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La Capilla Sixtina es, sin lugar a dudas, la capilla más conocida en todo el mundo. Una fama merecida. Innumerables son los tesoros que ella conserva y que pone a disposición de todos para poder admirarlos y concerlos. Su historia, es nuestra historia. Su bellezza, universal.

Aviso: en determinados periodos, el Juicio Final puede estar parcialmente cubierto por trabajos de restauración. Confirma la disponibilidad antes de tu visita.

«No fotos», «silencio, por favor» se escucha en todas las lenguas. El acceso a la Capilla Sixtina, tras las estrechas escaleras, no es muy acogedor. Entras en fila, sin poder pararte hasta que encuentres un pequeño espacio de pie bajo la gran bóveda. Por tanto, lo primero que aprecias en la Capilla Sixtina es el suelo. Miras dónde pones los pies y sigues el movimiento de la fila instigada por los vigilantes. No puedes parar ni mirar alrededor, atento, para que el flujo no se interrumpa. Y, sin embargo, es una de las maravillas, uno de los lugares que ver en Roma y que todos esperamos.

Nos convoca en la Capilla Sixtina una creación divina y humana.

Siguiendo a nuestra guía en una fila enorme y variopinta, llegamos a la Capilla. Es la tan esperada Sixtina, símbolo de Roma como paraíso del arte.

«Si la vida eterna, la gloria y el cielo fueran
lo que Miguel Ángel pintó en la Capilla Sixtina
el mundo sería arte y belleza y no vida y comedia.
Tanta gente allí en las alturas como turistas abajo.»

(Roma, Manuel Vilas)

Aunque las guías no puedan dar explicaciones, ellas son las únicas mudas. El rumor de la gran cantidad de gente que hace comentarios te rodea. Además, es inevitable que tantas personas, para las que la mirada y la memoria no bastan, saquen los móviles y hagan fotos. Entonces, con furia, surgen auténticas admoniciones tronantes: «he dicho, no fotos, ¿entendido?».

¿Por qué se llama Sixtina?

En primer lugar, el nombre de la capilla más famosa del mundo se debe al papa que la hizo construir, Sixto IV. A finales del siglo XV, este papa franciscano decide construir una Capilla Palatina, en el interior de los apartamentos y residencia pontificia. Para ello, llama a arquitectos de confianza (Giovanni de’ Dolci, Baccio Pontelli) y a los mejores artistas florentinos. Es una capilla que oficialmente está dedicada a la Asunción de María, pero que todos conocemos como Sixtina.

Curiosamente, no es la única capilla de Roma con este nombre. Otro papa, también franciscano y también Sixto, en este caso Sixto V, un siglo más tarde, hará construir otra capilla Sixtina. Es menos famosa, sin embargo, no por ello con una hermosura que podamos dejar de visitar en Santa María la Mayor.

Cómo evitar las colas en la Capilla Sixtina

En primer lugar, la Capilla Sixtina se encuentra en el interior de los Museos Vaticanos. De ahí que observe los mismos horarios de apertura y cierre. Esta capilla es, por así decirlo, el arca de sus tesoros. Por tanto, si buscas información sobre las entradas a la Capilla Sixtina, basta con comprar el billete de los Museos Vaticanos. O, mejor aún, reservar nuestra visita guiada al Vaticano y la Capilla Sixtina.

Información para visitar la Capilla Sixtina

Entradas y precios:

Consulta los precios de las entradas a los Museos Vaticanos

Horarios:

Dias de cierre:

En algunas ocasiones, para celebraciones particulares del Papa, la Capilla puede estar cerrada a las visitas turísticas.

En la misma zona:

Cómo llegar:

En Metro: Línea A, paradas Ottaviano o Cipro
En Bus: 49, 32, 81, 982 (Piazza del Risorgimento 5 minutos a pie), 492, 990, Via Leone IV / Via degli Scipioni (5 minutos a pie)
En Tram: 19, Piazza del Risorgimento
-Con nuestro servicio Traslados en Roma

Ubicación:

Dentro de los Museos Vaticanos

Si quieres una experiencia personalizada con un guía privado, te ofrecemos también nuestra visita guiada privada a la Capilla Sixtina y los Museos Vaticanos.

La capilla dedicada a María: entrañas de mujer, de madre

No es casualidad que la Capilla más famosa del mundo esté dedicada a María. Su forma está construida según lo más santo de lo santo del Templo de Salomón. Además, en sus imágenes contiene una letanía de piropos a ella. Los colores, las formas y las pinturas son los cantos de una madre que acompañan la gestación, anunciando a su criatura. Con su voz forma una «Oh» de sorpresa, esperanza y maravilla, como la vida en la que está sumergida. María de la O podría ser, en efecto, el nombre de esta capilla.

El tiempo de la espera

Aquí encontramos personas que, por su edad, parecen no vivir ya el presente de los que cuentan. Este es el refugio de la memoria y también del futuro. Es decir, el lugar de espera y de diálogos entre lo que fue, lo que es y será. La línea de palabras que va desde un momento inicial sin tiempo hasta el momento final en el que el tiempo termina.

Coro de la Capilla Sixtina en pruebas durante un concierto en el Vaticano
Durante las pruebas del Coro de la Capilla Sixtina preparando el concierto de Navidad en el Vaticano

Por otra parte, para hablar de un hombre, Jesús, es necesario entender que su tiempo comienza con María. Para poder iniciar su vida, como todos, no coge ni aferra: recibe. Todo lo que se había hecho (luz, animales, seres humanos, alianzas) fue hecho para ella. En María culmina una historia que encarna la de todos. Y, como la de todos, su Navidad es una alegría escondida, aunque luego se convierta en inicio de un tiempo nuevo.

De ahí que la historia antes de ella se pueda ver como profecía: profetas y sibilas a coro. Después, surge de ella como camino que es una convocación. Esto presupone que haya un inicio y un fin, no solo en cada persona, sino en toda la historia. La bóveda de la Capilla Sixtina contiene el inicio, la primera luz, la Creación de Adán. Y al final, en la pared, el último fresco de Miguel Ángel, que representa también el final de la historia.

Al mismo tiempo, es necesario que exista una trama que una paso a paso esa historia, comenzando cada vez por una mujer. Ginearquitectura.

El «diseño» de la Capilla Sixtina

De hecho, quizás por ello yo llamaría «matriz» a este pequeño espacio. La contigua basílica de San Pedro, en cambio, juega en otra escala. El contraste entre los colores, materiales y arquitectura de la Capilla Sixtina y de la contigua basílica de San Pedro es muy fuerte e ilustrativo. Son dos mundos, dos épocas, cercanas y tan distintas en su significado, incluso externamente. Se ve muy bien desde el «jardín secreto», y lo notó con precisiones geométricas M. C. Escher.

Grabado de M. C. Escher con la Capilla Sixtina y la basílica de San Pedro
La Capilla Sixtina a la derecha y la basílica de San Pedro. Obra de M. C. Escher.

En la Capilla Sixtina no se habla del «Tu es Petrus», sino de Eva, María y la iglesia, los convocados. Las tres están ilustradas en una etiqueta de formas y colores: la letra pequeña. De hecho, podemos apreciar claramente la procedencia, construcción y fecha de caducidad de este producto llamado historia, identificado con vidas concretas. En medio del caos, fortuna o desesperación, podemos contar con un diseño.

Los misterios de la historia

En este espacio no nos encontramos con un Panteón ni un Olimpo. No hay dioses familiares fuera del tiempo, jugando caprichosamente con sus superpoderes. La historia de este Jesús que algunos reconocen como Dios está unida a la de un abuelete, a una bisabuela, etc. Es una genealogía con retratos. Con su pobre carne y tiempo, lo unen a la primera locura que destruyó la soledad con una palabra. Y allí están. Como Zacarías, los podemos encontrar, más o menos escondidos, al final de los tiempos.

Detalle de Zacarías entre Juan Bautista y José en el Juicio Final de la Capilla Sixtina
Zacarías asomándose entre Juan Bautista (izquierda) y José. Detalle del Juicio Universal en la Capilla Sixtina

Por una parte, lo que ves ilumina tu conocimiento. Pero también se comprueba que «se ve solo lo que se sabe». Son contradicciones necesarias. Curioseamos, así, entre tantos personajes y elementos: Dei arcana inspicere. En efecto, contemplamos en la Capilla Sixtina los misterios de la historia. Según la visión judeocristiana, en ella se mezclan lo divino y lo humano. También lo más espiritual con las necesidades más corporales. La gestación de esta mezcla es el tiempo de la espera.

El gusto en los ojos

Por ejemplo, en la pared de la izquierda, Moisés viste el manto verde de la esperanza. Es una espera y un cultivo «biológicos» de frutos costosos y luchas acres. De hecho, exige respeto a la naturaleza de las cosas: a la aridez del desierto y a la dureza del corazón.

En el tiempo y los intercambios nutrientes de la naturaleza está el sabor. Aunque pueda parecer lento, anticuado y rígido, el cultivo sabroso es el que tiene en cuenta la naturaleza de las cosas. Tenemos siempre tantas ganas de intervenir. Queremos que prevalezcan nuestras decisiones sobre la realidad, en el mejor de los casos pensando en mejorarla. En nombre de la libertad, en vez de fortalecer los procesos y defenderlos, a veces nos cargamos el tiempo y la naturaleza. Y, así, dejamos sin futuro una historia. Pretendemos así la perfección, lo que consideramos adecuado. Queremos incluso eliminar lo que no nos conviene o lo que nos recuerda nuestros límites.

Sin embargo, aquí no. La historia, manchada de rojo, aparece casi desnuda. Lo hace con ligeros paños que no son los de Daniele da Volterra, sino la interpretación alegórica de su carne cortada y sus alianzas para sobrevivir. Cultivar y respetar, difícil equilibrio.

Booz, antepasado de Cristo, pintado por Miguel Ángel en la bóveda de la Capilla Sixtina

Con la luz se ve

En cambio, en la pared de la derecha, la esperanza llega a ver la luz. Jesús tiene siempre un manto azul. La historia continúa, ahora colorada, con una luz nueva en intensidad y tonos. Asimismo, la historia se anuda en cada generación para que la luz venga entregada. Es una antorcha para poder iluminar el pasado y diseñar el futuro. Se sigue trenzando esa cuerda formada por tantos hilos.

Tan fuerte es la participación en la historia que incluso las luchas permanecen. Es entonces cuando tantos buscan la alegoría. Se encuentra así un significado espiritual que va más allá de la letra. Lugares como la Expositio super septem visiones libri Apocalypsis han ofrecido a los artistas ojos nuevos para contemplar la historia.

Moisés y la zarza ardiente, fresco de Botticelli en la Capilla Sixtina
Moisés y la zarza ardiente. Botticelli, Capilla Sixtina

Con esta mirada, por ejemplo, la zarza ardiente es imagen de María: manifiesta a Dios y, al mismo tiempo, permanece intacta. No por nada Sixto IV, el papa franciscano que determina la construcción de la Capilla Sixtina, es el mismo que defiende la Inmaculada.

Moisés, alegoría del papa

El mismo Moisés es alegoría de Jesús. De ahí que la cesta que lo lleva hacia una nueva vida pase a ser otro símbolo de María. Por otra parte, Moisés es también alegoría del papa, conductor del pueblo pero que tiene que descalzarse y obedecer. No en vano, para la tumba de Julio II en San Pietro in Vincoli, Miguel Ángel consigue realizar su maravilloso Moisés.

La alegoría funciona como un nuevo nacimiento. La vida nueva asume la historia de esa carne con la novedad de la diversidad. Esa diferencia de hombres y mujeres puede ofrecer novedad, como garantía de vida renovada. El cuerpo de letra tiene un alma nueva, hija de otros ojos que miran con otra luz vestida de rojo, pero recubierta con un manto azul.

Titanes y hombres en la Capilla Sixtina

Para Rafael Sánchez Ferlosio, estas figuras del Juicio Final le recordaban a culturistas o personajes de un gimnasio. No le gustaban.

Quizás porque era un titán de trabajo, Miguel Ángel representa la humanidad con cuerpos monumentales. El Torso del Belvedere, esa maravillosa escuela de esculturas, será el arquetipo del cuerpo lleno de poder y vida en movimiento. A mí me parecen cuerpos hinchados tras haber vencido la historia, que casi asustan.

Del Renacimiento al Barroco

Sin embargo, no hemos de olvidar que antes de que Miguel Ángel pintase el Juicio Universal en la pared, había un fresco del Perugino. En él aparecía María (Inmaculada y Asunta) con los apóstoles. A los lados, dos escenas: el pequeño Moisés dejado en el Nilo y el nacimiento de Jesús. Ahora María está al lado, no interviene en el trabajo de un Jesús titánico y hermoso como un Apolo. Parece que los humanos, al final de la historia, seremos dioses. Pedro, con sus llaves ya inútiles (no tienen el aro con el que poder girarlas) es un gigante, un Hércules.

San Pedro como un gigante en el Juicio Final de la Capilla Sixtina

María según Caravaggio

Después, pasó una tarde y llegó un día nuevo, medio siglo más tarde. Una nueva generación. No solo se reviven los episodios de la historia antigua con sus miserias y portentos. También se revive la representación actual de esa historia, la de los cuerpos en el tiempo que pasa. Tanto es así que María, con otro Miguel Ángel, el Caravaggio, podrá tener el rostro de una cortesana, Lena. Pedro, entonces, será un viejecillo, con la única fuerza de la silenciosa resistencia.

Sin embargo, siguen siendo héroes en los que podemos encarnarnos con nuestras historias y debilidades. Son nuevos protagonistas en el teatro del barroco, del que también formamos parte. Iguales a nosotros, que somos tan distintos, cada uno hijo de su padre y de su madre.

Una llave abre una puerta de la Sixtina teniendo enfrente el Juicio Universal. Otra llave cierra la Capilla Sixtina. Junto a esa puerta, una estufa eleva señales de humo. Anuncian, como el lloro del recién nacido, que la historia de Pedro sigue por elección. Igual que las nuestras, por herencia.

Sala Regia del Vaticano preparando los tapices de Rafael para la Capilla Sixtina
En la preciosa sala Regia preparando los tapices de Rafael que se expusieron en forma extraordinaria en la Capilla Sixtina. La puerta abierta es la que da acceso a esta capilla, la puerta que se cierra «con-clave» y por la que entran los cardenales para la elección del pontífice.

Pinturas, eternas y frágiles

Por otra parte, la maravillosa creación de Miguel Ángel parece estar destinada a durar para siempre. Y, al mismo tiempo, aunque parezca divina, es humana y esconde grandes fragilidades. El tiempo, el humo y los visitantes oscurecen los colores; los materiales se resquebrajan. Incluso los terremotos agrietaron e hicieron caer la famosa mano de Adán, restaurada posteriormente. Piensa, por ejemplo, que el 23 de abril de 1891, cerca de Porta Portese, explotó el Arsenal de la ciudad con 265.000 kilos de explosivo. Las consecuencias de tal desastre llegaron hasta la Capilla Sixtina. De hecho, gran parte de una figura desnuda sobre la Sibila Délfica precipitó al suelo, junto con todos los cristales de las ventanas.

La historia de una ciudad que quisiera ser eterna participa también de los vaivenes de la historia. La Capilla Sixtina es, en efecto, una buena muestra en lo que vemos y en lo que ya no está.

El espíritu es creador y no es solo inspiración, sino un digitus paternae dexterae, el dedo derecho del Padre. Quizás Michelangelo tuvo en consideración estas palabras del Veni Creator Spiritus a la hora de realizar el punto central y más alto de la Capilla Sixtina. Por tanto, para que esa creación continúe y se mantenga, también hoy hacen falta muchos diestros dedos que la cuiden y la hagan durar.

Galdós ante la Sixtina

«La contemplación de la Capilla Sixtina y singularmente de su incomparable techo confunde y anonada. Es una de las obras más asombrosas que ha producido el ingenio del hombre, una verdadera creación en el sentido más concreto de la palabra. En ninguna de las obras de Miguel Ángel se ve, como aquí, el poder de su ingenio robusto, en el cual parece que se aúnan milagrosamente el paganismo y la fe cristiana. Es la más hermosa página teológica que se ha compuesto en honor del dogma, y todas las literaturas de los Santos Padres palidecen ante esta inspirada composición simbólica. Arquitectura, escultura y pintura forman conjunto estético de tanta hermosura que la vista fascinada no puede apartarse de la composición.

Las sibilas y profetas, sirviendo como de marco a las representaciones del Génesis y destacándose por el vigor de los escorzos y la atlética musculatura, nos presentan los asuntos bíblicos con más energía que la Biblia misma. Es una ilustración que casi supera en majestad y grandeza al texto mismo.»

(Pérez Galdós)

Si quieres vivir esa misma sensación que describía Galdós, reserva nuestra visita guiada al Vaticano y la Capilla Sixtina con experto en español. Te llevamos sin colas, con tiempo para mirar arriba y entender cada figura, cada gesto y cada secreto que Miguel Ángel encerró bajo la bóveda.

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