Mi propia experiencia de profesor indica lo contrario. Por cada alumno que proteger de un leve exceso de sensibilidad, hay tres que despertar del estupor de la fría vulgaridad. El deber del educador moderno no es talar selvas, sino irrigar desiertos. La defensa adecuada contra los sentimientos falsos es inculcar sentimientos justos. Si no alimentamos la sensibilidad de nuestros alumnos, sólo los convertimos en presa más fácil del propagandista. Pues la hambrienta naturaleza se vengará, y un corazón duro no es protección infalible contra una mente débil

La abolición del hombre, C.S. Lewis

Rómulo y Remo. Leyenda e historia de Roma

En Roma podemos encontrar lugares que despiertan el recuerdo de la leyenda. Los lugares son nuestro libro y, tras un proemio divino que nos habla de Jano -el Gianícolo como prólogo de la ciudad-, Rómulo y Remo son la letra capital de Roma.

La altura del Palatino que hace sombra al valle del Velabro y el Foro Boario, bajando hacia el Tíber, recibe el nombre de Germalus. La naturaleza se hace fabulosa: cuenta fábulas con su nombre propio. Los ‘hermanos – germanus’ que se salvan bajo su altura se recuerdan así en el eco de las rocas, en la perpetua sombra que, como en otros días sin tiempo, Marte derrama desde lo alto protegiendo sus cachorros. Un lugar de hechos fantásticos que entrelazan historias de incontenibles fuerzas divinas y compasivas miserias humanas en héroes como Hércules.

Hoy, como entonces, una loba y un ‘pico’ (pájaro carpintero) siguen siendo símbolos de la protección divina de los gemelos. Un nacimiento maravilloso, exuberante de vitalidad, que el padre Tíber desbordado no sumerge sino que acompaña. Una higuera cobija como fértil orilla el lugar en donde se amamantan los niños en una naturaleza que los ayuda y salva. Parece que Ops, mujer de Saturno, hace surgir del suelo leche y miel. El Ruminal, pecho abundante de la naturaleza nodriza, nos sigue recordando cómo los designios divinos son capaces de vencer incluso las maquinaciones de los reyes.

Ven a contemplar con nosotros los lugares de los Orígenes de Roma.

Estos niños nos indican que la historia puede tener tantos orígenes. Me explico. Roma no surge con los ab-orígenes, antiguos pobladores de estos bosques sino de los descendientes de Eneas, un extranjero que escapaba de la guerra en Troya. Con ellos inicia una nueva ciudad -urbe que llegará a ser un ‘orbe’- un mundo regido por leyes que, como las de la física, parecen ordenar las partes de un todo. Un organismo que, con ánima, se renovará en varias ocasiones, siempre a través de pruebas y sacrificios. Las mujeres sabinas traerán el futuro no sólo con el coraje de ser madres sino también ‘lisístratas’ capaces de parar la destrucción de la guerra. Más tarde será otra mujer, Lucrecia, quien marque el paso de la monarquía a la república.

foro romano nubes

El foro romano con el templo de Saturno en primer plano durante uno de nuestros tours por la Antigua Roma.

Las ubres del Ruminal se hallan en el Foro Romano y también el ombligo (umbelicus) que nutre este cuerpo desde las profundidades. En Roma nos asomamos incluso al umbral de la puerta hacia el ‘mundus’ inferior en el que reina Manía y sus ‘manes’.

En la superficie, es Rea Silvia la protagonista de esta historia por contener en su seno la esperanza, incluso sin saberlo. Fue condenada por su tío Amulio a una virginidad necesaria. Sin embargo, su embarazo desvelará una amenaza a los proyectos del usurpador hasta llegar a un parto liberador. La supervivencia de ambos niños, cubiertos como pastores bajo pieles de oveja, con los cuidados de Fáustulo -alegre por su hallazgo- y Aca Larencia, frustrará definitivamente el reino de Amulio en ‘Alba Longa’. Una cerda ‘Blanca y larga’ había guiado a Eneas hacia ese lugar en el que encontrar un nuevo inicio, una nueva ciudad. Un buey y una vaca blancos serán los que marquen los confines de esta nueva urbe guiados por la mano de Rómulo.

Con nuestra gratitud y aprecio hacia Isabel Barceló (Mujeres de Roma), conocedora y gran apasionada de Roma, autora entre otros del libro Los orígenes de Roma.

Obeliscos de Roma

Cada uno de nosotros puede escoger su preferido entre los obeliscos de Roma. El de César Antonio Molina según nos cuenta en Donde la eternidad envejece es el que está ante Santa Maria Sopra Minerva. Más pequeño y sobre todo situado a caballo de un elefante que lo mantiene en un sólido equilibrio.

obelisco plaza minerva

«Bernini decoró esta agradable plaza con ese pequeño obelisco colocado sobre el lomo de la oronda bestia esculpida por su alumno Ercole Ferrata en 1667. Una inscripción se dirige a los paseantes advirtiéndoles de que se requiere una mente robusta para sostener una sólida sabiduría.»

Estas vergas de piedra tostada perforan la tela del cielo de Roma. Son puntadas que marcan sus costuras. En este caso parecen formar una gran Y. En la base ponemos este pequeño obelisco construido por el faraón Apries. Curiosamente, desde que ha llegado a Roma se ha mantenido cerca de su posición en el templo de Isis. El punto central de esta Y estaría en el obelisco que se encuentra ante el Panteón. Entra en el tejido urbano dejando puntadas hilvanadas con hilo de tiempo.

panteon atardecer
El oberlisco en plaza della Rotonda (Macuteo, por haberlo encontrado en la cercana Piazza San Macuto) fue construido por Ramsés II en Heliópolis. En Roma fue colocado en el templo de Isis.
Permaneció enterrado hasta tiempos de papa Clemente XI quien lo mandó colocar en esta plaza a inicios del s. XVIII.

Si seguimos sus trazos desde Piazza della Rotonda un brazo se extiende hasta acariciar las aguas de los 4 ríos en el centro de plaza Navona. Acumen que penetra hacia lo alto y peso que implanta la memoria firmemente. El obelisco en Roma es también una espina en su carne de aire con piel de piedra. Cuando nuestra mirada lo acaricia sentimos un latente dolor que se hace crónico: nada lo cura o hace pasar.

plaza navona en Roma

Obelisco que Domiciano hace traer desde Egipto para su estadio (Agonale) y que Majencio lleva hasta su circo en la Via Appia.
La familia Pamphilj lo pondrá en la plaza de su ‘isla’ como punto central en la Fuente de los Cuatro Ríos de Bernini.

El otro brazo se adentra en el campo de Marte irguiendo un dedo (índice en el mejor de los casos) ante el Parlamento. Aquí, en Montecitorio, el papa Pío VI en 1792 consiguió restaurarlo y elevarlo ante el palacio destinado a ser la Curia Pontificia. Con el nuevo reino de Italia fue elegido este palacio como sede para las reuniones de los diputados. El aula del nuevo Parlamento tras diversas vicisitudes no se terminó hasta 1918 con proyecto del arquitecto Ernesto Basile. La sombra de este obelisco va ascendiendo la pequeña colina hasta entrar por la puerta grande del palacio. Su sombra, peso de la luz, no recorre el Campo de Marte y las ejercitaciones de los ciudadanos romanos en armas. Ahora fascinante asiste a los debates, manifestaciones, nubes de periodistas, policías y guardias privados. Se hiergue, como antiguamente las ‘pilae’, a modo de lanza casi siempre en manos de hombres que presumen de su dureza, de su grandeza y la usan como medida del poder o para justificar el mismo.

obelisco montecitorio

El obelisco de Montecitorio (Campense, por hallarse en el Campo Marzio) fue levantado por Psamético II, tercer rey de la dinastía saíta.
Fue trasladado a Roma por Augusto en el año 10 a. C. utilizándolo como una gran meridiana y reloj solar.

Por todo ello, creo que lo hicieron para clavarse en el cielo, que es también el mapa extendido de nuestra historia. Alfileres que marcan la línea del frente, lugares de batallas, espacios en los que nos indican que allí nos jugamos la partida, encuentros definitivos.

Baldassarre Peruzzi santa maria pace roma
Baldasarre Peruzzi, La presentación en el templo, afresco en Santa Maria della Pace.

El obelisco es también un juego de equilibrio, cuanto más alto más se ve y más emoción. En su punta se apoya la esfera del cielo que parece girarle entorno. Eje de rotación del mismísimo mundo simbolizado a veces en globos de metal. Parece que algún niño travieso los ha mandado con una patada hasta que la punta. Y me preguntaba ¿serán imanes que las atrapan sin pincharlas? Viendo su sombra de gigante me pregunto qué sería de mí si sobre la punta de mi cuello no tuviera esa esfera deforme. Mi cabeza es un planeta sin atmósfera, expuesto y en precario equilibrio. Jugando con las sombras, además, soy un playmobil a su lado.

obelisco san juan letran roma

Obelisco en Plaza San Juán de Letrán. Construido por Tutmosis III 1500 años antes de Cristo. El emperador Constancio lo trasladó a Roma en el siglo IV d. C. colocándolo en el Circo Máximo.
Fue encontrado y transportado hasta aquí durante el pontificado de Sixto V. Con sus 32 metros es el más alto de la ciudad.

Esa punta elevada que atrae la atención ha sido elegida también como relicario y tumba. El obelisco que está ante la Basílica de San Pedro fue colocado allí por diseño de Sixto V. Era el único obelisco que había quedado alzado en Roma. Los demás yacían escondidos o rotos. Este papa ‘revolucionario’ a finales del s. XVI lo pondrá como centro de ese símbolo del Orbe que es Plaza San Pedro. Es más, lo trasladó hasta este lugar antes de que existiera la plaza tal y como la conocemos hoy. El trabajo e imaginación de Bernini giró en torno a su altura como eje de este mundo elíptico en la Roma Caput Mundi.

obelisco plaza san pedro

Obelisco Plaza San Pedro originariamente colocado a la izquierda de la basílica, en el lugar que había ocupado el Circo de Calígula en el que murió San Pedro.

ECCE CRUX DOMINI – FVGITE – PARTES ADVERSAE – VICIT LEO DE TRIBV IVDA. Aquí está la cruz del Señor, huid, adversarios pues vence el León de la tribu de Judá. Es la inscripción que leemos en la base. Un obelisco que es un estandarte. En lo alto se encuentra una reliquia de la cruz de madera dentro de la cruz de bronce que lo culmina. Un símbolo que hace huir a los adversarios, como si su vista recordase el rugido del león de Judá, símbolo de los indomables habitantes de la Judea que no se quieren rendir ni a Asirios, Egipcios o romanos. Al final, aquí en Roma, ese león vence sobre el poder del faraón.

Al mismo tiempo, siendo gigantescos estandartes, muestran a toda la ciudad tres montes, una estrella o incluso una paloma con un ramo de olivo. Estos símbolos no hacen escapar a los enemigos pero sí alzan en triunfo a varios linajes familiares. Son ellas las que apoyándose en la solidez del hasta de piedra están encumbrados a la vista de todos en lo más alto de una historia de la que son el culmen. Y son ellas las que lo usan también como enorme báculo: apoyo en el caminar, instrumento para corregir, arma para defender.

obelisco plaza popolo

Obelisco Plaza del Popolo Fue el primero a llegar desde Egipto hasta Roma en el siglo I a. C. Causó tanta sensación que inauguró una moda.
En el año 10 a. C. fue colocado en la espina del Circo Máximo como símbolo del sol y de las conquistas de Augusto.

En la colina del Celio, para mí la que más se parece a mi imagen del jardín del Edén en Roma, nos encontramos con el obelisco más desnudo. Es una aguja de acupuntura. Acompañado por la brisa que mueve las otras agujas de los pinos, se clava benéfico en el lugar desde donde parten los nervios de la ciudad. Recoge la paz de esta colina y la transmite al resto del cuerpo que se afana en musculosos esfuerzos cotidianos.

obelisco villa celimontana

Obelisco de villa Celimontana, gemelo del que se encuentra ante el Panteon en Piazza della Rotonda.
Pertenía también al Iseo Campense y procede de Heliópolis.

Las trabajadoras abejas Barberini también tienen su aguijón. Se eleva bien visible en la colina del Quirinale. Abejas que producen el tesoro de la miel y que lo defienden. No buscan la guerra pero no quieren recibir fastidio. Cástor y Pólux con sus caballos son los defensores mitológicos de la ciudad. Junto a ellos surge este aguijón que, al estar ante el palacio del papa, luego del rey y más tarde del presidente de la República, es siempre el símbolo del aguijón con el que defender esta gran colmena.

quirinal dioscuros

Obelisco del Quirinale proveniente del Mausoleo de Augusto. Pío VI lo coloca en esta posición en 1786.

Agudos vigilantes, los obeliscos custodian desde su altura el jardín de Roma. Como grandes talamones y dinteles, son centinelas y garitas al mismo tiempo. El que se encuentra ante Trinità dei Monti cuidaba con su sombra y su altura los Horti Sallustiani. Son también cipreses de piedra que con su presencia nos ayudan a situarnos entrando en el bosque de las calles de Roma. Altos situados en alto. Faros de luz vertical en piedra para encontrar nuestra ruta.

Trinita dei Monti escalinata de Plaza de España

Obelisco Plaza de España. Sixto V pensaba ponerlo ante Santa Maria degli Angeli, luego incluso pensaron en regalarlo a Francia para colocarlo ante Notre Dame. Al final Pio VI lo colocó ante Trinità dei Monti.

Un obelisco es también una flecha en el sendero de los peregrinos. Se clavan como agujetas indicándonos que a pie los caminos nos llenan de polvo, sudor y cansancio. Desde Piazza del Popolo hasta Trinità dei Monti y luego en línea recta hasta Santa María la Mayor para concluir en San Juan de Letrán. Sus puntas se divisan desde lejos marcando las etapas.

Por otra parte, al mismo tiempo, señalan hacia el cielo, otro camino que aúna los distintos pasos y direcciones yendo más allá del horizonte y de lo horizontal. Elevamos nuestras miradas como conviene de vez en cuando mientras caminamos. No es el otear de quien divisa desde las cumbres sino la ascensión de la mirada, descansando en el aire, de quien está normalmente concentrado en los propios pasos, en los agujeros y las piedras. Desde nuestra medida pequeña algo nos indica que necesitamos mirar hacia el cielo antes de reemprender los pasos de cualquier destino.

obelisco esquilino roma

Obelisco Esquilino tras el ábside de Santa María la Mayor. Proviene, como el del Quirinale, del Mausoleo de Augusto. Sixto V lo colocó junto a la basílica más cercana a su villa.

Hay incluso un obelisco levantado para los caídos. Con su estela se celebra una derrota para que no se convierta en inmemorial. Su altura nos habla de aquella gran fosa, agujero que recibió 435 cuerpos de los 500 soldados italianos en la guerra de Eritrea en 1887. La locura de la guerra recordada no como victoria, conquista colonial de un imperio, sino para indicar que en ella sembramos de cuerpos los campos que nos conquistarán. Me pongo fácilmente en el lugar del quinientos uno. Viajo a una tierras lejana, nuestra porque formamos parte de ella, mientras nuestras cenizas se elevan en granito y piedra. Parece que las raíces de este tronco pelado, ramificadas en los 435 nombres, quisieran llegar hasta aquel campo de batalla y sepultura devolviendo al aire el respiro de los que yacen bajo tierra.

obelisco dogali roma

Obelisco en recuerdo de los caído en Dogali (Etiopía). Proviene de Heliópolis, construido por Ramsés II, y transportado al Iseo cerca de Santa María Sopra Minerva por el emperador Domiciano. Luego pasó a estar ante la Estación de Termini dando nombre a la plaza (Piazza dei Cinquecento) y por último, con la construcción de la nueva estación, quedó situado en este jardín cerca de las Termas de Diocleciano.

Mientras nos duele, no hay olvido. Espina de una corona en Roma es el recuerdo de la aguja clavada en el corazón de Adriano por la muerte de Antinoo. Una aguja en las venas de Roma que dona su sangre haciendo que su vida continúe en otros cuerpos. Es más, parece que hace durar lo que Antinoo fue, perviviendo en un dolor que lo entibia. Igual que se eleva este obelisco se alzan tantos dolores, plantados, fijos, sin tiempo, historias de ausencia. Extraña la dureza de esta memoria pues no obstante petrificada lleva el calor del sol hasta las profundidades de ese abismo árido del dolor y olvido regándolos como una lluvia de consolación.

«…Mientras entorno tintinean los rumores de la vida,
y lustrosas abejas pasan a mediodía rumbo a los campos.
Y dan la hora las campanas de las capillas;
traspasándome de dolor, ajenos a mí son esos sones,
y tú estás lejos en el mundo de los hombres.

Sé lo que fue, y siento lo que es,
y me enfurecería si tal pudiera un espíritu;
aunque olvide el sabor de la beatitud terrena,
tu palidez entibia mi tumba como si
del brillante abismo hubiese elegido un serafín
para desposarlo; tu palidez me alegra;
tu belleza crece en mí y siento
que un amor más grande se insinúa en mi ser.»

(Julio Cortázar, Imagen de John Keats)

obelisco pincio villa borghese

Obelisco en la colina del Pincio, Villa Borghese. Fue trasladado desde Egipto por Adriano en recuerdo de Antinoo ahogado en el Nilo. En el siglo III d. C. pasó al Circo de Variano muy cerca de la actual Santa Croce in Gerusalemme. Con el papa Clemente XIV fue colocadoen el actual Cortile della Pigna de los Museos Vaticanos. En 1822 Pio VII lo trasladó hasta lo alto de la colina del Pincio.

4 maravillas de Roma

La suerte está echada. Con el ‘dado’ de los Farnese Roma ha lanzado una apuesta, y ha ganado. Sangallo, Michelangelo, Salviati, Zuccari, los Carracci… son algunas las fuerzas que lo han hecho caer aquí, así. Una de las 4 maravillas de Roma que no eran mero asombro sino sobre todo placentera admiración, a medida del pueblo romano que las tenía a su alcance, en medio de la vida cotidiana.

palazzo farnese roma decoracion

Espejo (miroir) en palacio Farnese

Fortuna y Locura se unen en este dado lanzado entre Campo dei Fiori y Via Giulia. La fortuna giñaba el ojo a los Farnese para, en un delirio de proporción, crear un cubo que parece no pesar. Una locura colocar los tímpanos semicirculares y triangulares sobre las ventanas, como hornacinas sobre las que se posa una presencia divina -arco y acento- permanente en piedra. Una locura del Renacimiento en Roma poner sobre los hombres el peso de la imagen de Dios. Es una locura que lo horizontal pueda culminar lo que se eleva en vertical, un suelo en el cielo con ese gran alero que lo desborda. En él, Miguel Ángel parece haber querido convocar la sombra selvática de la lunática Diana para completar la claridad apolínea del sol reflejado en sus perfectas arrugas y piel de ladrillo y travertino. Es la locura que une armónicamente contrarios.

fachada de palacio farnese antonio da sangallo

Fachada del palacio Farnese de Antonio da Sangallo el joven y Miguel Ángel.

“Por esto el pueblo dice que las 4 maravillas de Roma son el dado Farnese, el cémbalo Borghese, la escalera Caetani y el portal Carboniani.”

Según nuestra imagen de Roma si alguien nos preguntase por las 4 maravillas de la ciudad habríamos indicado el Coliseo, San Pedro, el Panteón… lugares que vienen inmediatamente a nuestra imaginación al pensar en Roma. Sin embargo, cuando a inicios del siglo XIX Giuseppe Antonio Guattani recoge lo que ‘el pueblo dice’ nuestros ojos reciben la invitación a ver la ciudad de una forma distinta. En cierta manera, es una forma de verla con gafas de loca o así me parece. La maravilla no es sólo para quedarse boquiabierto, es para admirar disfrutando, y también, en cierta manera para ‘admirarnos’. Sería un ‘miroir’, un espejo en el que descubrir lo que somos o arrebujarnos con lo que nos gustaría ser. Admirable locura de espejo mágico.

Erasmo de Róterdam en su Elogio de la Locura escrito a inicios del s. XVI mientras pasaba unos días en casa de Tomás Moro pone estas palabras en boca de la locura: «yo soy la deidad que regocija a los dioses y a los hombres… os he visto a todos tristes y taciturnos… Me habéis visto y vuestro humano aspecto se ha trocado: vuestros ojos han centelleado de alegría; vuestras frentes se han desarrugado, y me habéis acogido con una sonrisa cariñosa.»

giacomo balla la pazza gnam roma
La loca, obra de Giacomo Balla en la Galleria Nazionale d’Arte Moderna de Roma
«En mi frente traigo mi nombre y mi cara dice lo que soy… No sé disfrazarme, mi fisonomía es el traslado fiel de mi alma.»

Estos 4 lugares serían el rostro y el nombre de Roma, sin disfraces. Son la fisonomía que refleja el alma de la ciudad. Lugares vivos, implantados firmemente en las venas y la carne de Roma. No se trata de las ‘mirabilia’ descritas en las guías, lugares en las primeras posiciones de la lista de un viajero. Son 4 lugares que admiran al pueblo de Roma, por ejemplo, a todos los que pasan cotidianamente ante el portal Carboniani. No es su grandeza o la cantidad de decoraciones lo que maravilla sino la locura de hacerlo todo de una pieza, o así se creía. Es la locura temeraria que intenta lo imposible, que crear formas y espacios de una pieza, queriendo tocar el límite de las posibilidades que encierra la naturaleza. Llegar a ese límite es la locura que nos maravilla haciéndonos salir de la apatía o la mirada taciturna. Se iluminan nuestros ojos al contemplar ese portal que se nos presenta no como un desafío imponente sino como una puerta que se entreabre al misterio de la piedra.

portal carboniani palacio sciarra colonna

Portal Carboniani del palacio Sciarra – Colonna en via del Corso

Sin embargo, ¡cuántas veces pasamos a su lado sin mirarla! Es también el signo que acompaña la locura: muchas veces no queremos verla, ni escucharla. Y ella también se esconde en esa indiferencia que es al mismo tiempo su condena. Maravillas escondidas que nos invitan al silencio como la loca del cuadro de Balla. ¡Cuánto me gusta ese cuadro! Cada vez que voy al GNAM recibo su visita. Se presenta ante esa puerta que imagino sea la de nuestra casa común. Ella ya está entrando, no necesita permiso, pero al mismo tiempo pide la discreción de mi silencio: como Pedro por su casa.

Maravillosas locuras cotidianas

Hay locuras que tienen máscara de cotidiana sencillez. Incluso una escalera, la lenta y necesaria ascensión hasta las salas, dormitorios, cocinas… puede ser una de las maravillas de Roma. Quizás por ello este portento prosaico parece aún más una exageración, un derroche de materia. Es la locura repetición, innecesaria, igual y siempre nueva. La de quien por querer no se cansa de dar o recibir siempre lo mismo. La locura nunca es tacaña en sus manías. Magnánima, sin saturación, una escalera que es oceánica locura en sus consecutivas olas peldaños.

palazzo ruspoli escalera caetani

Escalera Caetani. En 1776 el palacio fue vendido a la familia Ruspoli que son los actuales propietarios.

Como cientos de menhires horizontales estos escalones son bloques únicos de 3 metros de mármol para celebrar con tal derroche lo que va más allá de la razón. La necesidad de no andarse con miramientos, esfuerzos cuya razón práctica se pierde ante la locura de la repetición lapidaria. De esta forma quedan fijos cientos de escalones tantos como hitos y palabras quisieras dejar en quien por ellos pasa. Locura poética es que al menos un verso se repita en todas las generaciones.

El lenguaje de estas piedras sin inscripciones es tan locuaz como las manos de aquella mujer -la locura siempre borra la edad- en el cuadro de Balla. Una nos pide el silencio, la otra la suspensión del juicio o la espera de una mano, de un brazo que aferrar por debilidad o emoción, inicio de un baile en el que sumir o exaltar. Mania – Locura gobierna sobre los espectros, sobre los que ya no están en este mundo aunque grandes piedras parezcan querer retener su memoria anclada al tiempo. En esta maravilla cada paso tapiado parece quedar y ser pasado. Están allí, bajo una losa, un escalón, memoria decantada, para que no entren en el mundo de los vivos, para que no se escapen corriendo al mundo del olvido.

Música de gigantes

Palacio Borghese es un enorme clavicémbalo. En Roma podemos encontrar nuestra loca de la casa ocupada en encontrar al gigante capaz de tocar este maravilloso instrumento. Nos quedamos cerca del río, donde antes estaba el puerto de Ripetta, pues creo que sería el mejor lugar para escuchar su música.

palacio borghese ninfeo

Un clavicémbalo cuyas cuerdas resuenan en el espacio del baño de Venus. El agua del río parece aflorar atravesando venas ocultas y rendijas para acercarse a este rincón en el que Venus, rodeada de amores, se está desnudando. Un lugar en el que las cuerdas ‘pizzicate’ (pellizcadas) dejan un fresco sonido juguetón de agua salpicada. Es la locura un juego regido por Amor.


Con esta maravilla de Roma imaginamos la música de la ciudad, en una orquesta dirigida por el Tíber. Música de agua que a veces se queda estancada ante las riadas de gente. Por cierto, Händel residió en el palacio Ruspoli. Dejó sus pasos también en la escalera y quien sabe si se imaginó como un gigante tocando este maravilloso clavicémbalo. El ‘caro Sassone’ como lo llamaba Corelli también participó de la maravillosa locura que Roma deja en lugares como éste. Es más, la música la alimenta, voz de agua entre amores, con razones que sólo el corazón entiende.

palacio borghese

Entrada del Palacio Borghese desde Largo Fontanella Borghese. En una ala del palacio se encuentran las oficinas de la Embajada de España.

Santa Croce in Gerusalemme

Tarde de tormenta. Final de un verano caluroso que se desata en relámpagos. Igual que esta tarde, una tarde a finales del s. XV el papa Sixto IV se refugia junto a la muralla aureliana, al lado de Santa Croce in Gerusalemme y su convento benedictino, implorando a la Virgen que pueda librarse de la furia de los elementos. Sano y salvo, el papa sale de su refugio para dirigirse hacia su cercana residencia en San Juan de Letrán. En signo de gratitud hace construir una pequeña capilla dedicada a Santa Maria del Buon Aiuto.

santa maria del buon aiuto en el anfiteatro castrense junto a Santa Croce in Gerusalemme

Este rincón me gusta especialmente. Me imagino al papa en medio de la tempestad, en una zona que entonces estaba despoblada a pesar de la existencia de la basílica de Santa Croce. Ciertamente, no tenía su gran fachada barroca ni existía nada del actual barrio hacia Porta Maggiore ni hacia la via Appia. Un mundo en el que el papa el viernes santo salía descalzo desde San Juan y caminaba entre campos y desterrados hasta Santa Croce, recobrando el contacto con la tierra. Bajo los relámpagos o sobre el polvo y las piedras del camino el constructor de la Capilla Sixtina y Ponte Sixto, se nos muestra peregrino, en el camino de la historia entre las condiciones que todos experimentamos.

Hoy, en medio de la tormenta, pasando bajo los arcos abiertos en la muralla, me siento también yo necesitado del Buon Aiuto. No es sólo saber de nuestra insignificante distancia con el dejar de ser, sino sentirla, conocerla y tantear a qué árbol o muralla nos arrimamos. Roma Amparo.

Palacio, anfiteatro y basílica

El área arqueológica de Santa Croce in Gerusalemme a partir del siglo V a.C. se convierte en un importante cruce de caminos entre las vías Labicana, Prenestina y Celimontana. Además, siendo uno de los puntos más altos de la ciudad, allí confluían hasta 8 acueductos entre los que destacan los monumentales restos del acueducto Claudio (52 d.C.).
Entre los años 42 y 38 a.C., Mecenas trasformó esta zona en un barrio residencia en el que se encontraban grandes villas y domus privadas sumergidas en maravillosos espacios verdes (horti). De hecho, la zona cercana a porta Maggiore pasa a ser de la familia Vario, emparentada con la familia imperial de los Severos. Siempre en esta zona Septimio Severo engloba en el demanio imperial los Horti Spei Veteris.

mapa lanciani zona santa croce in gerusalemme
Poco después cuando Sexto Vario Avito Bassiano llega a emperador con el nombre de Heliogábalo (218-222 d.C.), los ‘horti Variani’ también pasan a formar parte del demanio imperial. La villa del emperador incorporaba entonces el anfiteatro Castrense y el circo Variano. Con la construcción de las murallas Aurelianas (271-275 d.C.) el circo quedó inutilizado y se aprovechó el anfiteatro como parte de ellas.

anfiteatro castrense santa croce in gerusalemme
Más tarde, en la época de Costantino (306-337 d.C.) la villa adquiere un nuevo esplendor convirtiéndose en el palacio Sessoriano (lugar para las sesiones – estancia del emperador). La emperatriz Elena dedicó al culto de la cruz de Cristo lo que antiguamente era el atrio de la villa de época severiana.

Ante la mirada de una musa

«Non c’è niente da capire, basta sedersi ed ascoltare.
Perché ho scritto una canzone per ogni pentimento
e debbo stare attento a non cadere nel vino
o finir dentro ai tuoi occhi, se mi vieni più vicino.»

«No hay nada que entender, basta sentarse y escuchar.
Porque he escrito una canción para cada arrepentimiento

y tengo que estar atento a no caer en el vino
o acabar dentro de tus ojos si te acercas.»

horti spei veteris musa polimnia

Escultura de la musa Polimnia (la poesía sagrada) encontrada en 1928 durante unas excavaciones cerca de Santa Croce in Gerusalemme

«No hay nada que entender, basta sentarse y escuchar.» Es lo único que se puede hacer ante esta mirada, ante quien parece que te estaba esperando desde siempre. Una sabiduría que va más allá de lo que podemos entender. Con una voz que canta himnos divinos siendo ella la musa Polimnia, basta sentarse y escuchar. Cada vez que la encuentro en la Centrale Montemartini, me quedo encantado. Hay en su mirada algo de la picardía de quien juega con ventaja. La serena espera de quien con un esbozo de sonrisa desborda constantemente sentimiento, palabra, silencio.

Ebrio de esa abundancia me siento comprendido incluso en lo que ni yo mismo entiendo. Y la mejor forma de hablar de lo inefable es cantar. Cantar ‘tantos himnos’, poesías y música, cuantas formas de error y arrepentimiento al no acertar en lo que tanto ansío. Es entonces cuando siento el peligro de caer, en el vino o dentro de tus ojos, ambos capaces de hacerme perder los sentidos.

Lucio Dalla, Cara (Querida)

Junto a este maravilloso rostro con un único gesto pleno, junto al encanto de quedarme prendado en su tiempo eterno de piedra otra experiencia se insinúa como un perfume en Santa Croce in Gerusalemme. Con la tierra traída de Jerusalén se trasplanta a Roma la piel de otro mundo y, prendida en ella, llega otro tiempo. La memoria, como el carbono, sigue viva, huele a Tierra Santa.  Olor de incienso, sangre y mercados. Olor de mil guerras en la Ciudad de la Paz, olor de mirra y áloe para quien se ha entregado sin condiciones, sin violencia, incluso renunciando a cualquier respuesta. Si misteriosa y admirable es la libertad que consiente o niega, igualmente es la entrega incondicional que se expone inerme ante la posibilidad o certeza de un no.

Un madero. Una cruz es la otra cara de la moneda. Abierto el corazón y los brazos ante el universo, sin ropas, habiendo dado todo quien todo esperaba, él mismo está perdido.

«…e la notte cominciava a gelare la mia pelle
una notte madre che cercava di contare le sue stelle
io li sotto ero uno sputo e ho detto ‘OLE’ sono perduto.»

«y la noche comenzaba a helar mi piel
una noche madre que intentaba contar sus estrellas
yo allí abajo era un escupitajo y he dicho ‘olé’ estoy perdido.»

Condenado triunfo

Santa Croce es la basílica que me recuerda a Polimnia, rostro de la poesía divina capaz de llevarnos hacia lo inefable, y a Jesús, cargado con toda la injusticia que presentimos en la muerte, atado a ella con lazos de cárdena envidia, traición o, más terribles aún, los invisibles de la indiferencia:

«Almeno non ti avessi incontrato
io che qui sto morendo e tu che mangi il gelato.»

«Ojalá que al menos no te hubiese encontrado
yo que estoy aquí muriendo y tú que comes un helado.»

Encarnación y testigo de ese abandono, de ese ‘aquí’ donde estaba muriendo, nos espera un trozo de madera desde el siglo IV. Fue Elena el que lo buscó, haciendo concreto el encuentro con lo que en los sueños de su hijo era sólo un signo con el que vencer en una batalla. En el ábside Antoniazzo Romano ha imaginado esa búsqueda, la preocupación convertida en la hermosura de quien ha encontrado y ya no puede dejar de contemplar en silencio o con tantos cantos. Todo dice que sí, sí el azul del cielo, ahora, ante quien se había preguntado en aquella noche prematura ¿por qué me has abandonado? Como de un árbol cae sin ruido un fruto.

santa croce in gerusalemme altar abside

Las notas de Lucio Dalla ponen música a la única respuesta que se repite en silencio:

«Buonanotte, anima mia,
adesso spengo la luce e così sia.»

Como una mariposa

Bajo los colores de Antoniazzo Jacobo Sansovino esculpió en piedra un monumento tan ligero como un breve reposo en el vuelo de una mariposa. Sin peso, perfectamente apoyada en la naturaleza del abside que la sostiene, el recuerdo del cardenal leonés Quiñones parece que fácilmente se deshará, liviano y silencioso, cuando el movimiento anime sus alas tras una espera escatológica.

«Tu corri dietro al vento e sembri una farfalla
e con quanto sentimento ti blocchi e guardi la mia spalla
se hai paura a andar lontano, puoi volarmi nella mano
ma so già cosa pensi, tu vorresti partire
come se andare lontano fosse uguale a morire
e non c’e’ niente di strano ma non posso venire.»

«Tu corres tras el viento y pareces una mariposa
y con cuánto sentimiento te paras y miras mi hombro
si tienes miedo a ir lejos puedes volarme en la mano
pero ya sé lo que piensas, tu querrías partir
como si irse lejos fuera igual que morir
y no hay nada de extraño pero yo no puedo ir»

Francisco de los Ángeles Quiñones en 1523 envía a doce compañeros franciscanos a México. Empieza una nueva aventura corriendo tras el viento, con miedo a ir tan lejos. Los imagino ahora intentando volar en la seguridad de aquella mano con signos de pasión. En todo esto no hay nada de extraño. Él no puede ir.
Correr tras el viento. ¡Qué maravilla dejarse llevar, sin ser pesado, sin pesar!¡Qué dolor cuando mi peso es mi amor -amor meus, pondus meus- y cualquier viento me lleva! Miro su hombro, cargado. Y entonces, ambas exclamaciones suben a mis labios, las siento como una encrucijada que se me presenta recordando esta cruz y una ligera tumba mariposa.

santa croce in gerusalemme santa elena
Antigua escultura de Juno a la que se le añadieron en el siglo XVII los brazos, la cabeza y la cruz pasando a representar a Santa Elena

Mientras salgo de la basílica unas voces lejanas cantan casi en un susurro un himno que recorre el hermoso suelo cosmatesco de la basílica como un temblor y el aire como una ráfaga que agita la fronda:

Crux fidelis inter omnes
arbor una nobilis
nulla silva talem profert
fronde, flore, germine.

santa croce in gerusalemme puerta jannis kounellis

Santa Croce in gerusalemme puerta del huerto realizada por Jannis Kounellis

Cuentos en el Castillo Sant’Angelo

Había una vez un río, unos prados y un castillo. Al otro lado del río, siguiendo la corriente hacia el mar, había nacido la ciudad de Roma casi como una niña que se divierte saltando de una orilla a otra gracias a la gran piedra de la isla tiberina. Así nace también este pequeño cuento del Castillo Sant’Angelo como un tronco varado en una de las crecidas del Tíber.

Castillo sant angelo sud van wittel 1690
Castillo Sant’Angelo en 1690 en un cuadro de Van Wittel (Vanvitelli).

Francesco Giuseppe Borri, desde la única ventana que comunicaba su celda con el exterior, contemplaba las huertas que ocupaban la hermosa llanura de los ‘Prados del Castillo’. Era el año 1695 y el nuevo papa, Inocencio XII, había endurecido su régimen carcelario. El bullicio que llenaba las orillas del río con los primeros calores estivos le recordó aquellos ardores de sus años jóvenes en que pretendía renovar toda la ciudad y el orbe cristiano. Para ello habría sido capaz de poner en práctica sus mismas palabras «omnes delendos vocationi refractarios». El sol, sin embargo, siguió saliendo en Roma sobre buenos y malos aunque en su celda ahora entrase de refilón formando sombras que bailaban con sus recuerdos.

puerta castillo sant angelo

Puerta de entrada al Castillo Sant’ Angelo

Una tarde, casi noche, 40 años antes había atravesado aquel puente Milvio que imaginaba tras el espeso muro de su prisión. Escapó de la ciudad cuando supo que había sido elegido Alejandro VII. «¡Cuánto te quise Roma y cuánto deseaba que fueses hermosa y pura!» El año anterior, en Santa María la Mayor había recibido una visión celestial que le encomendaba reunir a todos los cristianos extirpando, incluso mediante las armas, pecadores y disolutos. Campos romanos limpios, orillas del Tíber sin vertidos, sin sórdidos rincones ni fangos. Ilusión ahora enterrada en los curvos muros del mausoleo de Adriano.

castillo sant angelo base torre

Mientras tanto sus estudios médicos y de alquimía le dirigían hacia la solución de otros problemas siempre con la intención de instaurar aquí, en ti, en Roma, el reino celeste. Sin embargo, aún temiéndolo o admirándolo, ni sus métodos ni sus fines fueron convincentes. Y mientras quemaban en Campo dei Fiori un retrato suyo, él ya se había esfumado.

Una fama que recorre Europa

Tras pasar por Milán, su tierra natal, con sus secretos y fama a cuestas, llegó a Innsbruck. Pese a la insistencia del nuncio, el archiduque no concedió en un primer momento su extradición. De hecho, la curiosidad y esperanzas de disponer de un poder que daba salud y riqueza era una promesa paradisíaca a la que es difícil renunciar. Creo que el nuncio debió de enseñarle una reliquia de la espada de San Miguel al archiduque porque al final Borrio tuvo que irse a Strasburgo. Allí su fama crecerá muchísimo tras realizar con gran éxito una operación de cataratas.

Empieza así un intenso viaje por varias ciudades alemanas hasta que en diciembre de 1660 llega a Holanda. Allí parece encontrar su lugar y compra una preciosa casa en el centro de Amsterdam. Inician a correr voces sobre su riqueza ¿será fruto del arte alquímica o del engaño? Todo ello hace que aumente aún más su fama y su residencia pasa a ser meta de visitadores sobre todo provenientes de Inglaterra. Muchos se acercaban a él con la secreta intención de hacerle confesar el secreto de la piedra filosofal. Se establece una curiosa e interesante relación entre Borrio y la pragmática sociedad inglesa. De hecho, cuando en 1665 se desata la peste en Londres Francesco Giuseppe envía hasta la isla un remedio secreto antipestilencial.

El mismísimo Newton en 1669 escribirá a su amigo Aston pidiéndole que busque y hable con Borrio durante su viaje a Holanda.

armas castillo sant angelo

Depósito de antiguas armas y utensilios en uno de los bastiones del Castillo Sant’Angelo

La ciencia de los fenómenos y de las leyes de la naturaleza era una forma para ‘acontentarse’. En el siglo XVII la esperanza de capturar la esencia de la realidad, de desentrañar el secreto de todas las transformaciones, era la aspiración de fondo de los sabios. Nos olvidamos con demasiada facilidad el rostro místico de la revolución científica. La curiosidad con la que se acoge el arte oculto de Borrio entre algunos de estos sabios nos lo recuerda. Aunque también existe la otra parte de la medalla: los que lo consideran un simple embaucador.

«No ignoro que el Cavallero Borri le dixo a Mr. Monconis, que avia visto en una mina de plata convertirse este metal todo en oro de un día para otro por un vapor copioso que avia subido de la tierra. Cuentalo Mr. Monconis en su Viage del París Baxo. Pero el Borri no merecia mucha fé, y mucho menos en esta materia, pues andaba á persuadir á todo el Mundo la posibilidad de la Piedra Filosofal, y que él estaba sobre el punto de lograrla.»

(Cartas eruditas y curiosas. Fray Benito Jerónimo Feijoo)

Poco después su fama y sus inquietudes lo llevarán hasta Dinamarca, estableciéndose en la corte de Federico III. En el mismísimo jardín de palacio montó su laboratorio. El rey danés no quería perder de vista a su «Hermes saeculi», «phenicem Naturae et gloriam non tantum Hesperiae suae, sed Europae.» Y sin embargo, sigue consechando también duras críticas de opositores como las de J. D. Major: «auri et gemmarum avidissimus vir».

De esta época conservamos una interesante reliquia que aún podemos contemplar en la residencia real de Rosenborg. Se trata del único ejemplar de oro alquímico que supuestamente produjo Borri.

oro alquímico borrio

En 1670 muere el rey, su protector. Tiene en contra a numerosos médicos y sabios de la corte por lo que decide realizar un antiguo sueño. Quiere viajar por Turquía. Cuando ya está de camino y atraviesa Hungría se encuentra con una común patrulla de control de los caminos. Pensando que se tratase de soldados enviados por alguno de sus enemigos le dispara a uno pero falla. De todas formas, antes de caer apresado prefiere beber un veneno que lleva siempre consigo. Todo inútil. Se ve que la ciencia médica o los remedios caseros estaban muy desarrollados en territorio húgaro pues consiguen darle un antídoto que lo salva. Y es así que el 4 de mayo de 1670 llega prisionero a Viena.

Por aquel entonces era nuncio en Viena Antonio Pignatelli que no pierde la oportunidad de solicitar nuevamente su extradición. La historia se repite con reiteradas motivaciones. Por una parte, en la Corte lo quieren retener pensando en hacerse ricos y conseguir alargar la vida con sus artes. Por otra parte, el nuncio no desiste indicándolo como reo fugitivo y peligroso. Titubeante, al  final, el emperador Leopoldo lo entrega.

Años en el Castillo Sant’Angelo

En vez de aplicar inmediatamente la sentencia de 1655 al llegar a Roma se reabre el proceso con una nueva defensa. La pena capital acabará siendo una condena a cadena perpetua. Es más, el papa Clemente X le concederá salir de esa prisión del Castillo Sant’Angelo para curar al embajador francés el duque D’Estrées. Ante el éxito de su arte y saber, varios prelados y príncipes recurrieron a él. En esa misma época trabó amistad con el príncipe Massimiliano Savelli Palombara el famoso constructor de la Puerta Mágica en su villa del Esquilino.

Puerta Magica Roma

En su prisión podía recibir visitas y seguir sus estudios. El joven estudiante del Collegio Romano, brillante alumno del famoso Athanasius Kircher, admirado y temido por su espíritu contradictorio, parece haber encontrado una solución de compromiso para sus últimos años de vida. Sin embargo, cuando en 1694 llega a papa el famoso nuncio Pignatelli (Inocencio XII), recordando bien su historia, se encarga de quitarle los privilegios de una prisión con tantas relaciones.

patio castillo sant angelo

Ese inexpugnable Castillo que encerraba a Borrio no le sirvió de defensa contra la muerte que subía desde el río con el calor de sus orillas formando un espejismo oscilante. Ella lo encontró desanimado, derrotado, con los primeros calores del verano de 1695. Fue ella la que consiguió abrir su puerta entrando hasta sus venas en forma de malaria para llevárselo. Aún tuvo fuerzas y acierto para pedir que le trajeran unos trozos de corteza de quina. No llegaron a tiempo y murió el 13 de agosto de 1695.

La Cagliostra

Un siglo más tarde, estos muros alojaron al famoso conde Alejandro Cagliostro nombre con el que se conocía a Giuseppe Balsamo. Tras estar encerrado en la Bastilla por su presunta implicación en el caso del collar de la reina María Antonieta, deja Francia e incluso Londres para establecerse en Roma y desarrollar aquí su secta masónica de rito egipcíaco de la que él era el Gran Cofto. En 1791 termina el proceso del Santo Uffizio que lo declara culpable encerrándolo en el Castillo de Sant’Angelo antes de transferirlo a San Leo en donde concluirá sus días.

roma castillo sant angelo la cagliostra

La Cagliostra, prisión de Giuseppe Balsamo en el Castillo Sant’Angelo

Los mismos muros cuentan tanto las historias de Borrio, Cagliostro como las de Amor y Psique, la de Alejandro Magno o del otro Alejandro, el Farnese, el papa Pablo III. En varios lugares vemos el lema de este papa: Festina Lente, “Adelante… con juicio.” Resuenan en las paredes como un eco esas mismas palabras que en los ‘Promessi Sposi’ dirige el funcionario español Antonio Ferrer a su cochero en mitad de los disturbios milaneses por el pan. Y restalla el látigo de la contradicción.

festina lente castillo sant angelo

«Festina lente» podría ser una buena moraleja o conclusión para este cuento de verdad en el Castillo Sant’Angelo. Nos ponemos ante el afresco que recuerda a Alejandro Magno mientras pone paz entre dos militares. Si vamos ‘adelante con juicio’, si nos ‘apuramos despacio’ podríamos convertir en oro esos colores y formas. Para los iniciados, amantes de lo oculto evidente, tienen el precioso valor de un tratado de paz firmado en Niza en 1538 entre Carlos V y Francisco I siendo el mismo Alejandro Farnese alquimista de esta historia. Nada más y nada menos que Alejandro Magno y Augusto convocados por el arte.

Plaza Barberini, historias de agua

Tritón en el centro de Plaza Barberini con su caracola convoca nuestra vista y nuestros oídos. Con su caracola como instrumento alza o amansa las olas de este océano de eventos y peripecias en Roma. En 1643 el Tritón hizo sonar de nuevo su caracola como proclama de una nueva edad dorada al cumplirse los 20 años de pontificado de Urbano VIII. Y allí sigue, muestra del poder de la poesía de Ovidio hecha carne de piedra por Bernini.  ¿Qué historias nos trae haciéndolas emerger como tierras tras las inundaciones del tiempo? Vibra en sus manos el sonido convertido en agua para traernos una voz que en ella quedó sepultada.

fuentes roma
«caeruleum Tritona vocat conchaeque sonanti
inspirare iubet fluctusque et flumina signo
iam revocare dato: cava bucina sumitur illi.»
(Ovidio, Metamorfosis, 23, 333)

Margaret Fuller entregó su voz al mar junto a Fire Island. Ya se veían, ¡tan cerca!, las luces del puerto de Nueva York. Pero antes de salir para allá, ella vivió en esta plaza en 1849. La imagino ahora saliendo de su casa y saludando al incansable Tritón con voz de agua y lengua de caracola. Poco después se dirigiría a la isla tiberina en donde era la encargada del servicio de ambulancia en el hospital Fatebenefratelli durante los combates para defender la república. Las palabras que escribió sobre estos avatares de la República Romana quedaron con ella, encerradas, perdidas, convertidas en agua.

Ella volvía a la tierra de donde había salido 4 años antes como primera mujer corresponsal enviada a Europa por el New York Tribune. Una Europa que la recibió en un período de guerras y grandes cambios, sobre todo en Italia. Tras la caída de la República Romana se embarcó hacia Estados Unidos en el barco Elizabeth. Con ella iban su marido e hijo romanos. Sin embargo, ni ella ni ellos llegaron a salvarse de un naufragio quizás más terrible cuanto más cerca se veía la ciudad y lento fue el hundimiento. Viendo en la fuente los peces de bocas abiertas que desean hundirse en el agua como una profundidad atrayente imagino las suyas clamando al aire como una altura anhelada.

margaret fuller plaza barberini

Flora en Plaza Barberini

El agua Felice -bonito adjetivo para un acueducto- recibe su nombre del papa Sixto V (Felice Peretti).  Fue él quien la hizo llegar hasta su villa que se extendía desde Termini hasta Santa María la Mayor. La fuente del Moisés, al lado de Santa Maria della Vittoria, nos muestra esa agua ‘feliz’ que luego baja cantarina hasta Plaza Barberini. Antes de que esta agua y el Tritón fueran sus testigos ésta era una plaza casi de pueblo, en el límite de la ciudad (Capo de Case). Será con la familia Barberini con la que toda esta ‘isla’ quedará bajo la sombra de su maravilloso palacio. Actualmente el Museo de Palacio Barberini es una arquitectura que nos hace soñar con fábulas que se encuentran narradas en el arte que cubre sus paredes.

plaza barberini dibujo lieven cruyl

Dibujo de Plaza Sforza a Capo le Case, actual plaza Barberini realizada por Lieven Cruyl

El agua, de esta forma, corriendo bajo tierra recoge el sabor de Flora. Entre el Pincio – Colina de los Huertos (Collis Hortulorum) y el Quirinale, el circo de Flora da al agua el sabor de mayo. Sabia jóven fecunda de esperanza y de frutos prometidos. Juegos en los que la plena primavera parece calentar esta feliz agua helada hasta hacerla embriagadora. Es como si quisiera adueñarse de nuestra imaginación, rayendo todas las asperezas:

“Es de noche. Ahora hablan más fuerte todas las fuentes que manan. Y también mi alma es una fuente que mana. Es de noche. Sólo ahora se alzan todos los cantos de los amantes. Y también mi alma es el canto de un amante.” Incluso Nietzche que vivió en esta plaza sufrió el influjo de Flora tras beber de esta agua y escuchar sus historias.

Y yo sueño que
si fuera poeta
mis palabras
agua de mayo
se harían flores
abiertas al sol
dentro de ti.

Via Giulia, una senda con tantos caminos

Desde el Puente Sixto hasta Plaza dell’Oro Via Giulia, entre las calles de Roma, es una de sus sendas más hermosas. Un rectilíneo que corre junto al río acercando la zona del Vaticano hacia el Campidoglio y el Trastevere.

foto via giulia
Puente sobre via Giulia con la iglesia de Santa Maria dell’Orazione y los jardines de palacio Farnese

Via Giulia no sólo une o lleva hacia lugares. Ella misma es un camino que acoge algunas de las más hermosas alturas y profundidades de Roma. Su horizontalidad, extendida bajo nuestros pies, casi siempre en una agradable sombra, sostiene y viene atravesada por la verticalidad de tantos edificios que se yerguen para hacerse notar, brillantes de sol.

Por ella no se pasa. Mientras caminas te quedas. Es una calle hecha para ir pasando lentamente -no sólo por los sanpietrini irregulares- sino porque cada uno de sus tramos es una invitación a imaginar y pararte. Una de las pocas vías en las que la mirada se explaya en línea recta vislumbrando el punto final. Y, sin embargo, una vez divisado, nos entretenemos a cada paso.

Palabras de una fuente en Via Giulia

Asombrada.
Siempre mirando sola,
mi cabeza cortada.
¿Qué miro? ¿A dónde mira
mi pupila espantada?
Asombrada
de estar mirando todo
sin estar viendo nada.
¿Qué lloro, que no llora
por mi boca espantada?
Asombrada
de llorar por mi boca
y no por mi mirada.
Escuchadme… Soy fuente,
espanto de mi misma,
asombro de la gente.

Rafael Alberti. Poema al Mascherone de Via Giulia

Via Giulia otoño

¡Cuántas veces pasaría Alberti ante esta fuente de camino a su primera casa en Roma en via di Monserrato 80!¡Cuántas veces estos rostros, como el que está junto a Santa Sabina, nos lanzan piropos de agua siguiendo nuestros pasos mientras pasamos! Recibimos el saludo del agua, su fresco tacto que alza un poco este manto de calor que no conseguimos quitarnos. Por resquicio de fresco Roma nos susurra una caricia, «espanto de mí misma, asombro de la gente.»

Oración en Via Giulia

El cementerio fue destruido con la construcción de las murallas que contienen el río. Pero en esta calle de dulce nombre también se nos recuerda la muerte y el puente que nos une con los que están más allá. Santa Maria dell’Orazione e la Morte. Junto a ella, un puentecillo también pasa sobre via Giulia uniendo el palacio Farnese con las casas de servicio que bajaban hasta el río.

Pregunta de la maestra: «¿Por qué en Roma hay tantos puentes?», respuesta de la alumna: «Porque hay muchos ríos». Es una lógica que además de risueña esconde una verdad que sólo las poesías y la arquitectura desvelan.

via giulia dibujo de michele sangiorgi

Puente sobre Via Giulia. Dibujo de Michele Sangiorgi actualmente en el Museo del Prado

Puentes como el que se eleva sobre via Giulia y que, através de una moneda-limosna nos llevan con la imaginación al momento en que estemos más allá del tiempo. Esa moneda es ‘Hodie mihi, cras tibi’: Hoy para mí, mañana para ti. En esta forma de comunismo escatológico se parte de una seguridad: existe un para todo ‘mí’ y un para todo ‘ti’. La diferencia es el tiempo: hoy o mañana. El esqueleto alado nos recuerda de qué se trata: ¡hay bienes que se comparten incluso tras la muerte! Las monedas, en vez de viajar en la boca de los difuntos, pasan a través de esta pared como si la oscuridad de esa ranura llegase a un lugar sin tiempo ni espacio. Las cajas de la Cofradía que se ocupaba de enterrar los cadáveres de ahogados o encontrados en los campos entorno a Roma recibían estas monedas. Estamos ante la casa de estos nuevos Carontes que en su barca hacen de puente con la otra orilla. Via Giulia como los ríos de nuestra vida… y tantos puentes.

santa maria dell' orazione via giulia

Justicia, justicieros y ajusticiados

Julio II consiguió construir esta calle ‘enderezando’ la antigua via Magistralis, así llamada por alojar numerosos estudios de notarios. A partir de entonces fue una calle famosa por los artistas que allí vivieron: Raffaello, Cellini, Sangallo, Borromini que además sigue aquí, en la tumba de la familia Maderno dentro de San Giovanni dei Fiorentini. Calle internacional (sieneses, españoles, boloñeses, florentinos, napolitanos…) y llena de lugares de ensueño tan sugestivos como la Piazza dell’Oro, antiguo Tarentum en el que se recordaba a Proserpina y era una de las legendarias entradas al inframundo.

Pero antes de concluir este primer relato de nuestro paseo por Via Giulia, no puedo dejar de recordar cómo en el centro de la vida ciudadana, junto a palacios de la nobleza, talleres de artistas e iglesias, nos encontramos con las Carceri Nuove. Este edificio fue construido por Antonio del Grande en 1655 y constituía todo un ‘lujo’ en comparación con la terrible cárcel de Tor di Nona. Aquí, en via Giulia 52, se encontraba hasta 1968 el Museo Criminológico y hoy se encuentra la Dirección Nacional Antimafia. El museo, actualmente, se encuentra doblando la esquina, en Via del Gonfalone 29, en lo que fue otra cárcel de inicios del s. XIX dedicada a los menores de 20 años. Por desgracia, lleva ya varios meses cerrado y aún no se sabe cuándo reabrirá.

Carceri Nuove edificio Inocencio X entrada via giulia

Via Giulia 52, Cárcel Nueva en tiempos de Inocencio X

Roma es esta mezcla tan visible, tan real, en la que muerte, dolor y dulces bellezas se mezclan en nuestro caminar. Nada de lo humano es ajeno y se hace parte de esos eternos motivos para descubrir y descubrirnos en Roma.

Muy cerca estaba también la iglesia de S. Nicola in Furca o delli Justitiati. Lugares llenos de interés para reflexionar sobre la historia de los castigos, de la libertad, de la justicia a lo largo de la historia. Objetos y lugares que conmueven y mueven como, por ejemplo, contemplar las cosas que llevaba Passolini, su ropa, su cartera, su anillo, las llaves, un libro, cuando lo mataron.

Un poco más adelante, en el n. 66 de Via Giulia, en palazzo Sacchetti, Émile Zola colocó la residencia de los protagonistas de su novela Roma. Y así, profeta de la vida cotidiana, me parece que también él me vio pasar: «Las viejas fachadas se suceden, las contraventanas cerradas, alguna reja invadida por la hiedra, gatos arrebujados en los dinteles, tiendas oscuras, pocos los transeúntes… un carro de heno tirado por un mulo, un monje soberbio en su hábito, un velocipedista que se desliza, silencioso, con la bici que brilla al sol.»

Seguiremos, otro día, nuestro paseo por Via Giulia.

Mirando mejor sin ver

Estaba escribiendo este artículo sobre los Borgia en Roma cuando me llegó la noticia de la muerte de Andrea Camilleri. Su voz calma y ronca de tanto fumar, no ha dejado de representárseme, como la de un familiar querido al que de vez en cuando tenías el placer de encontrar. Y siempre era iluminante desde su aspecto de anciano sabio, persona y personaje unidos en él.

Sus gestos, su rostro de mirada robada, sus palabras desde que subió al escenario del teatro griego de Siracusa son para mí la personificación de Tiresias. «Da quando non ci vedo più, vedo le cose assai più chiaramente.» La claridad con la que veía las cosas tras haberlas perdido de vista o haber perdido la vista, es una luz aguda que se cuela por los entresijos de la historia y del alma.

Esta luz, un candil encendido que nos ayuda a buscar, es la que utilizamos para ver Roma, para contemplar la historia: ya no vemos las personas o los lugares de otro tiempo, pero al mismo tiempo las contemplamos con la claridad de quien no está ofuscado por el sentir directo. Con sus ojos me gustaría ver también esta historia de los Borgia en Roma.

camilleri tiresias teatro griego siracusa

Los Borgia, una familia al vértice del poder en Roma

En 1449 Nicolás V autoriza al canónigo Rodrigo Borja (nacido en 1431) a residir ‘fuera de los lugares en los que radicaban los beneficios recibidos’ y junto con su hermano Pedro Luis dejan a su madre, la viudad Isabel Borja, para ir a Roma con su tío el cardenal Alfonso Borja (Xátiva 1378).

En Roma estudia con el gramático Gaspar de Verona. Vive con su tío cardenal en Santi Quattro Coronati. En 1453 va estudiar derecho canónico a Bologna. 20 abril 1455 eligen a su tío como papa eligiendo el nombre de Calixto III. El 10 de mayo el papa lo nombra protonotario apostólico. Al mismo tiempo, su hermano Pedro Luis será prefecto de Roma. Como se puede ver, estamos en plena política nepotística. Al año siguiente, en 1456 Rodrigo pasa a ser cardenal de San Nicola in Carcere. Poco después, en 1457 vicecanciller de la Curia con palacio en Via dei Banchi Vecchi.

De todas formas, incluso tras su muerte de su tío y papa Calixto en 1458 seguirá siendo vicecanciller con Pio II, Pablo II, Sixto IV e Inocencio VIII. Su permanencia en este cargo tan complicado y de poder nos habla de sus grandes capacidades, velas desplegadas que lo hacen navegar aprovechando los vientos de muchos otros intereses.

alejandro VI pinturicchio apartamento borgia vaticano

Alejandro VI retratado en los frescos del Pinturicchio en los Apartamentos Borgia dentro de los Museos Vaticanos

«Si vede per esperienza ne’ nostri tempi quelli principi aver fatto gran cose, che dalla fede hanno tenuto poco conto, e che hanno saputo con l’astuzia aggirare i cervelli degli uomini…” Así escribía Nicolò Machiavelli en Il Principe, en 1513. Los Borgia han sido durante siglos un símbolo de esta astucia y falta de escrúpulos, encarnación de quien utiliza a los demás para sus propios fines. Sin embargo, la complejidad de sus vidas en Roma nos hace ver a las personas más allá de los esquemas, contemplándolos con ojos nuevos -ojalá como los de Tiresias- en su humanidad. Un padre amoroso, los miedos, las ambiciones, las renuncias y esfuerzos, las alianzas en el contexto de una Europa en el corazón del Renacimiento.

Los Borgia y el arte

Palacio Farnese se iniciará a construir tras el papado de Alejandro VI pero todo se gesta durante su pontificado. La relación de Alejandro VI con Julia Farnese y los avatares de Alessandro Farnese, futuro papa Pablo III, nos muestran cómo se escalan las cumbres del poder, en todo tiempo. Los Farnese son otra familia que con el arte y la arquitectura, con sus relaciones y vida, nos hablan también de cómo eran los Borgia. Roma que los cambia y que cambia con ellos.

Uno de los lugares más hermosos para recordar los Borgia en Roma es la basílica de Santa María la Mayor. Los Borgia tenían su residencia en la altura del ‘colle Oppio’ cerca de esta basílica que quedaba bajo su área de influencia. No a caso, una preciosas escaleras que llevan hacia San Pietro in Vincoli se llaman ‘salita dei Borgia‘. Su mecenazgo, la devoción, la Roma que mira hacia América, la ‘nación española’ que es envidiada y aumenta en Roma. Todo un mundo que se da cita a inicios del siglo XVI en el arte de esta basílica.

salita dei borgia vicolo scellerato

Escaleras de la Salita dei Borgia y Vicolo Scellerato

Tanto en Santa María como en el Castillo Sant’Angelo y en los Apartamentos Borgia en el Vaticano, un toro que pace, centro del escudo familiar y papal, pasa a ser el emblema de una época. Y los animales son siempre una forma para hablar de nosotros mismos. Ellos, hay que notarlo, siempre están más en alto que los hombres encarnando virtudes de los que son metáfora. Un buey, luego toro, que sereno, sin problemas, se convierte incluso en el dios Apis. En él residen fuerza y violencia, constancia y nobleza. Y al mismo tiempo, para otros, con malicia, ese toro se aproxima al Minotauro.

moneda Alejandro VI papa Borgia

Con Alejandro VI y los Borgia se llega a uno de los momentos cumbre de un proceso que inició el papa Nicolás V para convertir Roma en la ciudad de las artes, llena de obras ‘divinas’. Y los 200.000 peregrinos que llegaron a la ciudad para el jubileo del 1500 fueron otros tantos caminos para llevar Roma por Europa. En 1499, por ejemplo, Miguel Ángel creó su Piedad y Nicolás Copérnico dio clases en la universidad de La Sapienza. Un equilibrio de artes y sabiduría que se queda convertido en arquitectura en el ápice del Templete del Bramante. Todo ello mientras el papa Borgia sigue caminando en la cuerda floja del poder, con arte.

Los Borgia tras los Borgia

En una esquina de Campo dei Fiori, en el número 13 de Vicolo del Gallo vivía Vanozza Cattanei y allí nacieron los hijos que tuvo con Rodrigo Borgia. Era la famosa pensión de la Vacca que aún hoy en día conserva en el dintel el escudo en el que el toro Borgia se une con los leones de los Cattanei. En cambio, la lápida sepulcral de Vanozza hoy se encuentra en el atrio de entrada de la basílica de San Marco, muy cerca de Plaza Venezia. Un lugar muy especial para recorrer su historia al lado de la estatua de Madama Lucrezia. Con ella y otra Lucrecia,  su hija, podemos adentrarnos en la vida cotidiana de Roma y en la política internacional de la que Roma era quicio…o desquicio.

Roma Barroca y Renacentista 5

Flora de Bartolomeo Veneto. Cuadro en el que muchos ven un retrato de Lucrecia Borgia. Una flor que a lo largo del campo de la historia se ha visto sofocada por tantas espinas:
Lucrezia Borgia, di cui d’ora in ora la beltà, la virtù, la fama onesta e la fortuna crescerà, non meno che giovin pianta in morbido terreno” (L. Ariosto, Orlando furioso)

Con ellas camino por estos lares intentando imaginarlas en carne y hueso. Así lo que tanto espero no cae en el miedo. Como hicieron para que el deseo de vivir no cayera en el temor a la muerte cuando parece que tantos tienen las riendas del propio tiempo. Veo y me veo tantas veces lamentoso cuando las cosas no van según mis planes, cuando no tengo salud o no estoy en plena forma, cuando me parece no recibir la consideración justa. Con ellas, estas mujeres Borgia en Roma, entro en el campo de juego.

Ellas, mejor que nadie, juegan la gran partida en la que se acepta la realidad (campo y reglas), y conociéndola, se inventan su manera, su habilidad, su posición, y la hacen viva, cambiante: una historia. Fortuna y libertad; aceptar y transformar. ¡Qué difícil! Sin encapricharse, sin arrojar la toalla, sin enfados de energúmeno que todo destruye ni la acidia apática de quien renuncia sin hacer nada más que indicar con el dedo: ¡culpables todos!

Damos un rodeo de unos 50 años y nos encontramos en la iglesia del Gesù. Allí podremos saludar a Francisco de Borja, viudo, que ha renunciado al ducado de Gandía a favor de su hijo, y que entra en los jesuitas. Renuncia al cardenalato y pasa a ser el tercer general de los jesuitas que hará de esta orden una institución dedicada a la educación, formación y cultura. Una nueva forma de estar los Borgia en la historia. Y así, incluso un Borgia santo es patrón de la Gandía que da origen a la estirpe.

moneda alejandro vi borgia llaves

Moneda acuñada en tiempos de Alejandro VI

Sin embargo, los dos papas Borgia, que tuvieron el poder de las llaves de los cielos, no encontraron paz para su huesos hasta que, al fin, en el siglo XVIII llegan a la Iglesia de Montserrat. Podemos también seguir en Roma el recorrido que hicieron tras su muerte. Porque la memoria que se concentra en una tumba no es sólo una imagen de cómo nos representamos la muerte o la esperanza en un más allá, es sobre todo un epitafio sobre la vida. ‘Eran de un pueblo al lado del mío’ me decía emocionada una de las amigas de Isabel Baceló, mientras se sacaban una foto junto a la tumba de ambos. Valencianos de ayer y de hoy que se encuentran siguiendo el precioso libro Mujeres de Roma. Y es que los Borgia en Roma se cruzan con nosotros en tantos caminos.

Nadie los conoce

Luciano de Crescenzo, el autor de Così parlò Bellavista, también nos ha dejado en estos dos días en los que escribo este artículo. Otra de las personas que con tanto gusto he leído y me han hecho disfrutar entrando en la historia como lugar de las personas e iluminando mi historia al darme idea de mí, de los lugares y personas, que me encuentro. «Siempre habrá otro en relación al cual somos meridionales.» Verme, conocer en la relación con otros, es una de las cosas más hermosas que experimenté en sus palabras.

De lejos los Borgia son los Borgia. Pero de cerca, viéndolos en sus relaciones, cada uno tiene su nombre propio. Un padre premuroso, hijos que criar, celos y generosidad entre hermanos, envidias de vecinos, parientes que piden recomendaciones, una ciudad que crece y se transforma, los que organizan las juergas que describe Johannes Burckardt… Y también funambulistas en la cuerda floja entre España y Francia, noches sin dormir por fiestas o preocupaciones, ilusiones de un niño en la noche de Reyes cuando se descubre una nueva estatua romana: juego y avaricia, imaginación y estrategia.

nadie se conoce Goya
Museo del Prado. Capricho ‘Nadie se conoce’. Francisco de Goya

Como en este ‘Capricho’ de Goya titulado ‘Nadie se conoce’ Roma es una plaza que podemos recorrer encontrándonos con tantos enmascarados. En estas líneas el genio del pintor fue capaz de atrapar el miedo, los intereses más rastreros, bajo fingida tranquilidad. O así me parece. Noto en sus miradas a veces una violencia depredadora que estaba latente bajo sus vestidos, capas y rostros cubiertos con sonrisas siniestras. Pensando en la familia Borgia en Roma me ha venido a la imaginación este dibujo en donde el propio yo se descubre -y no precisamente luminoso, lleno de sombras, ambiguo-  cuando los rostros se cubren.