Basílica de Santa María de los Ángeles

Santa María de los Ángeles (Santa Maria degli Angeli) en Plaza de la Repubblica Roma

Santa María de los Ángeles y los Mártires

En la parte alta de Roma, junto a Termini, te espera ‘desnuda’ la basílica de Santa María de los Ángeles (Santa Maria degli Angeli, en italiano).

Desnuda. Y Lo comprenderás al verla. Al menos yo, al verla, tengo la sensación de que se ha quitado su ropa, la fachada. También ella, como las Náyades en la plaza, parece querer meterse en la fuente.

Santa Maria de los Angeles Fachada

A mediados del s. XVI los familiares del papa Julio III habían utilizado estos amplios espacios como campo de ejercicios equestres. Mientras, el sueño de construir una basílica en esos espacio esperaba el momento adecuado. Y al fin llegó. Fue el mismísimo Miguel Ángel ya anciano el que transformó en 1562 el frigidarium de las termas en una gran aula para la basílica. Eso sí, los grandes espacios se abrían a lo ancho y no a lo largo.

A lo largo de los siglos se fue revistiendo de diversos ropajes, incluso con grandes cuadros de la basílica de San Pedro. El arquitecto Vanvitelli en el s. XVIII le puso manto y corona con su fachada y los grandes trabajos en su estructura interna.

Santa María de los Ángeles y los Martires, Termas de Diocleciano

Interior de Santa María de los Angeles.

Los cartujos la recibieron como iglesia en Roma. Allí estuvieron con su convento hasta la desamortización cuando Roma pasó a ser parte de la nueva nación italiana. Y así vemos ahora la estatua de San Bruno que se encuentra en el paso desde la entrada circular hacia la gran nave.

El interior de Santa María de los Ángeles es, como ocurre tantas veces en Roma, una gran sucesión de historias que se tocan grancias a sus muros. El recuerdo del general Díaz construido por Muñoz, las reliquias de San Jerónimo, San Agustín y San Ambrosio. Y junto a ellos las tumbas de los pintores Salvatore Rosa y Carlo Maratta o del papa Pio IV.

Santa María de los Ángeles interior

Cada vez que un espacio así se transforma, no dejan de resonar los ecos de las paredes y de las bóvedas. El chapoteo, las conversaciones, de miles de personas que acudían a las termas cada tarde, siguen allí. Como las piedras que surgen en el concreto del antiguo ‘opus cementicium’ romano, así los sonidos asoman entre los trapantojos barrocos, o detrás de las grandes pinturas traídas desde San Pedro.

Ahora ya sé por qué cuando veía el San Sebastián del Domenichino me parecía escuchar las voces de los personajes. ¿Serían los ecos de los muros romanos? ¿O quizás los que recogió el muro de la basílica de San Pedro, cortado, como soporte de esta pintura mural?

Una basílica en las Termas. Un órgano maravilloso junto a un mariscal. Una meridiana con todo el zodíaco junto a la mirada severa de un cartujo.

San Sebastian del Domenichino en Santa María de los Ángeles

Cada vez me confunde, me sorprende y emociona más esta Roma, como Santa María de los Ángeles, desnuda y vestida de mil ecos.

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Guia En Roma

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