Santa Maria in Cosmedin
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Santa Maria in Cosmedin

Santa María in Cosmedin es un lugar trasplantado o mejor dicho, injertado. Usando las palabras de Ovidio en su cuarto libro de las Metamorfosis:
“nam mixta duorum
corpora iunguntur, faciesque inducitur illis
una; velut, si quis conducat cortice ramos…”

Sálmacis y Hermafrodito son los que por amor pasan a ser uno, en un sentido tan literal que dejan de ser. Se injertan bajo la corteza en un único tronco y ambos tienen ya un único rostro.

“Amar es un lugar.
Perdura en lo más hondo: es de dónde venimos.
Y también el lugar donde queda la vida.”

(Joan Margarit, Amar es dónde)

Muchos griegos y orientales trajeron hasta Roma el lugar de donde venían. Esta zona, hondo lugar en la que hacer presente un amor,  era ya la ‘schola graeca’. Fue elegida por los representantes del Imperio de Oriente y estaba llena de tradiciones de sabor oriental. Muy cerca, de hecho, se encuentran también varias diaconías. Originariamente eran fundaciones asistenciales instituidas por privados (muchos con encargos militares) o por el emperador oriental con monjes que administraban los regios donativos. Esto explica que desde el Foro Romano hasta el Foro Boario haya tantas iglesias dedicadas a santos orientales. Algunos eran protectores de los soldados (San Adrián, San Teodoro o San Jorge) otros, santos ‘médicos’ como Cosme y Damián. Tras el siglo VI, la Iglesia Romana, desvinculada de la dependencia con Constantinopla, organiza estos centros religiosos ‘orientales’. En la Roma alto medieval continúan a ser lugares en los que asistir a la población, siempre menor y con más necesidades.

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Portal de entrada en Sta. María in Cosmedin

En Santa María in Cosmedin los brillantes colores del hermoso monasterio de Constantinopla se unen al recuerdo de Hércules y a los antiguos espacios dedicados a las gestiones de las mercancías que abastecían la antigua Roma (Statio Annonae). El Kosmidion de las afueras de la capital imperial de oriente encuentra su lugar en Roma. La hermosura de sus colores y formas -el kosmidion, adorno- son una fuente de salud. En oriente era un lugar de ensueño, y también aquí. Es más, un lugar de oniroterapía en el que los santos Cosme y Damián se aparecían en sueños, recetando remedios y aconsejando curas. Lugar de sueños reparadores que curaban el cuerpo para sanar el alma o las almas para recobrar la salud del cuerpo. Límites imprecisos de lo que no está deslindado.

“Neutrumque et utrumque videntur” (Ovidio, Metamorfosis, IV, 378)
Ninguno de los dos y ambos parecen.

El resultado es terrible, un castigo por forzar al querer lo que no es. Así acaban Sálmacis y Hermafrodito, tras la violencia sin límites: indiferenciados, de una igualdad sin separación ni complemento. Por no soportar las distancias, la posibilidad de estar lejos, ambos pierden la ocasión del encuentro, reducidos a una solitaria unidad.

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En Santa Maria in Cosmedin experimento lo contrario: unidos pero reconocibles. El alzado de las columnas romanas y la horizontalidad del los colorados suelos medievales se unen dando lugar a una realidad nueva en la que vemos sus cuerpos de piedra sin distancia, pero no confundidos. No es el ansia de Sálmacis, instantánea, devoradora, digestiva. Es la cotidiana insistencia del tiempo por reducir a la unidad, lento roce y solapado engarce de los diversos, reconocibles ambos, en este abrazo de Santa Maria in Cosmedin.

Tesoros escondidos en Santa Maria in Cosmedin

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Muro en tufo del Aniene, reconstrucción del s. II a.C. de la antigua Ara Máxima de Hércules

Cuando en el s. VIII con el papa Adriano I se amplía Santa Maria in Schola graeca, se excava con gran esfuerzo entorno a una gran ara. Una construcción del siglo II a. C que recubre el antiguo altar dedicado a Hércules construido en tiempos del rey Evandro. Ante el muro del Ara se abre una cripta en donde fueron depositados y venerados los cuerpos de varios mártires (Cirila, Hilario, Coronado…), traídos desde catacumbas alejadas de la ciudad y difíciles de proteger.

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Cripta de Adriano I (s.VIII) en Santa Maria in Cosmedin

Desde el año 707 nos visitan los colores, las formas, la hermosa decoración de un mosaico que se encuentra en la sacristía. Actualmente está llena de recuerdos, objetos, libros, reproducciones con la Boca de la Verdad… y contemplando el ir y venir de la gente, la serena ‘Epifanía’. Este mosaico proveniente del oratorio de Juan VII papa de origen griego, hijo de un funcionario bizantino que custodiaba el palacio imperial en el Palatino.

Su serena elegancia nos hacen viajar en el tiempo hacia unos siglos llenos de una belleza con sabor oriental en Roma. Y, al mismo, tiempo, nos acercan al momento en que ese poder de oriente deja paso a una nueva época.

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Cerca de la entrada de Santa María in Cosmedin, nos espera esta bella representación de la Epifanía. Un mosaico procedente de la antigua basílica constantiniana de San Pedro.

Se trata del momento en que Constantino V, emperador de Oriente, consigue frenar el avance de los árabes y actúa una política iconoclasta. Persigue y manda en exilio numerosos monjes que, junto con el arte y las imágenes fomentan una religiosidad ‘popular’. Para él, para muchos, esas formas serían indignas de la magestad divina, siempre más allá de cualquier color y forma que la contaminen terrenalmente. Algunos de esos monjes se refugian en Italia y en concreto en esta zona ‘griega’ de Roma. De esta forma -el amor es un lugar-, adornan nuevamente con su arte, kosmedion, este lugar.

Poco después el papa Esteban II a mediados del s. VIII hace un sorprendente viaje. Cruza los Alpes para encontrarse con Pipino el Breve. Quiere apoyarse en el rey de los francos para luchar contra Astolfo, rey Longobardo que se había apoderado de Roma y del Exarcado de Ravenna. Pipino el Breve, tras recibir del papa la unción como rey, vence a los longobardos. Ahora bien, en vez de restituir el Exercado a Constantino V se lo ofrece al Papa que, desde entonces, tendrá su poder temporal en estos lares.

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Puente roto sobre el Tíber, cloaca Máxima y Foro Boario con el campanario de Santa Maria in Cosmedin

Curiosas e interesantes formas de la historia. Ella tiene un cuerpo en el que se funden tantas otras historias resultando así un ‘hermafrodito’. Pecho de oriente y espalda de occidente unidos en el ombligo de esta penísula. Pies hercúleos y mejillas coloradas de emperatriz bizantina. En piel clara y franca o largas barbas, se nos muestra el rostro de quien tiene en mano dos llaves.

Los 34 metros de altura de su campanario románico, son un mástil junto al Tíber. Su campana tiene un sonido inconfundible que alegra el Foro Boario desde el 1289 o nos avisa alarmada. Entre las brumas su voz nos descubre las aguas de este río en el que al bañarnos también nosotros sufrimos la pasión de la ninfa. Aquí, mis manos, mi rostro, pueden ser los de Pedro Martínez de Luna, un ‘papa del mar’. O los de Pietro Francesco, el último papa Orsini. El primero fue cardenal de esta iglesia en el s. XV y quiso llamarse Benedicto XIII. El segundo, dejó aquí una maravillosa urna antigua como pila bautismal, y tras una indecisión inicial -empezó llamándose Benedicto XIV- también él fue Benedicto XIII. Un nombre que quiere ser tan propio que recurre a la unidad numérica aquí lo descubro hermafrodito de dos cuerpos incluso de tiempos inconciliables.

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Nave central de Santa Maria in Cosmedin tras las reformas de finales del s. XIX y siglo XX

Sólo lo que se puede separar, lo diverso, puede unirse, compenetrarse, sin confundirse. En Santa Maria in Cosmedin me asomo al riesgo de confundirme en Roma. Sentado en su nave he escuchado a las sirenas. Me levanto y me alejo como el présbite para distinguir cada letra, cada miembro. Mis yemas pueden entonces recobrar el límite acariciando alegres su columna y luego salgo.

hermafrodito museos de Roma

Hermafrodito en el Museo Nazionale Romano de Palazzo Massimo alle Terme (Roma)
Tema
Santa Maria in Cosmedin
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Santa Maria in Cosmedin
Descripción
Horario invernal: 9.30-17.00 (cierre de la reja de entrada a las 16.50) Horario estivo: 9.30-18.00 (cierre de la reja de entrada a las 17.50)
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