Largo del Nazareno

Cum Feris Ferus

Cuando paso por Largo del Nazareno, tras haber dejado atrás el revuelo de periodistas apostados ante la sede del PD, me paro ante el palacio de la familia Del Bufalo. En el dintel de una de sus puertas están escritas estas tres palabras que en su concisa semplicidad latina siempre me han llamado la atención: el feroz con los feroces. Me imaginaba esta casa como un recinto en el que poner al feroz junto con los feroces. Fuera no puede estar libre, al límite tiene que salir con collar y correa. Pero allí dentro, entre los feroces, puede sentirse en casa. El feroz está con los feroces.

cum feris ferus largo nazareno

Sin embargo, releyendo la frase situada sobre una cabeza felina, casi como un signo de puntuación para la lectura, me doy cuenta de que también puede ser un aviso: ser feroz con los feroces. Ante un mundo exterior en el que no faltan las fieras feroces, se aprecia alguien que sepa tratar con ellas, que hable su lenguaje, que no se deje intimidar cuando los demás gruñen, que avise y sea capaz de defender el hogar, los propios afectos, con uñas y dientes. Es curioso que la familia del Bufalo hubiera dejado este lema de los antiguos propietarios, la famosa familia Ferretti de Ancona.

palacio del bufalo largo nazareno

En el portal principal y en la fuente de Largo del Nazareno aparece, en cambio, el escudo de los Del Bufalo. Una cabeza del bravo bovino con una cinta en la que está escrito ‘Ordo’. En una ciudad con tantos intereses y mundos superpuestos, esta cabeza cornuda, un bucráneo, parece un personaje de fábula que encarne al alguacil o al policía. Búfalo o leona, entre fieras estamos. Curiosamente ambas, con su fuerza, imponen orden en el caos: reyes de una jungla de la que Roma también es símbolo.

fuente largo nazareno

Colegio Nazareno

En 1622 murió el cardenal Michelangelo Tonti, arzobispo de Nazareth, dejando en su testamento este edificio a san José de Calasanz que se encontraba en Roma. En el testamento indicaba que, además del edificio, dejaba una renta para que pudieran estudiar hasta 20 niños y muchachos cuyas familias no tuvieran recursos. Desde entonces los escolapios han mantenido esta escuela como una institución dedicada a la educación, la mejor herencia y capital para el progreso social.

Muchas cosas han pasado en esta Ciudad Eterna que tanto ha cambiado. Entre otras cosas, casi no hay niños en el centro histórico. Pero saber que aún es un ‘liceo’ con algunas clases, es todo un símbolo.

colegio del nazareno roma

Al pasar ante el edificio que da nombre a este ensanche no puedo dejar de pensar en estos 400 años con tantas luchas, primero con los familiares del cardenal que no están de acuerdo con la herencia, y luego incluso con la supresión del orden de los escolapios durante varios años. En fin, peregrinaciones y vicisitudes que forman parte de la historia de Roma.

En este mismo edificio, además, tuvo su sede la ‘Accademia degli Incolti’. Culturas de Roma que en este período quedan a barbecho, en una espera necesaria, aguardando los frutos que puedan dar luego. Mientras tanto, sólo la naturaleza parece seguir manteniendo viva la ciudad. Los ‘cercis’, el ciclamor o árbol de Judas, siguen florenciendo, aunque pocos los puedan admirar. Una belleza inculta de la que surgen hojas con forma de corazón y que sigue en espera del arte que la sepa cantar.

cercis arbol judas

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