Bernini en Roma

Bernini ha sido, es y será uno de los mejores artistas de Europa. Era arquitecto, pintor y escultor, aunque en este post venimos a hablar de su trabajo como escultor.  Bernini no sólo destacaba por sus obras en sí, sino también por el esmero y la satisfacción que le daba trabajar y realizar sus creaciones.  Además de lo anterior, conseguía sacarle mucho beneficio económico sin importarle para quién estaba trabajando que en este caso era para los más poderosos, los papas.

Todo esto le hacía destacar entre otros artistas importantes de la historia, como Leonardo da Vinci, que no parecía satisfecho con sus magníficas obra, ya que estaba profundamente obsesionado por la perfección. En cambio, Bernini siempre estaba orgulloso de las suyas.

cabra amaltea bernini

Escultura  Cabra Almaltea en la Galleria Borghese, escultura de Bernini.

Roma te enseña a Bernini

Tenemos que tener en cuenta que para contemplar el talento de Bernini hay que venir a Roma, es imposible entenderlo solo con leerlo o explicarlo. En Roma habita la verdadera esencia de Bernini, en sus esculturas, en sus edificios y en la influencia que dejó.

 Bernini y Borromini

Borromini (1599-1667), fue un arquitecto suizo-italiano considerado uno de los máximos exponentes del barroco italiano, lo que le convertía en la competencía de Bernini. Los dos coincidieron en Roma en su juventud. Estos dos artistas tenían personalidades completamente diferentes. Bernini era extrovertido, con don de gentes, alegre, respaldado y querido por las personas más poderosas de Roma. En cambio, Borromini era una persona triste, introvertida y solitaria. Actitud que hacía hartar a sus clientes.

plaza navona en Roma

Iglesia de Sant’ Agnese in Agone de Borromini enfrente de la Fuente de los Cuatro Ríos de Bernini. Piazza Navona.

La rivalidad entre Bernini y Borromini

La rivalidad entre Bernini y Borromini comienza cuando este último llega a Roma con 19 años y se convierte en la mano derecha de Carlo Maderno, arquitecto que por entonces trabajaba en la basílica de San Pedro.

Fue en 1624 cuando apareció Bernini por orden del papa Urbano VIII con el objetivo de conseguir el proyecto de la realización del balda­quino, que debía levantarse sobre el lugar donde, según la tradición, des­cansaban los restos de San Pedro. El Vaticano organizó un concurso para elegir quién sería su diseñador. Pero se piensa que ya estaba decidido, ya que se han encontrado documentos que demuestran que Bernini estaba pidiendo los materiales que necesitaría antes de la finalización del concurso. Todo esto entristeció profundamente a Carlo Maderno y Borromini, ya que Bernini era un joven arquitecto sin todavía mucha experiencia y en cambio ellos llevaban trabajando en la basílica mucho tiempo.

Todo esto era solo el principio, cuando murió Maderno. Borromini pensaba que sería su sucesor en el puesto de arquitecto de la fábrica de San Pedro. Pero no fue así, fue para Bernini, cosa que volvió a entristecer a Borromini. Pero a pesar de todo esto Borromini aceptó trabajar para Bernini. Esto duró cinco años. Ambos emprendieron los dos grandes proyectos de ese momento, San Pedro y el palacio Barberini, de la familia del Papa.

Pero esta relación laboral se estropeó cuando Bernini pactó un precio especial para él con una empresa que trabajaba para ellos. Esto hizo que Borromini tomase la decisión de trabajar por su cuenta.

Mientras tanto, Bernini tuvo problemas, ya que se había saltado los planos originales de Maderno, y utilizó materiales mucho más pesados que pusieron en peligro toda la arquitectura de la basílica. Esto lo utilizó Borromini para hacer una campaña muy crítica contra él.

Finalmente, el papa Inocencio X mandó derruir el campanario y cedió el encargo a Borromini. Por una vez en la vida de Borromini la suerte estaba a su favor.

Bernini y sus inicios

Bernini (1598-1680), nacido en Florencia  y de padre florentino, se fue afianzando poco a poco en Roma. Comenzó su carrera entre cardenales y fue precisamente el cardenal Scipione Borghese quien, atónito por su talento, le encargó sus primeras esculturas: Eneas y Aquiles, Apolo y Dafne, el rapto de Proserpina y el David, todas ellas destinadas a la casa de Borghese. Aún hoy en día  estas obras se encuentran allí y os aconsejamos que las visitéis para disfrutar de la penetración del escultor en la esencia de sus personajes y la excelsa manera de trasladarla al mármol.

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El rapto de Proserpina en la Galleria Borghese, una de las obras maestras de Bernini en Roma

En cuanto a sus esculturas, si hablamos de Proserpina, podemos ver como nos trasmite la desesperación y la máxima expresión del desaliento. Aún estando Proserpina atrapada por las manos de Plutón que se le hunden en su cuerpo mientras intenta desesperadamente escapar sin éxito nos transmite una sensación de movimiento.

A Bernini le gustaba plasmar en sus esculturas el cuerpo desnudo. Cuando el artista recibía críticas por ofender el pudor ajeno hacía, de todas formas, sus esculturas con posturas procaces. Así lo podemos observar en los ángeles sin sexo del puente de Sant´ Angelo. Todos ellos con gestos alborozados pese a llevar en sus manos signos de la Pasión de Cristo. Otro ejemplo de la obra de Bernini que demuestra desnudez, pero no por fuera, es la escultura de la Santa Teresa en Santa Maria della Vittoria. La desnudez de esta se encuentra en su actitud. Se refleja en su rostro de éxtasis, la caída de sus parpados, la boca entreabierta, la cabeza ladeada… Y sin hablar del efecto de flotar en el aire, como manifestan sus manos y sus pies al estar caídos, demostrando así la entrega de amor absoluto a Dios.

Bernini y sus fuentes

Pero no podemos olvidar que Bernini donde mejor se expresaba artisticamente era en las fuentes.  Por ejemplo, en Piazza Navona, una de las plazas más bonitas de Roma y del mundo, podemos encontrar la fuente de los Cuatro Ríos. Realizada por encargo del Papa Inociencio X. Esta maravilla se situa enfrente de la iglesia de Santa Agnese donde podremos difrutar de una aténtica obra maestra en pleno casco histórico de Roma. En esta fontana, los cuatro gigantes de mármol representan  cada uno los  ríos más importantes del mundo, el  Nilo, el Danubio, el Ganges y el Río de la Plata. Simbolizando así en esta fuente los cuatro continentes  y cada uno de ellos acompañados de detalles que los hacen únicos.

Sin lugar a duda, una auténtica maravilla que hay que ver obligatoriamente para apreciar una vez más el arte de este auténtico genio del barroco italiano.

Plaza Navona de noche

Fuente de los Cuatro Ríos situada en Piazza Navona

La tumba de Bernini en Roma

Si queremos visitar la tumba de Bernini, tenemos que ir a la Basilica di Santa Maria Maggiore. Una de las cuatro basílicas más grandes de Roma. La tumba de Bernini se encuentra a la derecha del altar de esta basílica. Él, que se dedicó a diseñar esculturas grandiosas para las tumbas de los más poderosos de la época, tiene en cambio, sólo un humilde epitafio que reza a toda su familia.

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Tumba de Bernini en Roma, Santa María la Mayor 

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