Via Giulia – Paseando por Roma, una senda de bellezas
Via Giulia otoño

Via Giulia, una senda con tantos caminos

Desde el Puente Sixto hasta Plaza dell’Oro Via Giulia, entre las calles de Roma, es una de sus sendas más hermosas. Un rectilíneo que corre junto al río acercando la zona del Vaticano hacia el Campidoglio y el Trastevere.

foto via giulia
Puente sobre via Giulia con la iglesia de Santa Maria dell’Orazione y los jardines de palacio Farnese

Via Giulia no sólo une o lleva hacia lugares. Ella misma es un camino que acoge algunas de las más hermosas alturas y profundidades de Roma. Su horizontalidad, extendida bajo nuestros pies, casi siempre en una agradable sombra, sostiene y viene atravesada por la verticalidad de tantos edificios que se yerguen para hacerse notar, brillantes de sol.

Por ella no se pasa. Mientras caminas te quedas. Es una calle hecha para ir pasando lentamente -no sólo por los sanpietrini irregulares- sino porque cada uno de sus tramos es una invitación a imaginar y pararte. Una de las pocas vías en las que la mirada se explaya en línea recta vislumbrando el punto final. Y, sin embargo, una vez divisado, nos entretenemos a cada paso.

Palabras de una fuente en Via Giulia

Asombrada.
Siempre mirando sola,
mi cabeza cortada.
¿Qué miro? ¿A dónde mira
mi pupila espantada?
Asombrada
de estar mirando todo
sin estar viendo nada.
¿Qué lloro, que no llora
por mi boca espantada?
Asombrada
de llorar por mi boca
y no por mi mirada.
Escuchadme… Soy fuente,
espanto de mi misma,
asombro de la gente.

Rafael Alberti. Poema al Mascherone de Via Giulia

Via Giulia otoño

¡Cuántas veces pasaría Alberti ante esta fuente de camino a su primera casa en Roma en via di Monserrato 80!¡Cuántas veces estos rostros, como el que está junto a Santa Sabina, nos lanzan piropos de agua siguiendo nuestros pasos mientras pasamos! Recibimos el saludo del agua, su fresco tacto que alza un poco este manto de calor que no conseguimos quitarnos. Por resquicio de fresco Roma nos susurra una caricia, «espanto de mí misma, asombro de la gente.»

Oración en Via Giulia

El cementerio fue destruido con la construcción de las murallas que contienen el río. Pero en esta calle de dulce nombre también se nos recuerda la muerte y el puente que nos une con los que están más allá. Santa Maria dell’Orazione e la Morte. Junto a ella, un puentecillo también pasa sobre via Giulia uniendo el palacio Farnese con las casas de servicio que bajaban hasta el río.

Pregunta de la maestra: «¿Por qué en Roma hay tantos puentes?», respuesta de la alumna: «Porque hay muchos ríos». Es una lógica que además de risueña esconde una verdad que sólo las poesías y la arquitectura desvelan.

via giulia dibujo de michele sangiorgi

Puente sobre Via Giulia. Dibujo de Michele Sangiorgi actualmente en el Museo del Prado

Puentes como el que se eleva sobre via Giulia y que, através de una moneda-limosna nos llevan con la imaginación al momento en que estemos más allá del tiempo. Esa moneda es ‘Hodie mihi, cras tibi’: Hoy para mí, mañana para ti. En esta forma de comunismo escatológico se parte de una seguridad: existe un para todo ‘mí’ y un para todo ‘ti’. La diferencia es el tiempo: hoy o mañana. El esqueleto alado nos recuerda de qué se trata: ¡hay bienes que se comparten incluso tras la muerte! Las monedas, en vez de viajar en la boca de los difuntos, pasan a través de esta pared como si la oscuridad de esa ranura llegase a un lugar sin tiempo ni espacio. Las cajas de la Cofradía que se ocupaba de enterrar los cadáveres de ahogados o encontrados en los campos entorno a Roma recibían estas monedas. Estamos ante la casa de estos nuevos Carontes que en su barca hacen de puente con la otra orilla. Via Giulia como los ríos de nuestra vida… y tantos puentes.

santa maria dell' orazione via giulia

Justicia, justicieros y ajusticiados

Julio II consiguió construir esta calle ‘enderezando’ la antigua via Magistralis, así llamada por alojar numerosos estudios de notarios. A partir de entonces fue una calle famosa por los artistas que allí vivieron: Raffaello, Cellini, Sangallo, Borromini que además sigue aquí, en la tumba de la familia Maderno dentro de San Giovanni dei Fiorentini. Calle internacional (sieneses, españoles, boloñeses, florentinos, napolitanos…) y llena de lugares de ensueño tan sugestivos como la Piazza dell’Oro, antiguo Tarentum en el que se recordaba a Proserpina y era una de las legendarias entradas al inframundo.

Pero antes de concluir este primer relato de nuestro paseo por Via Giulia, no puedo dejar de recordar cómo en el centro de la vida ciudadana, junto a palacios de la nobleza, talleres de artistas e iglesias, nos encontramos con las Carceri Nuove. Este edificio fue construido por Antonio del Grande en 1655 y constituía todo un ‘lujo’ en comparación con la terrible cárcel de Tor di Nona. Aquí, en via Giulia 52, se encontraba hasta 1968 el Museo Criminológico y hoy se encuentra la Dirección Nacional Antimafia. El museo, actualmente, se encuentra doblando la esquina, en Via del Gonfalone 29, en lo que fue otra cárcel de inicios del s. XIX dedicada a los menores de 20 años. Por desgracia, lleva ya varios meses cerrado y aún no se sabe cuándo reabrirá.

Carceri Nuove edificio Inocencio X entrada via giulia

Via Giulia 52, Cárcel Nueva en tiempos de Inocencio X

Roma es esta mezcla tan visible, tan real, en la que muerte, dolor y dulces bellezas se mezclan en nuestro caminar. Nada de lo humano es ajeno y se hace parte de esos eternos motivos para descubrir y descubrirnos en Roma.

Muy cerca estaba también la iglesia de S. Nicola in Furca o delli Justitiati. Lugares llenos de interés para reflexionar sobre la historia de los castigos, de la libertad, de la justicia a lo largo de la historia. Objetos y lugares que conmueven y mueven como, por ejemplo, contemplar las cosas que llevaba Passolini, su ropa, su cartera, su anillo, las llaves, un libro, cuando lo mataron.

Un poco más adelante, en el n. 66 de Via Giulia, en palazzo Sacchetti, Émile Zola colocó la residencia de los protagonistas de su novela Roma. Y así, profeta de la vida cotidiana, me parece que también él me vio pasar: «Las viejas fachadas se suceden, las contraventanas cerradas, alguna reja invadida por la hiedra, gatos arrebujados en los dinteles, tiendas oscuras, pocos los transeúntes… un carro de heno tirado por un mulo, un monje soberbio en su hábito, un velocipedista que se desliza, silencioso, con la bici que brilla al sol.»

Seguiremos, otro día, nuestro paseo por Via Giulia.