Iglesia de Monserrat en Roma: Santa María de Montserrat y Santiago de los Españoles

Caminando por via di Monserrato, tras pasar ante el edificio que albergó la Corte Savella y recordar a Beatrice Cenci, entramos en la iglesia de Montserrat.

Nos acoge la música del s. XV de la coral polifónica ‘Iubilate’ de Murcia durante los ensayos previos a un concierto. Mientras la mirada queda prendida en la bóbeda iluminada nos sentamos. Este trabajo de decoración del artista Giuseppe Camporese a inicios del s. XIX juega con nuestra mirada.

iglesia de montserrat roma nave

Al fondo, nuestros ojos encuentran una gran tabla de altar pintada por el Sermoneta. Colores de un triste atardecer rojizo con una cruz que parece elevarse más allá de las nubes. Representa la crucifixión de Jesús y proviene de la iglesia de Santiago en Plaza Navona. Es el momento en que empezamos a recordar cómo la historia de estas dos iglesias se ha ido entrelazando. Ambas iniciaron como punto de referencia y hospitales – alojamientos para las personas que llegaban a Roma provenientes de los reinos de Castilla-León y Aragón. La iglesia de Montserrat llegó a cerrarse en 1798 mientras que la de Santiago fue vendida en 1878.

Revive la piedra en la iglesia de Monserrat

Con un gesto Giovanni nos invita a seguirle. Vamos hasta la parte izquierda del altar y accedemos a una sala en penumbra. Cuando Giovanni nos enciende las luces se nos desvela una gran escultura, mausoleo imponente en mármoles blancos y negros. Sin embargo, con picardía, una mano nos indica que no nos dejemos deslumbrar. Nos invita a disfrutar allí al lado, en la misma pared, pero con un decorado menos aparatoso. Recogemos, así, con el tacto y la vista una huella imperecedera en la que el arte parece vencer el tiempo y la caducidad.

escultura pedro foix de montoya bernini iglesia de montserrat roma
Monumento funerario de Pedro Foix de Montoya realizado por Gian Lorenzo Bernini

Pedro Foix de Montoya nos contempla, con cierto aire de fastidio, desde el lejano 1620. Quizás se trate sólo del efecto de ese rostro excavado de carrillos huesudos y una boca sin carne bajo el gran bigote. Su mirada hipnotiza y nos invita a seguirla hipotizando qué le tiene tan absorto. Quizás contemplaba otra maravillosa escultura que para él realizó también Gian Lorenzo Bernini. Tal vez Foix de Montoya contempla su ‘anima dannata‘ como destino posible o como actualidad, gritando de miedo o locura. Resuenan en mí aquellas palabras del titánico Miguel Ángel poeta al final de su vida:

Gli amorosi pensier, già vani e lieti,
che fien or, s’a duo morte m’avvicino?
D’una so ‘l certo, e l’altra mi minacia.

La muerte eterna, la condena, lo amenazaba. La otra, en el tiempo, es cierta y así le llegó en 1630 a don Pedro.  Sin embargo, viéndolo aquí como si algo de su alma quedase atrapado en la piedra que traspasa los siglos, parece que en cierta manera la ha engañado. Tal vez el arte también a él le sugiere intentos por perdurar.

Locura en vida o sufrimiento más allá de ella. Su frente, sus cejas y esa nariz que parece quieta en una inspiración eterna, nos hablan de una realidad en la que no sólo se trazan perfectamente las formas sino que parece contener su ánimo.

Junto a un lecho en la Iglesia de Monserrat

Tulia hija de ciceron dibujo antonio sola

En esta iglesia trabajó también el escultor Antonio Solá realizando el sepulcro de Felix Aguirre en 1832. Antonio llegó a Roma en 1802 como pensionado y se quedó a vivir en la ciudad el resto de su vida. Incluso fue encarcelado en 1808 al no querer reconocer como rey a José Bonaparte. Al morir el escultor en 1861 también su memoria quedó conservada en piedra formando parte de esta Roma Eterna. Buen destino.

Al saber que se encontraba allí no pude dejar de recordar su escultura sobre la Caridad romana (Pero y su padre Cimón) y aquel dibujo de líneas clásicas que representa a Tulia, escritora. Ella se encuentra de pie declamando nada más y nada menos que ante su padre Cicerón. Ambos trabajos, testigos de su vida romana, se encuentran actualmente en el Museo del Prado.

caridad romana antonio sola

Bajo el sepulcro de Antonio Solá se encuentra otro que en sus formas, en su silencio epigáfrico, está lleno de elocuencia. Junto al lecho de muerte del joven Francisco de Paula Mora Gutiérrez de los Ríos aparecen representados su padre, a los pies del lecho, y su madre en la cabecera. Ambos, desconsolados, velan al único hijo que les quedaba de los 19 que tuvieron. Una historia de otros tiempos que nos sigue hablando hoy.

capilla diego alcala roma

En la parte superior de la imagen, sepulcro de Antonio Solá. En la parte inferior, el sepulcro de Francisco de Paula Mora del escultor zaragozano Ponciano Ponzano. Ponciano, hijo de un conserje en la Academia de bellas artes de S. Luis en Zaragoza, residió durante 3 años en Roma como pensionado y viajó de nuevo a Roma en 1845. Al ver aquí esta escultura no podemos dejar de recordarlo en sus obras más famosas: los leones y el frontón del Congreso de los Diputados de Madrid.

En esa misma capilla, los colores de Annibale Carraci en el centro del retablo hacen de san Diego de Alcalá un puente, intercesor entre el cielo y la tierra. En la tierra, a su lado, otro Diego, el hijo de Juan Enríquez de Herrera. El niño está vestido sobriamente, de negro, devoto y elegante mientras está de rodillas en espera. Toda una representación de la realidad ideal a inicios del s. XVII: el cielo que se abre como los brazos de Jesús ofreciendo misericordia en respuesta, el santo como quien intercede comunicando entre un mundo colorado más allá de las nubes y el duro suelo, el chico que aguarda con su silenciosa y confiada reverencia.

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En esta misma capilla, a la derecha vemos los sepulcros que recogen los restos de los dos papas de la familia Borja: Calixto III y Alejandro VI. Felipe Moratilla los realizó en este blanquísimo mármol de Carrara en 1881 como lugar de reposo, al fin, para los itinerantes restos. Ellos, con sus historias, con su familia, seguirán recorriendo el mundo en mil versiones, eternamente santos y pecadores.

El breve y sereno equilibrio

En la capilla que se encuentra en frente, otra familia, tres generaciones se contemplan… y Pedro de Velasco, el que encarga la obra, se cuela, orante arrodillado a los pies de santa Ana. El escultor florentino Tommaso Boscoli en 1544 realiza esta escultura para la capilla de la Inmaculada en la antigua iglesia de Santiago en plaza Navona.

escultura ana maria jesus iglesia de monserrat
Capilla de Santa Ana, antiguamente dedicada a Santa Eulalia de Barcelona en la iglesia de Montserrat

Esta obra me muestra, en palabras de piedra, hechos y creencias que pueden parecer asombrosos. En primer lugar cómo la historia de estas dos mujeres sencillas de la Judea romana ha sido fundamental en la historia de la humanidad. Segundo, que el motivo último de que existiera el nacimiento de Jesús se debe también a su abuela: toda la historia, con antepasados de todo tipo, son los que entran a formar parte de la genética, de la herencia recibida por este niño. No se renuncia a nada, incluso a los que no eran precisamente ‘inmaculados’. Tercero, que esa madre ha dado a luz a una niña que tantas veces se ensuciará con sangre y sudor, con el polvo de caminos, de labores, de su vida cotidiana. Nada de ello, que ha experimentado desde las entrañas de Ana, ensucia o es deleznable. En ella nada enturbia que el amor se transforme en belleza.

La Inmaculada es una imagen paradójica en donde se asume la historia y la sangre, vida y miseria que ensucian pero no manchan, para indicar que de ellos puede surgir belleza sin mancha.

Y así, María, en medio, es capaz de dar lo que ha recibido en una conductividad perfecta.  Hermoso el caminante que incia en ella su camino, aunque acabe sin éxito, condenado… Y hermoso también quien lo continúa en cada tiempo. Aquí, entonces, encontramos al héroe Santiago que como un Júpiter poderoso, él que era hijo del trueno, recoge su veste para seguir caminando.

Santiago, escultura de Sansovino en la iglesia de Montserrat en Roma

Escultura de Santiago el Mayor proveniente de la antigua iglesia de Santiago y realizada a inicios del s. XVI por Jacopo Tatti, el Sansovino, encargada por el cardenal valenciano Jaime Serra i Cau.

Basílica de Santa Cecilia

La Basílica de Santa Cecilia en el Trastevere, representa uno de los casos más interesantes y bellos de evolución de una iglesia paleocristiana. Y junto a la arquitectura vemos cómo va cambiando el modo de ver y contar el recuerdo y la vida de esta mujer.

El relato del siglo V que cuenta la ‘Pasión’ de Cecilia nos indica que ella fue uno de los modelos más importantes para los cristianos en Roma. Como tal es citada en el Canon Romano durante las celebraciones eucarísticas en Occidente. En la edad Media la “Leyenda Aurea” del fraile dominico y obispo de Génova Jacopo da Varazze alimenta la imaginación y la devoción de casi toda Europa. Cecilia se convierte en un modelo e intercesora, mujer fuerte que introduce nuevos valores en la sociedad romana del s. III, oponiéndose al poder de la constricción.

Leyenda Aurea

Royal 19.B.XVII, f. 5. Edición de 1392 procedente de Francia central.

Sine cera

Pequeña, gracil, entregada. Tras la belleza medieval llena de vida, que como una primavera nos recubre de color y hojas la imaginación, es el momento de situarnos ante la escultura de Santa Cecilia de Stefano Maderno. Este joven escultor a inicios del s.XVII nos habla de su fuerza delicadamente, voz bajo un velo, nieve de cristales finísimos cayendo en diminutas obleas .

Santa Cecilia Trastevere stefano maderno
Imagen de Santa Cecila de Stefano Maderno. “Entran ganas de tocarle en el hombro y decirle que es hora de levantarse, se va a enfriar con esa túnica tan ligera que le ciñe el cuerpo.” Del libro Mujeres de Roma de Isabel Barceló

Contemplándola podemos sentir la conmoción que en 1599 embargó a la sociedad romana y europea con el hallazgo del cuerpo de Cecilia en los trabajos de excavación que encargó el cardenal Paolo Emilio Sfondrati. Con sus 23 años el artista Stefano Maderno consigue traspasar la dureza de la piedra transmitiéndole, contándonos, esa emoción. Más que un recuerdo, más que cientos de palabras, su cuerpo transformado en escultura no deja de sorprendernos, de encadenar nuestra mirada a su elocuente silencio. De hecho, no es un simulacro. Sine cera, sincera, un cuerpo de piedra ligero, sin maquillajes.

Stefano Maderno con ese bloque de cándido mármol pario envuelto en la oscuridad del nicho en mármol negro quiso crear un pequeño cuerpo que brilla en la noche. Atrae y guía. El escultor consiguió hacer honor a esta mujer y su nombre: Cecilia – Coeli lilium, lirio del cielo.

Sin embargo, Cecilia es mucho más, también hoy, haciendose presente tierno o de cera, más humana y entregada. Así nos la muestra en su visión José Noguero en una obra que me conmueve:

santa cecilia

Santa Cecilia, obra de José Noguero 2013

La fuerza de Cecilia

Su fuerza no es desprecio de su vida ni de las cosas que la componen. No es desprecio hacia su marido sino que se hace testigo de otro amor, de otro placer al que se siente atraída y al que no quiere renunciar. Es capaz de obtener el placer de vivir utilizando las cosas (uti) gracias a que disfruta intensamente (frui).

Ni la muerte parecía ser capaz de vencer esa alegría y disfrute que la hacían cantar mientras se dirigía a su matrimonio. Un matrimonio que su padre había acordado y en el que su voluntad no contaba. A pesar de todo esto, consiguió transformarlo en un motivo de encuentro con ese hombre con el que no compartía nada. Canto y música que surgen de quien no se resigna, súplica y confianza. De esta forma, se ha convertido en patrona de los que con su arte disfrutan y hacen disfrutar. Atraída ella atrae y lleva consigo a su marido (Valeriano) y su cuñado (Tiburcio). Los conduce hacia una aventura que ahora ni imaginamos.

santa cecilia manuscrito

La página del manuscrito anónimo con el dibujo del cuerpo de santa Cecilia relatando su hallazgo. BAV, Fondo Chigi, N.III.60, Discorsi e relationi diverse, c. 427v.

Lo que queda de un juicio

En la pared sobre la entrada existe una magnífica obra de Pietro Cavallini de finales del s. XIII. El Juicio Universal no es fruto del miedo a la condena sino de la esperanza en que la justicia triunfará. Saliendo hacia las calles y las relaciones en la Urbe, la belleza de este momento en el que Cristo está al centro y es el final de la historia, acompaña a los que salían.

Basílica de Santa Cecilia Trastevere Roma

La construcción del coro, la nueva fachada del s. XVIII y el paso del tiempo habían cubierto casi por completo esta obra. Sólo la imagen de María había quedado como testigo de este arte entregado a la fragilidad de su soporte y de los gustos cambiantes. Un arte débil y al mismo tiempo con una fuerza imperecedera, símbolo también de Cecilia.

Un titulus antiquísimo. Bajando hasta una casa de época imperial.

La Passio que relata la muerte de Cecilia nos dice que primero intentaron ahogarla de calor en unas termas privadas. Quizás en la misma zona termal que encontramos en las excavaciones bajo la basílica. Milagrosamente, una lluvia fina la refrescaba frustrando los planes de los verdugos. En vista de ello la furia se dirigió hacia su delicado cuello para cercenarlo. Y no pudo, aunque la herida tras unos días fue mortal. Lo más débil atrae la furia de la violencia. Esa ‘vis’ que parece recordar la raíz de ‘vir’ hombre, quedanda confundida por una fuerza bajo forma de hermosa entrega. Y es entonces cuando el héroe puede ser ambién mujer, no una mujer diosa o guerrera sino héroe doncella.

Santa cecilia trastevere excavaciones

Vigorosa dulzura

Como una gran overtura musical el patio de entrada nos acoge con su antiguo vaso para las abluciones.

Santa Cecilia Trastevere abside

En su interior su sombra como un ‘pasticcio’ musical del s. XVII nos trae sonidos de otras épocas convertidos en colores y formas. Escuchamos la sencilla complejidad de la composición del ábside de época carolingia, luces del s. IX, como un himno de Hosanna con palmas y ríos en el vergel de la Vida. El ciborio de Arnolfo di Cambio como un violín de puntillas ilumina y eleva, se esconde y muestra como un rayo de luz.

Las voces de hoy de las monjas benedictinas con el canto de las vísperas siguen hablando de ese Lirio. Y me gusta imaginarla entre ellas pero también con la voz gritada de quien hace sentir la fuerza de una Donna “que como un ramo de flores, cuando estás sola te arrojan”.

Donna, canción de Mia Martini

Donne piccole come stelle
c’è qualcuno le vuole belle
donna solo per qualche giorno
poi ti trattano come un porno.
Donne piccole e violentate
molte quelle delle borgate
ma quegli uomini sono duri
quelli godono come muli.
Donna come l’acqua di mare
chi si bagna vuole anche il sole
chi la vuole per una notte
c’è chi invece la prende a botte.
Donna come un mazzo di fiori
quando è sola ti fanno fuori
donna cosa succederà
quando a casa non tornerà.
Donna fatti saltare addosso
in quella strada nessuno passa
donna fatti legare al palo
e le tue mani ti fanno male.
Donna che non sente dolore
quando il freddo gli arriva al cuore
quello ormai non ha più tempo
e se n’è andato soffiando il vento.
Donna come l’acqua di mare
chi si bagna vuole anche il sole
chi la vuole per una notte
c’è chi invece la prende a botte.
Donna come un mazzo di fiori
quando è sola ti fanno fuori
donna cosa succederà
quando a casa non tornerà

Capilla Sixtina

Siguiendo a nuestro guía en una fila enorme y variopinta. Llegamos a la Capilla Sixtina, uno de los lugares más esperados y simbólicos de Roma.

Moisés guía al pueblo de Israel

Sandro Boticelli. Moisés que guía el pueblo de Israel.

‘No fotos’ ‘Silencio, por favor’ en todas las lenguas. El acceso a la Capilla Sixtina, tras las estrechas escaleras, no es muy acogedor. Entras en fila, sin poder pararte hasta que encuentres un pequeño espacio de pie. Por tanto, lo primero que aprecias en la Capilla Sixtina es el suelo para ver dónde pones los pies, siguiendo el movimiento de la fila instigada por los vigilantes. No puedes parar ni mirar alrededor, sin interrumpir, para que el flujo no se interrumpa.

Aunque los guías no puedan dar explicaciones, ellos son los únicos mudos. El rumor de la gran cantidad de gente que hace comentarios te rodea. Además, es inevitable que tantas personas -para las que la mirada y la memoria no bastan- saquen los móviles y hagan fotos. Entonces, con furia, surgen auténticas admoniciones tronantes: ‘he dicho, no fotos, ¿entendido?’

Entrañable

Entrañas de mujer, de madre.

No es una casualidad que la Capilla más famosa del mundo, en la que nacen los Papas, esté dedicada a María. En su forma, construida según lo más santo de lo santo del Templo, y en sus imágenes contiene una letanía de piropos y alusiones a ella. Los colores, las formas, las pinturas son los cantos de una madre que acompañan la gestación anunciando a su criatura, con su voz, con su alegría, cómo es la vida en la que está sumergida.

Aquí encontramos personas que, por su edad, parecen no vivir ya el presente de los que cuentan. Este es el refugio de la memoria. El lugar de espera y de diálogos entre lo que fue y lo que es. La línea de palabras que va desde un momento inicial sin tiempo hasta el momento final en el que el tiempo termina.

Para hablar de un hombre, Jesús, es necesario entender que su tiempo comienza con María. Para poder iniciar su vida, como todos, no coge ni aferra, recibe. Todo lo que se había hecho -luz, animales, hombre, alianzas- fue hecho para que en ella culminase una historia que ha encarnado la de todos. De ahí que la historia antes de ella se pueda ver como profecía -profetas y sibilas a coro- y surja de ella luego como camino que es una convocación. Esto presupone que haya un inicio y un fin, no sólo en cada persona sino en toda la historia. Al mismo tiempo, es necesario que exista una trama que una y construya paso a paso esa historia, comenzando cada vez por una mujer. Ginearquitectura.

Raquel en los frescos de la Capilla Sixtina

Raquel en la Capilla Sixtina. Miguel Angel Buonarroti

Quizás por ello yo llamaría matriz a este pequeño espacio en comparación con la contigua basílica de San Pedro. Aquí no se habla del ‘Tu es Petrus” sino de Eva, María y la iglesia, los convocados. Las tres están ilustradas en una etiqueta de formas y colores: la letra pequeña. De hecho, podemos apreciar claramente la procedencia, construcción y fecha de caducidad de este producto llamado historia identificado con vidas concretas. En medio del caos, fortuna o desesperación, podemos contar con un diseño.

En este espacio no nos encontramos con un Panteón ni un Olimpo con dioses familiares fuera del tiempo, jugando caprichosamente con sus super poderes. La historia de este Jesús que algunos reconocen como Dios está unida a la de un abuelete, a una bisabuela, etc. Una genealogía con retratos de quienes, con su pobre carne y tiempo, lo unen a la primera locura que destruyó la soledad con una palabra. Y allí están. Como Zacarías, los podemos encontrar, más o menos escondidos, al final de los tiempos.

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Zacarías asomándose entre Juan Bautista (izquierda) y José. Detalle del Juicio Universal en la Capilla Sixtina.

Por una parte, lo que ves ilumina tu conocimiento pero también se comprueba que ‘se ve sólo lo que se sabe’. Contradicciones necesarias. Curioseamos, pues entre tantos personajes y elementos: ‘Dei arcana inspicere’. Contemplamos en la Capilla Sixtina los misterios de la historia en la que según la visión judeo cristiana se mezcla lo divino y lo humano, lo más espiritual con las necesidades más corporales. La gestación de esta mezcla es el tiempo de la espera.

El gusto en los ojos

En la pared de la izquierda Moisés viste el manto verde de la esperanza. Es una espera y un cultivo ‘biológicos’ de frutos costosos y luchas acres, de respeto a la naturaleza de las cosas: a la aridez del desierto y la dureza del corazón.

En el tiempo y los intercambios nutrientes de la naturaleza está el sabor. Aunque pueda parecer lento, anticuado y rígido, el cultivo sabroso es el que tiene en cuenta la naturaleza de las cosas. Tenemos siempre tantas ganas de intervenir. Queremos que prevalezcan nuestras decisiones sobre la realidad en el mejor de los casos pensando de mejorarla. En nombre de la libertad en vez de fortalecer los procesos y defenderlos en lo posible a veces nos cargamos  -dejando sin futuro una historia- el tiempo y la naturaleza. Pretendemos así la perfección, lo que consideramos que sea adecuado, y queremos incluso eliminar lo que no nos conviene o lo que nos recuerda nuestros límites.

Aquí no. La historia manchada de rojo, en su carne cortada, en sus alianzas para sobrevivir, aparece casi desnuda, con ligeros paños que no son los de Daniele da Volterra sino la interpretación alegórica. Cultivar y respetar, difícil equilibrio.

booz capilla sixtina

Con la luz se ve

En la pared de la derecha la esperanza llega a ver la luz. Jesús tiene siempre un manto azul. La historia continúa, ahora colorada una luz nueva en intensidad y color. La historia se anuda en cada generación para que la luz venga entregada. Una antorcha y testigo para poder iluminar el pasado y diseñar el futuro. Se sigue trenzando esa cuerda formada por tantos hilos, con nudos pero sin rupturas.

Tan fuerte es la participación en la historia, la unidad y fuerza de esa cuerda, que incluso las batallas y luchas, los pasos desandados, permanecen. Es entonces cuando tantos buscan la alegoría. Se encuentra así un significado espirtual que va más allá de la letra. Lugares como la Expositio super septem visiones libri Apocalypsis han ofrecido a los artistas ojos nuevos para contemplar la historia.

Moisés y la zarza ardiente Botticelli
Moisés y la zarza ardiente. Boticelli, Capilla Sixtina

Con esta mirada, por ejemplo, la zarza ardiente es imagen de María: manifiesta a Dios y al mismo tiempo permanece intacta. Arde sin consumirse. No por nada Sixto IV, el papa franciscano que determina la construcción de la Capilla Sixtina, es el mismo que defiende la Inmaculada.

El mismo Moisés es alegoría y anticipación de Jesús. De ahí que la cesta que lo lleva en la corriente del río hacia una nueva vida pase a ser otro símbolo de María. Por otra parte, Moisés es también alegoría del papa, conductor del pueblo pero que tiene que descalzarse y obedecer. No en vano para la tumba de Julio II Miguel Angel consigue realizar su maravilloso Moisés.

La alegoría funciona como un nuevo nacimiento. La vida nueva se basa y asume la historia de esa carne con la novedad de la diversidad. Esa maravillosa diferencia de hombres y mujeres puede ofrecer novedad, como garantía de vida renovada. El cuerpo de letra tiene un alma nueva, hija de otros ojos que miran con otra luz vestida de rojo pero recubierta con un manto azul.

Titanes y hombres en la Capilla Sixtina

Para Rafael Sánchez Ferlosio, romano de nacimiento, estas figuras del Juicio Universal el recordaban a culturistas o personajes de un gimnasio. No le gustaban.

Quizás porque era un titán de trabajo, Miguel Ángel representa la humanidad con el cuerpo monumental, como titanes. El torso del Belvedere será el arquetipo del cuerpo lleno de poder y vida en movimiento. A mí me parecen cuerpos hinchados tras haber vencido la historia, agigantados, que casi asustan.

Sin embargo, no hemos de olvidar que antes de que Miguel Angel pintase el juicio universal en la pared había un fresco del Perugino. En él aparecía María (Inmaculada – Asunta) con los apóstoles y dos escenas a los lados: el pequeño Moisés dejado en el Nilo y el nacimiento de Jesús. Ahora María está al lado de un Jesús titánico y hermoso como un apolo. Parce que los humanos, al final de la historia, seremos dioses. Pedro, con sus llaves ya inútiles (no tienen el aro con el que poder girarlas para abrir o cerrar) es un gigante, un hércules.

juicio universal capilla sixtina pedro

Pasó una tarde y llegó un día nuevo, medio siglo después. Una nueva generación. Un paso nuevo. No sólo se reviven los episodios de la historia antigua con sus miserias y portentos, sino la representación actual de esa historia, de los cuerpos en el tiempo que pasa. Tanto es así que María con otro Miguel Angel, el Caravaggio, podrá tener el rostro de una cortesana, Lena. Pedro entonces será un viejecillo, enjuto, con la única fuerza de la silenciosa resistencia.

Siguen siendo héroes, pero en los que podemos encarnarnos con nuestras historias, debilidad y tiempo. Nuevos protagonistas en el gran teatro del barroco del que también formamos parte nosotros. Iguales a nosotros que somos tan distintos, cada uno hijo de su padre y de su madre.

Santa María del Popolo Caravaggio crucifixión de San Pedro

Información útil para visitar la Capilla Sixtina

La Capilla Sixtina se encuentra en el interior de los Museos Vaticanos. De ahí que observe los mismos horarios de apertura y cierre.

En algunas ocasiones, para celebraciones particulares del Papa, la Capilla puede estar cerrada a las visitas turísticas.

Si quieres hacer tu propia experiencia con un guía privado te ofrecemos nuestra Visita guiada personalizada en la Capilla Sixtina y Museos Vaticanos.

Tour para visitar los Museos Vaticanos

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Sant’Agnese in Agone o Santa Inés en plaza Navona

Paseando por via dei Canestrari, recorriendo un típica calle del centro de Roma, imagino lo que podré encontrar detras de la esquina. ¿Cómo será hoy la atmósfera en Plaza Navona?¿habrá mucha gente? La cúpula de la iglesia de Sant’Agnese in Agone ¿tendrá su magnífico entorno azul intenso o quizás  estará rodeada de pequeñas nubes?  A veces, el cielo empedrado sobre la plaza forma un fascinante tapiz que enmarca los edificios que la rodean. Mirando el cielo desde abajo, ante el portal de Sant’Agenese, su perfil es una herida que lo desvela. Parece que el aire tiene cuerpo acogiendo las torres y cúpula.

La iglesia

La gente a mi alrededor admira los elementos constitutivos de la plaza. Parecen tan varios pero tienen en realidad algo en común. De hecho, la familia Pamphilj en el siglo XVII quiso convertir plaza Navona en su isla particular, la antesala de su maravilloso palacio. Esto le da un toque particular.

velazquez roma inocencio xInocencio X, retrato de Velázquez. Galería Doria Pamphilj

En 1630 el futuro papa Inocencio X Pamphilj transformó algunas casas de su propriedad en un palacio señorial. Por otra parte, quiso convertir la plaza en una extensión del mismo e introdujo en ella muchas referencias a su familia. De hecho, veréis en muchos lugares la paloma con el ramo de olivo, símbolo de la familia.

Asimismo, Inocencio X  hizo que en la plaza y en la iglesia trabajasen algunos de los artistas más celebres. Entre ellos, destacan Bernini que se ocupó del diseño de la fuente de los cuatro ríos, Borromini y Girolamo Rainaldi que fue el arquitecto que empezó la construcción de la iglesia de familia. Sin embargo, el que hizo de la iglesia una innovación con su genialidad fue Borromini. En la fachada de esta iglesia, con su cúpula situada entre dos campanarios realizó el sueño de Bramante y Miguel Ángel para la basílica de San Pedro. Además, Borromini gracias a su habilidad técnica realizó un sistema para hacer que el agua de la fuente llegase a la capilla de familia. A él también se debe la preciosa sacristía.

cupula sant agnese in agone

Cúpula de Sant’Agnese in Agone

La simple, elegante y armónica fachada que comprende dos campanarios y una cúpula. Su interior es una breve aula con planta de cruz griega. Un lugar sagrado capaz de fascinar e involucrar a las personas en la historia de Santa Inés. Siendo, además, capilla de su familia, Inocencio X quiso que lo enterraran aquí.

Muchos son los elementos barrocos que te hacen sentir la pura y majestuosa atmósfera, casi de gloria celestial. El altar principal, por ejemplo, está adornado con un relieve que representa la Sagrada Familia. Es más. Se trata de dos ‘sagradas familias’ en una composición llena de movimiento. Por una parte se encuentran la de Jesús, María y José. Por otra, la de Juan el Bautista, Isabel y Zacarías. Esta obra es una de las mejores realizaciones del escultor Domenico Guidi.

sant agnese in agone tumba inocencio xTumba de Inocencio X en la iglesia de Sant’ Agnese in Agone

Sin embargo, el elemento más eviente y representativo es la cúpula. Afrescada por Ciro Ferri y Sebastiano Corbellini, en ella está representa “sant’Agnese introducida en la gloria del paraíso”. Se trata de un episodio que ve como protagonista una muchacha romana a la cual está dedicada la iglesia: Sant’Agnese in Agone. De su mano parece que ascendemos hacia un cielo que nos espera.

SANT’AGNESE – Santa Inés

Mirando algunos de los estupendos relieves de Antonio Raggi y Ercole Ferrata nos damos cuenta de la belleza de estas historias convertidas en páginas de piedra.

Junto a la imagen de Sant’Agnese se representa con frecuencia un cordero. Es un símbolo de pureza, de perseverancia y humildad. De hecho, Agnese – Inés fue una joven virgen que demostró su valor y firmeza a inicios del siglo IV incluso cuando el hijo del Prefecto de Roma manifestó sus impacientes deseos en forma de violencia. Fue acusada de ateismo por no incensar ante los dioses y expuesta desnuda en lo que se cree era el lupanar del estadio de Domiciano. Milagrosamente sus cabellos la cubrieron y protegieron de las violencias con que querían matarla.

sant'agnese in agone cripta

Al final, una espada le cortó la garganta y así murió, con el mismo gesto cumplido para matar los corderos. El lugar del martirio es el mismo en el que hoy se encuentra la iglesia de Sant’Agnese que lleva su nombre. Sin embargo, fue enterrada en donde ahora está la iglesia de Sant’Agnese en via Nomentana. Cuando su hermana Emerenciana fue a visitar su tumba también ella sufrió el martirio con violencias inauditas. Ambas chicas son dos mujeres que en la tradición romana fueron siempre recordadas como protectoras de la ciudad. A ellas se les dedicó, junto a San Cecilia, numerosos lugares de culto y obras de arte.

interior sant'agnese in agone

Como en muchos edificios de Roma la historia y el arte son capaces de redimir episodios tristes. De un ‘Turpitudinis locum’ que ensucia al simple recuerdo se puede pasar al ‘locus amoenus’ que canta la victoria de una muchacha. Escenario, ahora, de deliciosos paseos y encuentros en los que uno se cita ante Sant’Agnese, en la plaza más famosa de Roma.

 

HORARIOS:

Días feriales: 9.30-12.30/ 15.30-19.00

Festivos: 9.00-13.00/ 16.00-20.00

Lunes cerrado

Paseando por Roma en una tarde de domingo, atrae mi atención una gran escalinata entre la mole del monumento a Víctor Manuel II y los amplios escalones que llevan a plaza del Campidoglio.

Subiendo los numerosos y fatigosos escalones me doy cuenta de que cada uno me permite tener una vista de Roma más completa, más fascinante. Poco a poco llego hasta el punto más alto de la colina Capitolina y pienso en la historia de todo esto: los palacios, lo que hay a mi alrededor, las simples escaleras…

El mármol bajo mis pies es el mismo con el que se construyó el templo de Serapis en el Quirinale. Fue traído hasta aquí para construir una escalinata que fuera un voto a la virgen. Una ofrenda para que ella hiciera terminar el largo período de pestilencia que asolaba toda Europa en el siglo XIII. El significado de la escalinata, sin embargo, cambió con el tiempo. Llegó a ser un lugar supersticioso en el que la gente pasaba las noches para soñar los numeros de la lotería. Hoy la vemos, en cambio, llena de turistas haciendo fotos o descansando un poco antes de entrar en la maravillosa iglesia en estilo gótico romano.

iglesia santa maria en aracoeli escalinata

Iglesia de Santa María en AraCoeli vista desde la base de la larga escalinata. Foto Raquel Rodriguez

Curiosidades de Santa María en Aracoeli

La basílica de Santa María en Aracoeli nace en el siglo VI en el lugar donde antiguamente estaba el templo de Juno Moneta: el Arx. Así se llama la otra altura que forma la colina Capitolina.

Los Mirabilia Urbis Romae (antiguas guías medievales sobre la ciudad) nos ilustran el origen legendario de una primera costrucción de un altar o ara en este lugar.

santa maria aracoeli altar medievalAltar medieval construido sobre el lugar del antiguo Ara Coeli

En ella se nos cuenta que la Sibila Tiburtina, llamada por el emperador Octaviano Augusto, le anunció que llegaría desde el cielo un rey humano que gobernará por mucho tiempo y juzgaría el mundo. Es más, Octaviano Augusto habría tenido una visión de una mujer junto a un altar con un niño en barzos, imagen asociada en la época medieval a la Virgen con Jesús. El emperador se arrodilló en adoración e hizo construir cerca de su habitación un altar para aquel “señor del cielo”. De aquí derivaría el nombre de Ara Coeli: “altar del cielo”. Es una relectura de la historia que hace que Santa Maria in Capitolio pase a Santa Maria in Aracoeli. Sería, curiosamente, el primer edificio ‘cristiano’ antes de Cristo.

 Antoine Caron cuadro sibila tiburtina con Augusto

La Basílica fue famosa en la historia de Roma también por otro particular. En el interior de la iglesia se conserva una de las imágenes más veneradas por el pueblo romano: el Santo Niño. Se trata de una escultura del niño Jesús en madera de olivo del huerto de Getsemaní en Jerusalén. Pero su prestigio no dependía sólo del material de construcción, sino tambien de los preciosos ex voto que cubrían la estatua. Se decía que la imagen tenía poderes milagrosos. Y digo tenía porque en 1994 fue robada y hasta el momento no se ha recuperado. Actualemente podemos ver una reproducción.

iglesia santa maria en aracoeli interior

Interior de Santa Maria en Aracoeli

La variedad y la maravilla de la basilica esta en la mezcla de particulares. Los elementos arquitectonicos, las leyendas y representaciones  que constituyen su historia. Una historia tan rica que se convierte en arte. Y así, queda inmortalada por ejemplo en los frescos dedicados a San Bernardino de Siena o en la tumba de Santa Elena. Entrar en la Capilla Bufalini es un triunfo de colores y formas gracias al Pinturicchio.

Palabras que crean historias, historias que crean arte. De la palabra ‘Arx’ a Arce – Arceli y luego a imaginarlo con la forma latina de Ara Coeli. El poder de las palabras y de la imaginación capaces de crear historia apoyándose en bases de piedra que se remontan a Augusto.

Un pequeño resumen. Una larga historia.

En la época medieval Santa María en Aracoeli fue protgonista de los decennios de lucha entre Guelfos y Guibelinos. La colina era un emblema, ya que el Campidoglio llegó a ser el lugar físico de la experiencia comunal de la ciudad. Era una iglesia que, al principio miraba hacia el palacio Senatorio.

insula plaza aracoeli

Insula romana situada en la base de la escalinata de Santa Maria en Aracoeli y reutilizada en parte como iglesia.

Más tarde, con el pontéfice Inocencio VI, la iglesia pasó a los franciscanos y fue restructurda. Fue, de hecho, en este período cuando adquirió su actual estilo gótico romano. Además, cambió su orientación. El edificio pasó a mirar hacia el Campo Marzio y el Vaticano. Un signo de dónde estaba ahora el poder de la Roma pontificia.

Con esta reestructuración la basílica se transformó en una de las iglesias más importantes para el pueblo romano. Por su posición, cerca del Ayuntamiento, llegó a ser uno de los centros políticos y espirtuales de la sociedad romana. Un lugar privilegiado para ser sede de numerosos eventos históricos en los que se mostraba el poder de Roma. En ella, por ejemplo, Marco Antonio Colonna celebró el gran triunfo de Lepanto. Fue como si todo el Mediterráneo dependiese nuevamente de la Ciudad Eterna.

iglesia santa maria en aracoeli altar

Altar de Santa Maria en Aracoeli

Con la unidad de Italia la propriedad del convento pasó al estado. Fue un momento dramático. A la hora de construir el Vittoriano (monumento a Víctor Manuel II) se destruyó el claustro y otras construcciones que lo acompañaban como la torre del papa Pablo III. La iglesia, por tanto, quedó escondida a la vista de los peregrinos y viajeros. Sobre todo para los que entraba en Roma desde plaza del Popolo y recorrían via del Corso, la antigua Via Lata.

Testimonios de esta larga y variada historia son las representaciones de personajes. El arte en su arquitectura, estatuas, pinturas y la atmósfera que envuelve este lugar lo siguen convirtiendo en un rincón sagrado y maravilloso. Una de las joyas de la colina capitolina y símbolo de esa Roma que recorre la historia siempre como protagonista.

Palabras de Miguel de Unamuno visitando Santa María en Aracoeli

“Entramos a descansar en Ara Coeli. Tiene aspecto de templo de aldea y se ve que está hecho a la buena de Dios, recogiendo aquí y allí mendrugos: cada columna es de diferente estilo, grueso y altura. Está llena de dorados y otras cosas que desdicen del espíritu franciscano. Estaba desierta y, como alzaba la voz el tío contando sucesos, un hermanito del pobrecito de Asís nos indicó que no turbáramos el sueño de los muertos y la soledad de los vivos.

En una capilla, multitud de curiosos exvotos, más interesantes acaso que los frescos y mosaicos antiguos, tan toscos como ellos, lo cual prueba que la tosquedad en el arte más que signo de antigüedad es signo de religiosidad, es decir de espíritu popular. ¿Qué pensarán en el siglo XXX cuando contemplen estos cuadritos? No faltará quien los reproduzca y quien se rompa la cabeza descifrando sus jeroglíficos. Este, este es el verdadero arte religioso, no el de San Pietro. Esto, los toscos monigotes de Ara Coeli que contemplan con desdén los curiosos y aún muchos fieles. En estos están encerradas lágrimas de madre, alegrías de hogar, fe pueril, no arrogancias de papas y apoteosis de artistas.”

Si quieres visitarla, te ofrecemos visitas guiadas personalizadas con tus guías de turismo En Roma.

Santa María en Trastevere

Santa Maria en Trastevere

Santa María en Trastevere vista por Allegra Zen

En Santa María en Trastevere Roma se hace bálsamo y ungüento. Hay lugares como este en que se pueden dejar las armas y ver a los demás sin tener que considerarlos rivales. Lugares donde el dolor se calma.

En mi memoria, santa María en Trastevere tiene siempre el aire de una clara mañana de domingo. Allí nos íbamos, mi querido amigo Joseba y yo, para disfrutar de las celebraciones. La belleza de la iglesia y un desayuno sentados en una terraza de la plaza hacían de fondo a las palabras de D. Vincenzo Paglia. No puedo evitar que el domingo por la mañana aún sepa a zumo de naranja.

santa maria en trastevere

 

Fons Olei. Una fuente muy especial en Santa Maria en Trastevere

Viajo en el tiempo y con la imaginación entro en la taberna meritoria. Allí se reunían los soldados romanos que tras un servicio militar eterno habían conseguido llegar a viejos. Allí, aquí, en estos lugares, en el 38 a.C. surgió un manantial extraño. Una fuente oleosa fruto seguramente de una escondida actividad vulcánica. Y así, ese acontecimiento extraño, ese material viscoso, oscuro y de olor desagradable, se convirtió en un signo benigno, benéfico. Afloraba como un don del favor de los dioses o el anuncio del cercano adviento del Mesías para los muchos judíos que residían en esta zona.

Fons Fons Olei en Santa Maria in Trastevere

¿Quién lo diría? Por un día, en Roma, hubo un manantial petrolífero. La sorpresa, el estupor de todos, junto con ese significado curativo que tiene todo lo relativo a lo ‘aceitoso’, hizo que este evento salvífico impregnase la memoria del barrio. Quizás por todo ello en el siglo III, en este lugar, se hallaba la ‘domus ecclesiae’ donde el papa Calixto reunía la comunidad cristiana de esta zona. Más adelante, en el s. IV, cuando inician las grandes basílicas gracias a la libertad de culto, el papa Julio I construye aquí la que sería la primera iglesia dedicada a María.

Una señal

La extraña fuente cesó. Un fenómeno que parecía una señal y que duró unas pocas horas perdidas en la memoria del s. I a.C. Sólo a finales del s. XIX construyendo los diques de contención del Tíber, los trabajadores volvieron a hablar de un fuerte olor a gas en esa parte de la orilla trasteverina. Ahora, todo esto parece inimaginable y sólo pocas ‘palabras’ nos recuerdan su origen.

Todo surge de un manantial del que brota algo que nos parece tan sucio como el petróleo. Viscoso, pegajoso, negruzco, maloliente. Y, sin embargo, materia de unción, portadora de un poder que la misma tierra trasudaba sin poder contenerse.

Luces del s. XII

Al entrar los ojos no pueden dejar de mirar hacia el ábside, deslumbrados. Cientos de colores y destellos nos hablan de cómo hicieron traer el cielo a la tierra. Fue allá entre los siglos XII y XIII. Y no les importó emplear más de un siglo para poder representar algo que merezca acercarse al adjetivo eterno.

abside de Santa Maria en Trastevere

Desde el lejano siglo VIII colores como los de la Madonna della Clemenza son los reflejos del sol sobre este óleo. Viéndolos puedo imaginar los colores que tendría el buen olor de un bálsamo. Y así, la belleza de las composiciones, como una clemente pausa en los trabajos, nos espera en este rincón del Trastevere. Y aspiro con deleite, el olor de sus colores.

Madonna della Clemenza en Santa Maria en Trastevere capilla Altemps

Luz, clemencia, bálsamo. Todas ellas remiten a una mujer presentada por todas partes como la autética fuente de salud. El manantial del que surge este río de aceite sin el que no hay luz ni fuerzas, que suaviza y reconstruye. No es una coincidencia que en esta zona haya tantos pequeños y diversos hospitales de entre los más antiguos de la ciudad.

Santa María en Trastevere, gracias

Nave central de Santa Maria in Trastevere

Los domingos por la mañana la iglesia se llena de grandes nubes de incienso. Se quema con profusión, con derroche, entre el sonido alegre y cantarín de cascabeles y campanillas. La generosidad no tiene vergüenza ni la belleza es cicatera. En Santa María en Trastevere recibo constantemente una invitación a ser magnánimo, a derramar, a verter, a no empequeñecerme quedándose con las propias seguridades, o en los propios contenedores. Mana, abunda, llegando a embriagar.

“Los ojos bien abiertos, los sentidos” en Santa María en Trastevere

Hay veces en que Roma se hace exagerada. No se pone a contar méritos o a valorar juzgando. Es más, el Juez Universal aquí se convierte en un hijo que  quiere y consigue que su madre sea siempre joven. Podría ser su esposa. Tanto es el cariño -y él puede con su querer, queriendo cuanto puede- que la hace ser como quiere. De ella nace, pero antes y después le da cuanto quiere. Sin destrucción, sin posesión, sin trucos. En lo más alto del cénit está este juego. Mana de lo profundo de la tierra y nos unge desde el cielo de este ábside.

La corona es suya pero la recibe. La recibe pero sin súplicas ante quien la concede.
Él la concede sin el desdén de quien da sin compasión. Ella lo indica conociéndolo profundamente mientras siente su abrazo.

Es una imagen que llueve sobre la tierra árida de las relaciones que veo. Me consuela. Pacifica los sentidos dejándome embelesado. Creo que le pasó lo mismo al San Jerónimo de la capilla Ávila. Así se quedó, moviéndose inmóvil, anonadado.

Llevo casi 20 años en los que ese abrazo, como un bálsamo que baja por sus fuertes columnas, me hace estremecer con el buen perfume de la belleza de la que somos capaces. ¡Y eso que pocas veces la veo!

Plaza Santa María en Trastevere

Información útil para tu visita en Santa María en Trastevere:

Para una visita guiada con EnRoma puedes escribirnos a visitasguiadas@enroma.com

Horario apertura de la basílica: 7.30 – 21.00
(en Agosto: 8.00-12.00 / 16.00-21.00)
Entrada gratuita

Horario de las celebraciones:
Lun-vier: 9.00; 17.30; 20.30;
Sab: 9.00; 17.30; 20.00;
Dom: 8.30; 10.00; 11.30; 17.30; 18.45;
(En julio y agosto):
Lun-sab: 17.30; 20.00
Dom: 8.30; 10.30; 17.30

santa maria en trastevere
Santa María en Trastevere vista y dibujada por Yago.

Como un niño ilusionado, en la fachada de Santa Maria Sopra Minerva, el río ha dejado las marcas de sus crecidas. Pero no sólo el río, también la corriente helada del tiempo se acerca a esta isla depositando tesoros rodados.

Plaza Santa Maria Sopra Minerva

Minerva, Isis – Ast y Serapis se quedaron mirando esta jovencita recién llegada en carne y hueso. La potencia y belleza ideal de los antiguos dioses, adorados o alegóricamente aceptados, primero por egipcios y griegos y luego en tantos lugares del Mediterráneo, pasan a ser un simple topónimo. María llenó con su presencia esta ciudad hasta necesitar distinguirla con apodos, como se hace aún en mi pueblo: la María Sopra Minerva, María in Via Lata…

 

Jesús con la Cruz obra de Miguel Angel en Santa Maria Sopra Minerva

Con el tiempo, el riesgo es el de alejarse de esa mujer judía convirtiéndola en una poderosa, hermosa y lejana divinidad. Lo que pasó con su hijo pasa con ella. Su hijo Jesús es uno poco recomendable para quien busque el éxito social o como ejemplo de triunfador. Ha pasado a la historia como un condenado a muerte, muchas veces representado desnudo, destrozado, sucio, injuriado. Una locura que alguien crea que es un dios si ni siquiera parece un hombre. Incluso se le ha inventado un trapito para que no apartemos los ojos. No es pudor o vergüenza. Es piedad-miedo ante un hombre expuesto a la muerte y deshonor.

Sólo cuando lo vieron y tocaron, resucitado, limpio y resplandeciente, algunos, pocos, empezaron a entender algo. Tras largos siglos, sólo algún atrevido como Miguel Angel que lo cree Dios intenta hablar de él representándolo hermoso como un Apolo griego, el mejor ejemplo de belleza divina que tenía a mano. Una escultura en la que la desnudez es armonía e incluso la cruz parece un cetro o un tallo esbelto en el que un Jesús Adonis apoya su cuerpo escultórico. Aquí sí pusieron un pañito. No fue por piedad ante la desnudez del condenado sino por el pudor de mostrar lo que lo hacía íntegra e íntimamente hombre.

 

Procesiones en Santa Maria Sopra Minerva.

El 25 de marzo una fila de chicas vestidas de blanco entraban cantando a través de la nave central de Santa Maria Sopra Minerva. En ese día que recuerda la Anunciación (cuando Gabriel anuncia a María que tendrá un hijo) recibían una bolsa con monedas. Fue una disposición que dio Juan de Torquemada, tío del famoso Tomás, inquisidor español. No sólo encargó y pagó la construcción del techo que ahora vemos en la iglesia. También trajo la primera imprenta a Roma desde Subiaco y él mismo fue un buen escritor. Además, se interesó por la libertad de estas chicas que, sin poseer dote, no tenían muchas opciones. Este cuadro de Antoniazzo Romano nos presenta los personajes de esa ceremonia anual en un homenaje a Juan tras su muerte.

Anunciación de Antoniazzo Romano en Santa Maria Sopra Minerva

De pasión…

En esta isla de los dominicos, la Biblioteca Casanatense recoge tesoros en su preciosa aula. En ella se conservan libros maravillosos de un período en que los libros podían volverte loco, hereje o santo. Libros devorados y devoradores. Mucho más intensos, duraderos y dialogantes de cualquier realidad virtual. Ejemplares catalogados que pasaban al Índice de los Libros prohibidos o a los devocionarios. Quedaron aquí, con varias cruces escondidos o situados en el cenit de la sala junto a una maravillosa esfera armilar.

También en Santa Maria Sopra Minerva entraban los excluidos. Pero llegaban en una procesión inmisericorde para tachar y excluir públicamente a los que aparentemente ponían en peligro la ortodoxia doctrinal. Por ejemplo. Por aquí pasó prisionero y acosado por tantos enemigos Bartolomé de Carranza. Incluso el gran dominico y arzobispo de Toledo bajo Felipe II fue encerrado en Castillo Sant’ Angelo. Y aquí estuvo enterrado, sin volver a España y sin rehabilitación. Y eso que fue uno de los personajes más importantes dentro del Concilio de Trento y de la historia europea del s. XVI.

Y también nosotros entramos…

Procesiones de curiosos que se acercan al Panteon y al ‘elefantito’ de la plaza entran también sin saber lo que les espera. Un mundo de colores del renacimiento con Filippino Lippi. Una mujer (Catalina de Siena) de armas tomar que hizo que el papa volviera a Roma dejando Avignon con un buen tirón de orejas. Las tumbas de dos papas Medici y muy cerca la del Beato Angelico. El barroco en contrastes de blanco y negro. Piedras que parecen volar en la tumba del cardenal Pimentel y en la que Bernini realizó para María Raggi.

Visita iglesia de Santa Maria Sopra Minerva

 

Si quieres realizar una visita guiada en Santa Maria Sopra Minerva no dudes en escribirnos a visitasguiadas@enroma.com

Además, para seguir disfrutando antes o después de tu visita, puedes leer lo que escribe nuestro amigo Luis sobre Santa Maria Sopra Minerva en Club Roma Caput Mundi.

La basílica de San Clemente es un árbol maravilloso que crece con raíces profundas y una preciosa copa. Se anuda a un terreno maravilloso surcado, incluso, por una vena subterránea de agua cantarina.

Raíces en San Clemente

En el s. XIX empezaron las excavaciones para contemplar este mundo que ha ido creciendo como una hermosa planta. Nada más bajar las escaleras para entrar en el subsuelo, nos encontramos con una isla. Rodeada de agua con peces esta isla acoge una escena preciosa con una madre que abraza con alegría a un niño. Es el relato de un milagro que nos lleva hasta el lejano Mar de Azov. Allí nos bañamos en la historia del papa Clemente, uno de los primeros obispos de Roma en el s. I. Hasta esta isla en la que estuvo su tumba quieren llegar estas raíces y nos traen sabores, formas de Oriente.

fresco del milagro de San Clemente en el Mar de Azov

Según la tradición fueron Cirilio y Metodio los que en el siglo IX trajeron de vuelta las reliquias hasta Roma, depositándolas en esta basílica. Su memoria se conserva en cada rincón, literalmente ‘anclada’ en sus paredes. Atado a un ancla sufrió el martirio en tiempos de Trajano y esa ha quedado como una marca.

Siguiendo los espacios bajo tierra seguimos disfrutando de los colores y formas que nos hablan de la basílica del s. IX. Esta basílica se construye sobre el antiguo ‘titulus’ y fue destruida en el s. XI. Tras la devastación y el incendio que provocó esta terrible experiencia provocada por Roberto de Altavilla, el Guiscardo, el espacio de la basílica fue se rellenó con tierra y escombros para ser el fundamento de la basílica superior cosntruida en el s. XII.

Frescos basílica paleocristiana de San Clemente en Roma
Un fresco que me ha gustado especialmente: Jesús baja a los infiernos y toma de la mano a Abel para sacarlo de allí. Un demonio sujeta a Abel por el tobillo mientras Jesús lo pisa.

Mitra y casas romanas bajo San Clemente

Estos ambientes que ahora han quedado bajo tierra, un tiempo eran una calle, salas, habitaciones, un patio. Una página de historia que el tiempo ha pasado dejándola sólo como memoria hasta que las excavaciones la han abierto de nuevo.

La sensación es la de contemplar la vida del s. I y II convertida en espacios en donde imaginar los asistentes a una reunión del famoso culto de Mitra, o el paso de tantas personas sobre los suelos con ladrillos colocados a espina de pez.

Templo de Mitra bajo la basílica de San Clemente de Roma

 

Sarmientos y frutos en la basílica de San Clemente

El árbol seco de una cruz se convierte en un árbol de vida. Sus ramas se extienden entrando por todas partes: en la vida cotidiana, entre los doctores, junto a los pavos reales de la inmortalidad, entre las fuentes del paraíso y una capesina que da de comer a sus pollos. Todo esto, vivificado por la sombra, los colores, la savia, frutas y oxígeno que nos llevan con los ojos hasta tocar el cielo. Aunque, la verdad, parece que es el cielo el que, con una mano misteriosa, se acerca a este árbol y nuestra tierra.

Interior Basílica San Clemente en cuadro de Alma Tadema

El primer fruto del Renacimiento en San Clemente

El patio funciona como nartex. Es un lugar maravilloso, bosque de columnas y tranquilidad entorno a una serena fuente. Es más, parece una deliciosa ante sala para el mundo que encontraremos dentro. Nada más entrar, a la izquierda, nos espera una sorpresa suculenta.

Entrada San Clemente

El primer fruto que nos dejó Masolino de Panicale trayendo colores, formas, palabras que renovaban el lengua de la pintura en Roma. Se trata de la capilla Castiglioni con su San Cristobal en la base del pilar. Sobre uno de los pocos arcos góticos de la ciudad nos sorprende una preciosa Anunciación.

En la pared izquierda, la historia de Santa Catalina de Alejandría nos habla de un mundo en el que una mujer filósofa había defendido sus ideas. Contra ella vemos sesudos personajes apoyados en el poder tradicionalista del emperador Majencio. Catalina se había formado en ese ambiente de alta cultura y conseguía hablar de esa cruz, una locura contradictoria. Era, además, una novedad demasiado arriesgada y eficazmente expuesta ante una escuela tan importante como la alejandrina.

Basílica San Clemente Roma capilla Castiglioni

Entre el Coliseo y San Juan de Letrán esta isla, este árbol, nos espera. De esta forma, podemor ir leyendo páginas y páginas con hermosas palabras vivas, sus espacios, en Roma.

Santa María de los Ángeles y los Mártires

En la parte alta de Roma, junto a Termini, te espera ‘desnuda’ la basílica de Santa María de los Ángeles (Santa Maria degli Angeli, en italiano).

Desnuda. Y Lo comprenderás al verla. Al menos yo, al verla, tengo la sensación de que se ha quitado su ropa, la fachada. También ella, como las Náyades en la plaza, parece querer meterse en la fuente.

Santa Maria de los Angeles Fachada

A mediados del s. XVI los familiares del papa Julio III habían utilizado estos amplios espacios como campo de ejercicios equestres. Mientras, el sueño de construir una basílica en esos espacio esperaba el momento adecuado. Y al fin llegó. Fue el mismísimo Miguel Ángel ya anciano el que transformó en 1562 el frigidarium de las termas en una gran aula para la basílica. Eso sí, los grandes espacios se abrían a lo ancho y no a lo largo.

A lo largo de los siglos se fue revistiendo de diversos ropajes, incluso con grandes cuadros de la basílica de San Pedro. El arquitecto Vanvitelli en el s. XVIII le puso manto y corona con su fachada y los grandes trabajos en su estructura interna.

Santa María de los Ángeles y los Martires, Termas de Diocleciano

Interior de Santa María de los Angeles.

Los cartujos la recibieron como iglesia en Roma. Allí estuvieron con su convento hasta la desamortización cuando Roma pasó a ser parte de la nueva nación italiana. Y así vemos ahora la estatua de San Bruno que se encuentra en el paso desde la entrada circular hacia la gran nave.

El interior de Santa María de los Ángeles es, como ocurre tantas veces en Roma, una gran sucesión de historias que se tocan grancias a sus muros. El recuerdo del general Díaz construido por Muñoz, las reliquias de San Jerónimo, San Agustín y San Ambrosio. Y junto a ellos las tumbas de los pintores Salvatore Rosa y Carlo Maratta o del papa Pio IV.

Santa María de los Ángeles interior

Cada vez que un espacio así se transforma, no dejan de resonar los ecos de las paredes y de las bóvedas. El chapoteo, las conversaciones, de miles de personas que acudían a las termas cada tarde, siguen allí. Como las piedras que surgen en el concreto del antiguo ‘opus cementicium’ romano, así los sonidos asoman entre los trapantojos barrocos, o detrás de las grandes pinturas traídas desde San Pedro.

Ahora ya sé por qué cuando veía el San Sebastián del Domenichino me parecía escuchar las voces de los personajes. ¿Serían los ecos de los muros romanos? ¿O quizás los que recogió el muro de la basílica de San Pedro, cortado, como soporte de esta pintura mural?

Una basílica en las Termas. Un órgano maravilloso junto a un mariscal. Una meridiana con todo el zodíaco junto a la mirada severa de un cartujo.

San Sebastian del Domenichino en Santa María de los Ángeles

Cada vez me confunde, me sorprende y emociona más esta Roma, como Santa María de los Ángeles, desnuda y vestida de mil ecos.

patio santa maria angeles termas diocleciano

Santa María del Popolo: la mejor forma de entrar en Roma.

Las sombras y el aire de Puerta Flaminia son un regalo. Está empezando el verano y ya hace mucho calor. Me siento un momento en las escaleras de Santa María del Popolo mientras pasan ríos de gente. Esta es la entrada en la ciudad amurallada que más me gusta y mi meta de hoy.

Estas bonitas escaleras quizás fueron pensadas para que las aguas del Tíber no llegaran a entrar. Quizás Santa María del Popolo haya sido uno de los sueños más hermosos de ese renacimiento romano de finales del s. XV. Sobre antiguas construcciones se iban cimentando nuevos proyectos. La antigua iglesia y convento de los agustinos dio paso a una hermosa basílica en tiempos de Sixto IV.

Grabado con la leyenda que da origen a Santa Maria del Popolo

Lejos quedaban los tiempos de los jardines de Salustio que bajaban desde el actual Pincio hasta esta puerta de la ciudad. Aún más lejos quedaban los recuerdos de un lugar maldito por alojar la tumba de Nerón a la sombra de un enorme chopo. Un sueño, soñado o imaginado, por Pascual II cambió este recuerdo con la dedicación a María. Quisieron desalojar en aquel siglo XI antiguos espíritus y leyendas con la devoción a esta mujer. Quizás por eso la encontramos a la entrada pues ella hizo realmente de puerta y entrada a su hijo.

En todo caso, el sueño lo pagó al final el ‘popolo’, el pueblo romano. Y es bonito que al menos en este caso, se recuerde.

Entrando en Santa María del Popolo

Así, nada más entrar a la derecha, nos encontramos en la Capilla della Rovere. Allí está una de las pinturas que más me gustan de Roma: un nacimiento pintado por el Pinturicchio. En esta iglesia, al fondo, el pequeño pintor decoró la bóveda del altar convirtiéndola en un triunfo inmenso de color dedicado a María. Sin embargo aquí, al principio, en donde todo empieza, el artista parece recobrar su nombre propio, Bernardino. Nos llama por el nuestro y nos quedamos a la entrada del establo. Junto a nosotros, en la escena, no faltan nunca un buey y una mula. Pero ellos dentro.

iglesia de Santa Maria del Popolo Pinturicchio

La frescura de la entrada en sombras se abre a una nave central luminosa. La mirada, al final, se posa sobre un altar en donde nos espera una Madonna de estilo bizantino. Sabemos que llegó aquí en el s. XIII  proveniente del Sancta Sanctorum de San Juan de Letrán, trayendo fama de haber sido pintada por San Lucas. Detrás, como jugando al escondite, sueñan convertidos en piedra dos cardenales: Jerónimo della Rovere y Ascanio Sforza. Esta vez los sueños los pagaron ellos. De esta forma, el Sansovino cumplió y los dejó soñando para siempre. También a nosotros.

tumba de Ascanio Sforza del Sansovino en Sta. Maria del Popolo

Me imagino esa nave central a inicios del s. XV mientras Bramante ampliaba el coro que está en el altar. Por aquella época en esa iglesia rezaba y en el convento vivía un monje agustino peregrino. Dejará una huella imborrable en la historia de Europa: Martín Lutero.

La Capilla Chigi de Santa María del Popolo

Unos años más tarde, en 1513, en esta misma iglesia se econtraba trabajando Rafael para la construcción de la capilla Chigi. Aunque llegó a diseñar los frescos de la cúpula, poco de ella pudo realizar antes de morir. De hecho, en el altar luce una maravillosa tela de su colega – rival Sebastiano del Piombo. Una Capilla con mucha historia pues sólo se concluyó en 1656 gracias al trabajo de Bernini llamado por el papa Alejandro VII. Un papa con ‘el mal de la piedra’ no sólo por los cálculos sino por su fiebre constructora. Se despreocupó de la política europea de medidados del s. XVII (Guerra de los 30 años, Paz de los Pireneos…) para encargar y promover maravillosas obras arquitectónicas. Cuestión de prioridades.

Cupula Capilla Chigi en Santa María del Popolo

Caravaggio en Santa Maria del Popolo.

Neque hic vivus, neque illic mortuus.” “Ni aquí vivo, ni allí muerto” es una admonición en la tumba del arquitecto, músico y autor teatral Giovanni Battista Gilseni. Te la encuentras junto a la puerta de entrada. Yo la vi cuando estaba a punto de salir y tuve compasión de él. Sin lugar. Así se quedó. Vivo y muerto al mismo tiempo pero seguramente sin un aquí ni un allí. Sin carne y facciones, reducido a un esqueleto que habla de lo que queda y no de lo que fue.

santa maria del popolo tumba

Salí de Santa María del Popolo cuando estaban a punto de cerrar. El río de personas que iban y venían hacia la plaza seguía su curso. Parecía que tampoco para ellos existía un aquí, ni un allí. Por contraste, en ese momento recordé la imagen de San Pedro que se quedó para siempre  plantado en un momento, aquí, antes de morir. Sus facciones, su carne, tienen nombre propio. Si lo viera entre la gente que pasa lo reconocería. Es más, estoy seguro de que en el Gianicolo, el domingo pasado, junto al Templete del Bramante, lo vi disfrazado de turista. Lo que me resulta extraño es que Caravaggio lo hubiera visto y reconocido. Quizás porque buscó entre los pobres cristos y no en los palacios del Vaticano.
En Roma encontramos santos en comunes carne y hueso.

Santa María del Popolo Caravaggio crucifixión de San Pedro

Saliendo de Santa María del Popolo

Atravieso la gran plaza en bicicleta. El arquitecto Valadier a la hora de realizar el gran escenario de Plaza del Popolo destruyó el convento de los agustinos que estaba adosado a la iglesia de Santa María del Popolo. De esta forma, cuando vuelvo la vista hacia atrás, la iglesia parece quedar fuera de la plaza, convertida en un centinela siempre esperando junto a la puerta Flaminia.

Inicio o fin de la ciudad. Inicio y final de una historia cristiana y de vida. Por una parte, la conversión, el inicio, con la caída del caballo de San Pablo. Por otra, el martirio de San Pedro, final del camino. En medio, Annibale Carracci nos ha dejado una maravillosa mujer que muestra como, al final, ese camino tiene una conclusión sorprendente. Un final sin fin, sin confines.

Santa Maria del Popolo capilla Cerasi Caravaggio e Carracci

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En este enlace puedes encontrar Alojamientos entorno a esta Plaza.

Entré en la pequeña iglesia barroca de Santa Maria della Vittoria acompañando al señor que la acababa de abrir. Eran las 08,30 y quedaba muy lejos el primer café de la mañana.

Inerior de la Iglesia de Santa Maria della Vittoria en Roma

 

Mármoles, angelotes, glorias nubladas en las que la pintura y la escultura jugaban a engañarme. De igual forma me engañaron la fachada del arquitecto Soria y el rechoncho Moisés con el que se tapa, más que culmina, el acueducto alejandrino. También me engañó Plaza de la Repubblica. Allí me sorprendieron los inmensos espacios que se esconden tras la fachada de viejos ladrillos de Sta. Maria degli Angeli. Todo parece un trapantojo, un juego en el que la sencillez de las historias que se suceden dan como resultado una complejidad terrible.

En via XX Settembre

Mi amigo Armando se había quedado fumando un cigarrillo bajo uno de los naranjos de via XX Settembre, junto a las escaleras de Santa Maria della Vittoria. No le daba importancia ni al tráfico ni a los macizos y seriotes edificios ministeriales. Largo Sta. Susana con sus dos iglesias y su nombre contrasta con el ambiente ‘importante’ del cercano Ministero dell’Economia y el gigantesco cartel publicitario al lado de Banca de Italia. Como un sendero de azahar, los naranjos venían desde Porta Pia hasta la misma puerta de Sta. Maria della Vittoria. Bajitos, cargados de fruta, como de juguete, en medio de tanta ‘roba seria’ como dicen por estos lares.

Fachada Santa Maria della Vittoria Roma

Las Náyades habían dado al duro metal curvas sensuales. Las lucidas columnas del Grand Hotel parecían estar preparándose en la línea de salida en competición con los leones de estilo egipcio que custodian la fuente del rechoncho Moisés.

Dentro de Santa Maria della Vittoria

En Roma se pasa de la luz a la penumbra constantemente. Cerré por un momento los ojos apenas transpasado el umbral. Me sentía mareado. Demasiado café, demasiadas imágenes para los primeros 500 metros de la ciudad. ¿Cómo seguir en esta selva de historias?

Capilla Cornaro Santa Maria della Vittoria

La vida, la ciudad, es un sueño y un teatro en el que no acababa de encontrar mi papel.

Y de repente, llegó como un ladrón el desánimo, sin motivo. Como una visita que rompe los cerrojos de las seguridades. Como una injusticia que es siempre posible. El gran engaño parece la propiedad de los sentidos: imaginar que soy dueño de lo que vivo o creer conocer todo lo que estoy viviendo.

“Derrota es el infierno
de perder sin prendas
la esperanza”.

Al igual que a mí, la amenaza de la desilusión puede llegar incluso a quienes viajan por Roma.

Nunca me había sentido tan lejos de mí mismo, de mi historia. Veía con los ojos cerrados las imágenes de la memoria como las ve un moribundo llegando a la meta, a la muestra en donde dejar las aguas que ha conducido. Aspiraba el aire de la pequeña iglesia saboreando los olores como única medida del tiempo. Todo se perdía constantemente.

Huellas

Como sonámbulo avanzaba por la nave de Santa Maria della Vittoria, recogiendo con el tacto las huellas de las cosas, pues todo se había marchado ya. Las manos, los ojos, las palabras, las batallas, las pasiones que me habían traído hasta allí y de los que habían construido el mundo que veía, ¿eran ciertos? ¿qué había quedado de aquella luz que había conseguido vencer en la batalla? Una luz cegadora en vez la oscuridad escarlata de la sangre derramada. Una batalla junto a la hermosa Praga allá por el 1620, junto a una Montaña Blanca, digna de ser recordada como una auténtica Victoria. ¿Qué quedaba de todo ello? ¿Una imagen de María en un marco de rayos dorados? Incluso ésta no soportó el fuego y fue cenizas. Ahora veía sólo simulacros. Intentaba comprender ecos de palabras e historias que hablaban de quien ha tocado maravillas como Domingo de Jesús María. ¡Venían de tan lejos! Palabras que eran sólo rumores, que no podía sentir.

Aquella mano de niña que me guiaba, esperanza, ¿dónde estaba? No la reconocía en la de los angelotes ni en la huesuda de la muerte figurada. ¡Cuánto daría por ser encontrado! Salvado por los pelos como cuentan de los marineros, hoy prófugos, tras naufragar. Asido por una mano que esté fuera del peso muerto del agua profunda.

Ante el éxtasis de Santa Teresa

Santa Maria della Vittoria éxtasis de Santa Teresa de BerniniCapilla Cornaro en el interior de Santa Maria della Vittoria

“Nisi coelum creassem ob te solam crearem”. En el cielo de la capilla Cornaro este piropo ha quedado esculpido. Si no hubiese creado el cielo, sólo por ti lo crearía. Sólo por ella ¿y por mí? Amores que hacen atravesar infiernos sabiendo de quien nos fiamos. Amores que hacen real un cielo a pesar de no verlo en nuestra selva oscura.

Mis ojos se agarraron al final a su mano blanca, abandonada. No luchaba, no se denodaba ni debatía. Y, sin embargo, iba hacia lo alto el peso de su cuerpo. Ropas revueltas en un cuerpo abandonado, prendido en la invitación a una danza en la que se deja llevar. Labios entreabiertos a un beso suspirado por donde se escapa el alma en el último encuentro, primero de muchos otros que nada parece poder interrumpir.

Santa Maria della Vittoria Santa TeresaÉxtasis de Santa Teresa de G.L. Bernini en Santa Maria de la Victoria

En Santa María de la Victoria, al final, vi una fuerza que vence la gravedad. Una subida más rápida que mis caídas. Una puerta de salida que está más allá de los espectadores, que te lleva fuera del teatro del mundo y que, al final del trampolín de los sentidos, vadea la eternidad. Volver a esperar por la única razón de haber gustado. Un cielo creado para ti, por ti.

Allí, sin renunciar a mi infierno sentí que el paraíso puede ser.

 

Muchas veces tenemos a nuestro lado lugares llenos de historias pero las historias no se ven, o, mejor dicho, no se cuentan. Son muy discretas y no viven sino en los labios, en los ojos de quien las busca. Es como si de cada una de ellas quedara en el mejor de los casos sólo una letra capital. Como si los lugares no tuvieran espacio para contener más, cediéndolo a la vida que corre. Para las historias hace falta tiempo pero sobre todo hace falta rescatarlas de ese no lugar que está más allá del tiempo.

Ante la corriente del ‘todo pasa’- un río impetuoso de eventos que nos lleva y al que afluimos, muchas veces turbolento y turbio- algunas veces podemos contraponer el agua, siempre fresca, decantada, de un pozo.

El claustro de la iglesia de San Pietro in Vincoli – San Pedro en Cadenas

Dejo caer el cubo de mi curiosidad en un pozo situado en un claustro. Con la cuerda bajamos cientos, miles de años, y recogemos mezclados en infinitas combinaciones, los elementos de otras mil historias.

Claustro de San Pietro in Vincoli actual facultad ingenieria de Roma

Estamos en el patio de la Facultad de Ingeniería. Entre chicos coronados de laurel que han conseguido su licenciatura empiezo a escuchar el sonido de aquellas carreras memorables de los ‘Ragazzi di via Panisperna‘. Pasos entusiastas y acelerados por la emoción de los secretos que estaban esperando. Muchachos de veinte años, físicos como Enrico Fermi, que vivían entregados a un mundo invisible pero de efectos realmente impresionantes. Un mundo insospechado que necesita de nuestros precisos ‘bombardeos’ para llegar al núcleo y liberar energías increíbles. Curioso. Igual, igual que las historias. Y como ellas, siempre comunicantes. Formando el tejido de la realidad pero escondidas en la superficie del conjunto. Allí están. Pequeños átomos, historias, y grandes cisternas, como las de las termas de Trajano, con nombres de historia de las mil y una vidas: Las Siete Salas.

En el interior de la iglesia de San Pietro in Vincoli – San Pedro en Cadenas

De pozo a pozo y seguimos jugando.

Allí al lado, entrando en la iglesia de San Pietro in Vincoli, bajo las cadenas de oriente y occidente al fin unidas, nos asomamos a un nuevo brocal.

Esta vez es una cripta que contiene un sarcófago. En el frontal de piedra encontramos otro pozo. Es inagotable. Este es famoso por palabras pronunciadas hace siglos en la polvorienta Samaría. Palabras que le han dado un nombre y que han transformado su agua en vida: sensibilidad, movimientos, cambios, relaciones. Palabras y agua.

Esculpidas a ambos lados dos figuras, un hombre y una mujer. Por la sed ambos se han acercado y él los ha hecho encontrar. Así también nuestro pozo nos hace encontrar curiosamente, como agua y ecos de voz, la lejana historia de Antíoco IV, de Matatías, Judas, Jonatán… La familia de los Macabeos . Una historia en la que una madre y sus 7 hijos se convierten en mártires, testigos que siguen allí hablando de su pasión a quienes por conocerla, por sentirla, pueden tener con-pasión.

sarcofago en la iglesia de san pietro in vincoli

Un sueño en la cripta de San Pietro in Vincoli

Se enciende una luz. Una lámpara con nueve brazos. Suena la música de una fiesta. La cripta se ilumina con los sonidos de una cena entre amigos y familiares, repetidos en la memoria de un recuerdo anual: la hanukkah. Luz para los días más oscuros. Luz para la nueva y última dinastía de reyes, para la última dedicación del gran templo de Jerusalén.

Una luz que no se acontenta con un día, consumiendo un tiempo con cuerpo de aceite que escapa inaferrable. Necesita 8 días para mostrar su júbilo, para celebrar con su baile de brazos alzados la abundancia el estar vivos. Se celebra una nueva victoria, sin engaños –es luz con sombras- pero sin dejarse apagar por la certeza de las nuevas batallas, de los martillos que siguen resonando. Martillos que forjan armas y que suenan igual a los martillos que forjan cadenas, que suenan igual a los que forjan las campanas que tocan tras el concilio de Éfeso y a los de Antonio Pollaiolo sobre su bronce.

Agarrados con fuerza a estos sonidos tiramos hacia arriba sacando aguas con gozo.

El Moisés de Miguel Ángel en la iglesia de San Pietro in Vincoli

iglesia de San Pietro in Vincoli Moises, tumba de Julio II

Al salir del pozo nos encontramos la mirada severa de Moisés. Nos conoce bien, pero ya ha pasado su enfado. Tiene de nuevo las tablas de la ley y sus ‘cuernos’ por un resplandor de gloria. Su rostro está convertido en una llama, encendido también él por un encuentro. Su luz ya no está prisionera, como no lo estaba el arte en las manos que lo cincelaban. Mármol que de prisión se convierte en palabra, es más, en luz, en fuego que se eleva: ‘ad sidera flamma vocatur’. Quema por su belleza y por el deseo de más. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él? Grande e ínfimo, ardiente, no sólo en lo que hace sino en lo que desea, de lo que es capaz.

Nicolas de Cusa en la iglesia de San Pietro in Vincoli

Antes de salir nos saluda Nicolás de Cusa. Juega también él echando palabras en el pozo del saber: docta ignorancia. Le sonrío complice en sus aventuras y tengo ganas de alzar la mano para brindar a ese ‘ser únicos’, esa única vida que nos acerca.

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Una tarde ante la iglesia de San Agustín (Sant’Agostino)

biblioteca angelica junto a la iglesia de san agustin en Roma

Con una melena gris recogida en una coleta bien peinada y la camisa de grandes cuadros azules fuera del pantalón, iba y venía recorriendo el primer escalón de la escalinata de la iglesia de San Agustín. En la mano izquierda, una bolsa de ordenador se balanceaba liviana haciendo acorde con su pierna derecha. El mentón apoyado en el pecho, parecía que su mirada observara la punta de sus enormes zapatos marrones de buen cuero.
Viéndole pensé, sin saber bien por qué, en aquel dibujo de una boa que se había comido un elefante y que, en otro tiempo, en otra vida, un niño había dibujado. Más allá de las cosas que la luz iluminaba ¿qué había en las sombras y en el contraluz?¿qué pensamientos y sentimientos se escondían bajo la camisa a cuadros?

La tarde, avanzando, cerraba aún más la pequeña plaza sometida a una cierta oscuridad prematura por los pisos sobreelevados.
Junto a la selva de coches aparcados la imagen de aquel hombre con la fachada clara como un folio remitía a una historia más grande que el elefante e igualmente escondida en apariencia. A la derecha, una ventana iluminada dejaba ver unas antiguas estanterías de madera bajo arcos que se sólo se adivinan apenas: la biblioteca Angélica.

Entrando en la iglesia de San Agustín.

Altísimas columnas y un cielo estrellado me cobijan.

Justo a la izquierda veo una imagen reluciente de María, como una gran matrona romana, y del niño Jesús regordete a su lado. Múltiples exvotos de agradecimiento, celestes y rosa, rodean las imágenes como un marco barroco.

madonna parto sant agostino roma

Al fondo, en la oscuridad, atrae mi mirada una mujer en una pose graciosa, llena de donaire. Parece que me estaba esperando. Y así es. La Virgen de Loreto nos la ha dejado allí Caravaggio, esperándonos.

La Virgen de los Peregrinos

Junto a ella, a sus pies, recién llegadas, hay dos personas: pies sucios del camino y aún con el bastón -bordón colocado entre los brazos, apoyado en el hombro. Las manos, sólo ellas junto con la mirada devota, parecen tributar una adoración suplicante. Todo lo demás, está sacado de un callejón de cualquier esquina romana.

Aquella mujer guapísima y su niño ya no están entre los delicados y colorados paisajes del renacimiento -casi un paraíso en la tierra- ni entre las nubes barrocas de una gloria confusa. Se hace mujer de verdad, de oscuros cabellos mediterráneos, de cuerpo lozano, que deja caer su sombra ante el portal de una casa cualquiera. Una sombra que tantas veces habrá recibido aquella piedra y que parece grabada en ella, como un cuerpo de ausencia. Sombra y dintel comparten el centro de la escena con un descorchón en la pared igual a los de cualquier casa. Un niño ya grandote recibe la adoración y la luz mientras viste con su sombra el pecho de la mujer.

Ella mantiene el niño con desenvoltura y al mismo tiempo con la fuerza necesaria para tenerlo en brazos. El gesto de su pierna parece hablar de otros momentos en que, ante el portal de su casa, se para a hablar con alguna vecina. Está en su ambiente, se apoya en su dintel, espera y sostiene. La calma de un día cualquiera, con la simple liturgia de una visita cualquiera.

¡Y dicen que aquel niño es Dios! Y que aquella mujer es la única persona en este mundo elegida para ser su Madre.

Un rincón en la iglesia de San Agustín.

Viergen de Loreto del Caravaggio en la iglesia de San Agustín (Roma)No hay protocolos de corte ni recomendaciones.

No acuden a ella hombres cargados de grandes proyectos, vestidos ricamente.

Sin el relucir de un metal ni el teatro colorado de los grandes salones.

Sin chamberlanes ni ceremoniales, listas, invitaciones, etiquetas ni multitud de luces centelleantes.

La emperatriz vestida de brocado y coronada de joyas o la angelical virgen y madre son historia. Hace falta la historia, tanta, para mostrar con pocos colores, cientos de matices y sombras lo que las cosas son. Esa madre también era una mujer como las demás, ignorada por los ojos de príncipes, sabios, potentes. Hacía falta historia y Caravaggio para que una mujer cualquiera pudiera ser esa madre.

Sin embargo, me doy cuenta que tampoco este cuadro es aquella Madre y aquel Niño. Son la parte de ellos que gracias a la historia, a su largo decorrer, se muestra en un entreacto.

Lena y María en la iglesia de San Agustín

La prostituta, Lena, amada amiga de Caravaggio es ahora María. Lena le ha dejado su rostro, su carne, a la Virgen si no desde siempre, sí para la posteridad, para nosotros. Una encarnación artística en la que el inmaculado lienzo no desdeña asumir la materia de color, la forma de un caduco y maravilloso cuerpo, con un alma creada por las manos, el sentir y pensar de Caravaggio. Atrevimientos del querer que crea.

Para mí este es el lugar donde la iglesia se hace casa, también para pecadores con los que el Maestro no tiene reparos en compartir manjar y presencia.

En esta iglesia, Tullia, Fiammetta, Lena tenían su casa y este cuadro es un dintel en el que se anuncia su presencia. La Virgen, casa del Dios que la habita recibiendo de ella su calor, su vida en sangre. La casa de Loreto. Casa de vida familiar en la que crecer en sabiduría y gracia, en silencios de trabajo y vida cotidiana. Un lugar al que volver tras las bulliciosas jornadas entre palacios y vida cortesana. La casa que acoge a los que peregrinan en el tiempo: sucios, cansados del camino y los años. Una casa que luego, ya sin tiempo, sin espacios ni paredes, se ensancha con innumerables moradas inimaginables. Una casa iluminada a la sombra de lo infinito.

En esta casa se enamoró Dios de la humildad de una chiquilla. Todo se hace nada dependiendo en todo de una nada de mujercita que es todo para él. Atrevimientos del querer que crea.

El escenario es un dintel cualquiera. La humanidad peregrina espectante en los dos personajes, los grupos de turistas y caminantes sin rumbo, nosotros.

Saliendo de San Agustín

Una esalinata, una iglesia, una ciudad que aún conserva luces y sombras con paredes descorchadas.

¿Cómo dibujaría aquel niño, colorado y grandote, las cosas que veía en esta ciudad?

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Color. La gloria en la Iglesia del Gesù

El fuego no se puede contar y tampoco sus sombras. El fuego que estudiamos no nos calienta y es imposible imaginar el calor sin sentirlo.

Si hablamos de fuego enseguida me vienen a la mente conceptos como luz, intimidad, fiesta, compartir, calor. Poco después surgen otros como incendio, cenizas, quemaduras, desolación.

Una potencia siempre compleja, ambigua o al menos paradójica. Amorosa y destructora, cálida y vital o destructora y torturadora. Un poder que reduce todo a escombros carbonizados de donde se ha escapado la vida consumida en humo y violento crepitar. Estos dos aspectos son los que se dieron cita en mi imaginación al contemplar recientemente el arte del Baciccia en la iglesia del Gesù.

Baciccia iglesia del Gesù

¿Por qué el Baciccia me quemaba y atraía al mismo tiempo?¿Qué concepto, con qué palabras, podría expresar estas dos caras de la realidad? Por casualidad inicial y búsqueda después, me encontré con el italiano ‘buio’. El ‘buio’ no es la oscuridad, no es una negación, sino un color y una situación existencial. Para desentrañar el contenido que encierran estas 4 letras quise entrar en su historia, en su familia. Seguí un hilo que salvando el laberinto del uso secular, me llevara de la mano. 4 letras a las que asirme para iniciar el camino sin volverme.

Buriel. El color de la iglesia del Gesù

¡Qué alegría al encontrarme con papá ‘burius’ y mamá ‘urere’! Burius designa un color rojo oscuro, intenso pero apagado, un rescoldo, en el que se muestra la energía luminosa que fue en lo que que queda: los residuos de la combustión. Es siempre ‘burius’ el que está detrás del brown inglés y del braun alemán, designando en origen una extraña mezcla entre naranja y negro.

Entre los parientes del ‘buio’ italiano ha quedado, como hermano pobre y casi desconocido en nuestros días, el español ‘buriel’. También está la pequeña hermanita italiana ‘burella’. Ella da nombre tanto a un tipo de vaca lechera –bien morena para diferenciarla de las trabajadoras vacas blancas- como a una ‘oscura’ calle de la bella Florencia.

En mi imaginación todo empezó cuando vestido con un paño buriel –ahora lo puedo decir- iba capeando los empellones del viento que se empeñaba en hacerme rodar hacia la plaza junto al palacio Altieri. Buscando refugio del viento endemoniado me imaginé con los pies descalzos de los peregrinos caravaggescos. Uno más sin más, en la gran aula de la iglesia del Gesù, abierta, sin columnas. Una plaza pero cerrada al viento a inicios del s. XVI.

Antes del gran Colegio Romano, antes de las universidades, antes de esa plaza cubierta de glorias en frescos. Antes de todo ello estuvo la gruta en la colina que hoy es Trinità dei Monti. Estuvieron los hospitales de fortuna, la casa de Santa Marta delle Mal-maritate. Brasas que han dado luz y se han consumido por un calor que no va más allá del conctacto. Este fuego no prende pero no se inflama. Es un derroche de energías que no produce intereses pero que se propaga. Sin él la vida sería un frío aburrimiento de muerte.

Dentro de la Iglesia del Gesù

El Baciccia –siempre me hace sonreír el sonido de este apodo de Giovanni Battista Gaulli– no pinta la luz, incendia. Su oscuridad son carbones, sus sombras tienen un aire que danza. La maldad es un frío fuego fatuo y la gloria una pasión coral de llamas y cuerpos que se pasan destellos del incandescente blanco al tibio anaranjado.

Los personajes son un pardo y contradictorio buriel: un paño de humilde humanidad contradictoria. Son capaces de alimentar la luminosa gloria acercándose a ella y quedarse como ennegrecidos tizones al alejarse de la fuente de luz y calor. Enciendo una vela para tener cerca una luz de verdad, que se sienta, baile, caliente. Frágil y voraz.

También buriel podría ser el color más apropiado a la hora de definir los vestidos de Ignacio de Loyola conservados en su pequeñísima celda, engullida por un laberito de pasillos y nuevas construcciones que a drede no la han digerido.

También de buriel está vestido Ignacio en los frescos del padre Pozzo, y burieles han sido las vidas de José Pignatelli y el padre Arrupe. Están separados por un centenar de años, sin coincidir en vida, y sólo por un metro para acercarles en la memoria de sus sepulcros. Por cierto, si bien José Pignatelli pasa desapercibido en su sepulcro, tiene un busto maravilloso del escultor Solá en el presbiterio. En su sepulcro, las cenizas; en el altar, la gloria luminosa. Parece que en la dura piedra se encarne el espíritu de sobrevivencia de la orden de los jesuitas: reducida a huesos, pero siempre determinada.

Jose Pignatelli busto en la Iglesia del Gesù

Un jesuita

Este aragonés, cuando ser aragonés podía significar tener raíces napolitanas, mantuvo vivo el rescoldo, oscuro pero cálido, de esta paradójica Compañía. La habían declarado difunta pero no acababa de morir. Quizás la alegría y el razonado asentimiento que muchos experimentaban viéndola en su triste final se frustró con la descabellada ilusión de este aragonés por ser jesuita.  A pesar de la edad, de la familia, de su enfermedad, de la lejanía e incluso a pesar de que oficialmente los jesuitas ya no podían ser. No quedaba ninguno por estos lares tras la bula del mismísimo papa Clemente XIV pero él lo fue, por segunda vez primero.

Grandes de linaje y recursos, como el delgado Pignatelli que nos muestra el mármol, que se queman ardiendo como ascuas en oscuras historias y luego dan a luz una gran hoguera. Tan sólo huesos, pero huesos de locura o enamorados. En su desnudez descarnada tienen el paradójico poder de acercar, de congregar. Nos hacen saltar más allá del poco tiempo en que eran auto-móviles para luego ser velas empujadas por un soplo de viento. Divino para unos o endemoniado para otros. En ambos casos un viento igualmente incomprensible, ambiguo como el ardiente y oscuro, buriel.

En la plaza ante la iglesia del Gesù

Salgo a los aires furiosos de la plaza y me encuentro con el anaranjado atardecer que va apagándose. El ‘imbrunire’ italiano que tanto me gusta. Un tiempo que como nuestra alba, se viste de un color tan especial que le da nombre propio.

Una ‘apetta’, una de esas motos con remolque que parecen zumbar en el equilibrio inestable y juguetón de sus tres ruedas, pasó a mi lado. En su toldo de tela franciscana, escrito con letras blancas: Cavalier G. Zazzaretta, legnami (maderas). Me imaginé a Petronio haciendo entrar a esta hora del atardecer en su cena de Trimalcione al Cavalier Zazzaretta. Jovial y mordaz, siempre listo a una buena salida irónica. Un auténtico nombre hablante, digno de una ocasión tan especial.

Hay nombres que hablan, que suenan y resuenan, sugiriendo significados, jugando con otras palabras, trayendo a la mente imágenes. Nombres contradictorios, muy humanos, en una mezcla bien saturada de alturas gloriosas y lodos que cubren en las caídas.

Caminando ahora ya en la oscuridad que en Roma es ‘buio’, subo por via IV Novembre y paso junto a los Mercados de Trajano. Una torre inclinada, como de puntillas sobre el Foro de Trajano, se asoma para ver la ciudad en sus incendios apagados y sopla memorias para reavivar las llamas de la ilusión. A ver si vemos lo que será.

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