Capilla Sixtina

Capilla Sixtina

Siguiendo a nuestro guía en una fila enorme y variopinta. Llegamos a la Capilla Sixtina, uno de los lugares más esperados y simbólicos de Roma.

Moisés guía al pueblo de Israel

Sandro Boticelli. Moisés que guía el pueblo de Israel.

‘No fotos’ ‘Silencio, por favor’ en todas las lenguas. El acceso a la Capilla Sixtina, tras las estrechas escaleras, no es muy acogedor. Entras en fila, sin poder pararte hasta que encuentres un pequeño espacio de pie. Por tanto, lo primero que aprecias en la Capilla Sixtina es el suelo para ver dónde pones los pies, siguiendo el movimiento de la fila instigada por los vigilantes. No puedes parar ni mirar alrededor, sin interrumpir, para que el flujo no se interrumpa.

Aunque los guías no puedan dar explicaciones, ellos son los únicos mudos. El rumor de la gran cantidad de gente que hace comentarios te rodea. Además, es inevitable que tantas personas -para las que la mirada y la memoria no bastan- saquen los móviles y hagan fotos. Entonces, con furia, surgen auténticas admoniciones tronantes: ‘he dicho, no fotos, ¿entendido?’

Entrañable

Entrañas de mujer, de madre.

No es una casualidad que la Capilla más famosa del mundo, en la que nacen los Papas, esté dedicada a María. En su forma, construida según lo más santo de lo santo del Templo, y en sus imágenes contiene una letanía de piropos y alusiones a ella. Los colores, las formas, las pinturas son los cantos de una madre que acompañan la gestación anunciando a su criatura, con su voz, con su alegría, cómo es la vida en la que está sumergida.

Aquí encontramos personas que, por su edad, parecen no vivir ya el presente de los que cuentan. Este es el refugio de la memoria. El lugar de espera y de diálogos entre lo que fue y lo que es. La línea de palabras que va desde un momento inicial sin tiempo hasta el momento final en el que el tiempo termina.

Para hablar de un hombre, Jesús, es necesario entender que su tiempo comienza con María. Para poder iniciar su vida, como todos, no coge ni aferra, recibe. Todo lo que se había hecho -luz, animales, hombre, alianzas- fue hecho para que en ella culminase una historia que ha encarnado la de todos. De ahí que la historia antes de ella se pueda ver como profecía -profetas y sibilas a coro- y surja de ella luego como camino que es una convocación. Esto presupone que haya un inicio y un fin, no sólo en cada persona sino en toda la historia. Al mismo tiempo, es necesario que exista una trama que una y construya paso a paso esa historia, comenzando cada vez por una mujer. Ginearquitectura.

Raquel en los frescos de la Capilla Sixtina

Raquel en la Capilla Sixtina. Miguel Angel Buonarroti

Quizás por ello yo llamaría matriz a este pequeño espacio en comparación con la contigua basílica de San Pedro. Aquí no se habla del ‘Tu es Petrus” sino de Eva, María y la iglesia, los convocados. Las tres están ilustradas en una etiqueta de formas y colores: la letra pequeña. De hecho, podemos apreciar claramente la procedencia, construcción y fecha de caducidad de este producto llamado historia identificado con vidas concretas. En medio del caos, fortuna o desesperación, podemos contar con un diseño.

En este espacio no nos encontramos con un Panteón ni un Olimpo con dioses familiares fuera del tiempo, jugando caprichosamente con sus super poderes. La historia de este Jesús que algunos reconocen como Dios está unida a la de un abuelete, a una bisabuela, etc. Una genealogía con retratos de quienes, con su pobre carne y tiempo, lo unen a la primera locura que destruyó la soledad con una palabra. Y allí están. Como Zacarías, los podemos encontrar, más o menos escondidos, al final de los tiempos.

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Zacarías asomándose entre Juan Bautista (izquierda) y José. Detalle del Juicio Universal en la Capilla Sixtina.

Por una parte, lo que ves ilumina tu conocimiento pero también se comprueba que ‘se ve sólo lo que se sabe’. Contradicciones necesarias. Curioseamos, pues entre tantos personajes y elementos: ‘Dei arcana inspicere’. Contemplamos en la Capilla Sixtina los misterios de la historia en la que según la visión judeo cristiana se mezcla lo divino y lo humano, lo más espiritual con las necesidades más corporales. La gestación de esta mezcla es el tiempo de la espera.

El gusto en los ojos

En la pared de la izquierda Moisés viste el manto verde de la esperanza. Es una espera y un cultivo ‘biológicos’ de frutos costosos y luchas acres, de respeto a la naturaleza de las cosas: a la aridez del desierto y la dureza del corazón.

En el tiempo y los intercambios nutrientes de la naturaleza está el sabor. Aunque pueda parecer lento, anticuado y rígido, el cultivo sabroso es el que tiene en cuenta la naturaleza de las cosas. Tenemos siempre tantas ganas de intervenir. Queremos que prevalezcan nuestras decisiones sobre la realidad en el mejor de los casos pensando de mejorarla. En nombre de la libertad en vez de fortalecer los procesos y defenderlos en lo posible a veces nos cargamos  -dejando sin futuro una historia- el tiempo y la naturaleza. Pretendemos así la perfección, lo que consideramos que sea adecuado, y queremos incluso eliminar lo que no nos conviene o lo que nos recuerda nuestros límites.

Aquí no. La historia manchada de rojo, en su carne cortada, en sus alianzas para sobrevivir, aparece casi desnuda, con ligeros paños que no son los de Daniele da Volterra sino la interpretación alegórica. Cultivar y respetar, difícil equilibrio.

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Con la luz se ve

En la pared de la derecha la esperanza llega a ver la luz. Jesús tiene siempre un manto azul. La historia continúa, ahora colorada una luz nueva en intensidad y color. La historia se anuda en cada generación para que la luz venga entregada. Una antorcha y testigo para poder iluminar el pasado y diseñar el futuro. Se sigue trenzando esa cuerda formada por tantos hilos, con nudos pero sin rupturas.

Tan fuerte es la participación en la historia, la unidad y fuerza de esa cuerda, que incluso las batallas y luchas, los pasos desandados, permanecen. Es entonces cuando tantos buscan la alegoría. Se encuentra así un significado espirtual que va más allá de la letra. Lugares como la Expositio super septem visiones libri Apocalypsis han ofrecido a los artistas ojos nuevos para contemplar la historia.

Moisés y la zarza ardiente Botticelli
Moisés y la zarza ardiente. Boticelli, Capilla Sixtina

Con esta mirada, por ejemplo, la zarza ardiente es imagen de María: manifiesta a Dios y al mismo tiempo permanece intacta. Arde sin consumirse. No por nada Sixto IV, el papa franciscano que determina la construcción de la Capilla Sixtina, es el mismo que defiende la Inmaculada.

El mismo Moisés es alegoría y anticipación de Jesús. De ahí que la cesta que lo lleva en la corriente del río hacia una nueva vida pase a ser otro símbolo de María. Por otra parte, Moisés es también alegoría del papa, conductor del pueblo pero que tiene que descalzarse y obedecer. No en vano para la tumba de Julio II Miguel Angel consigue realizar su maravilloso Moisés.

La alegoría funciona como un nuevo nacimiento. La vida nueva se basa y asume la historia de esa carne con la novedad de la diversidad. Esa maravillosa diferencia de hombres y mujeres puede ofrecer novedad, como garantía de vida renovada. El cuerpo de letra tiene un alma nueva, hija de otros ojos que miran con otra luz vestida de rojo pero recubierta con un manto azul.

Titanes y hombres en la Capilla Sixtina

Para Rafael Sánchez Ferlosio, romano de nacimiento, estas figuras del Juicio Universal el recordaban a culturistas o personajes de un gimnasio. No le gustaban.

Quizás porque era un titán de trabajo, Miguel Ángel representa la humanidad con el cuerpo monumental, como titanes. El torso del Belvedere será el arquetipo del cuerpo lleno de poder y vida en movimiento. A mí me parecen cuerpos hinchados tras haber vencido la historia, agigantados, que casi asustan.

Sin embargo, no hemos de olvidar que antes de que Miguel Angel pintase el juicio universal en la pared había un fresco del Perugino. En él aparecía María (Inmaculada – Asunta) con los apóstoles y dos escenas a los lados: el pequeño Moisés dejado en el Nilo y el nacimiento de Jesús. Ahora María está al lado de un Jesús titánico y hermoso como un apolo. Parce que los humanos, al final de la historia, seremos dioses. Pedro, con sus llaves ya inútiles (no tienen el aro con el que poder girarlas para abrir o cerrar) es un gigante, un hércules.

juicio universal capilla sixtina pedro

Pasó una tarde y llegó un día nuevo, medio siglo después. Una nueva generación. Un paso nuevo. No sólo se reviven los episodios de la historia antigua con sus miserias y portentos, sino la representación actual de esa historia, de los cuerpos en el tiempo que pasa. Tanto es así que María con otro Miguel Angel, el Caravaggio, podrá tener el rostro de una cortesana, Lena. Pedro entonces será un viejecillo, enjuto, con la única fuerza de la silenciosa resistencia.

Siguen siendo héroes, pero en los que podemos encarnarnos con nuestras historias, debilidad y tiempo. Nuevos protagonistas en el gran teatro del barroco del que también formamos parte nosotros. Iguales a nosotros que somos tan distintos, cada uno hijo de su padre y de su madre.

Santa María del Popolo Caravaggio crucifixión de San Pedro

Información útil para visitar la Capilla Sixtina

La Capilla Sixtina se encuentra en el interior de los Museos Vaticanos. De ahí que observe los mismos horarios de apertura y cierre.

En algunas ocasiones, para celebraciones particulares del Papa, la Capilla puede estar cerrada a las visitas turísticas.

Si quieres hacer tu propia experiencia con un guía privado te ofrecemos nuestra Visita guiada personalizada en la Capilla Sixtina y Museos Vaticanos.

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