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Actividades Para toda la Familia.
| Raquel y Yago: nuestros colaboradores en la redacción y responsables de la sección.
"Tout
ce que l’on fait on le fait pour les enfants. Mi Sueño ¡Hola! me llamo Julia y os voy a contar una historia que me pasó hace tiempo. Un día fui con mis padres a Mérida, allí nos hospedamos en un hotel muy bonito, pero muy antiguo, parecido a una mansión romana. Aquel día estaba agotada por el viaje, así que decidí acostarme temprano. Como a mí me gustan mucho los antiguos romanos y estaba en una ciudad muy importante, en su época, nada menos que la famosa “Emerita Augusta” nombre romano de la actual ciudad de Mérida, esa noche soñé con ellos. Al día siguiente cuando me desperté, me arregle y decidí salir a dar un paseo, mi sorpresa fue enorme, me encontré en una ciudad muy distinta a la del día anterior. Una niña paso por delante de mí y me saludo con un “ave”, como me apasionan tanto los romanos supe que me decía “hola” en castellano. Estuvimos hablando un buen rato, suficiente como para conocernos. Era hija de un patricio, personaje político muy importante de su época. Me llevó a ver el foro, la plaza más importante y el mercado principal de la ciudad, estaba repleto de gente que hablaban y discutían los precios de las mercancías, olía a pan recién hecho, pasamos por debajo de un acueducto como el de Segovia. Flavia, que era su nombre, me condujo a una tienda que tenía todo tipo de collares, pulseras y pendientes, situada en la parte más noble del foro. Se compró dos preciosos collares de cuentas de vidrio, uno me lo regaló y el otro se lo puso ella, le costó 20 sestercios, para hacer las cuentas emplearon una especie de calculadora, que me llamo la atención porque yo lo conocía, era un ábaco. Flavia me dijo que si quería ir con ella a las termas, yo acepté su propuesta, cuando llegamos me quede maravillada del lugar, era un sitio donde la gente se podía relacionar con los demás, se podían relajar con baños, saunas y masajes, también había un gimnasio. Me contó que las principales salas de las termas se llamaban APODYTERIUM (vestuario), PHAERISTERIUM (gimnasio y lugar de juegos), CALDARIUM (piscinas de agua caliente) y FRIGIDARIUM (piscinas de agua fría). Como era casi medio día, teníamos hambre y decidimos ir a su casa. Su casa era muy bonita, tenia unos mosaicos preciosos, al entrar nos recibió una criada que nos hizo pasar a un patio lleno de flores, fuentes y estatuas, me dijo que se llamaba PERISTILO, jugamos con sus muñecas, unas de cerámica y otras de madera, me gustó una con un vestido de color azul, me dijo si quería quedarme con ella, la conteste que sí. Otro criado nos llamo para pasar a comer. La comida constaba de tres platos; una entrada de huevos y caracoles; un plato fuerte de carne guisada y un postre de dulces, yo pedí fruta y me trajeron unas naranjas. Para comer nos reclinamos sobre unos divanes llamados TRICLINI, alrededor de una mesa muy baja, aunque parezca incomodo me resulto cómodo. Flavia me contó que todos los criados eran esclavos de su padre. Después de comer me dijo que ella siempre iba a rezar, y nos dirigimos al templo. Tenía una escalinata que terminaba en un pórtico con unas columnas enormes, encima de ellas había un frontón que me recordaba a los templos griegos de las fotos, había unos quemadores de incienso por lo que el olor era muy agradable, entramos por una puerta enorme y una vez dentro pude ver una estatua enorme que Flavia me dijo que era Júpiter, el dios de los dioses. Más tarde me enseñó un teatro donde se representaban comedias y farsas, los actores se tapaban la cara con unas mascaras de cerámica que hacía que se les deformara la voz, ente los actores no había ninguna mujer, Flavia me comento que las mujeres no podían actuar en el teatro, su papel lo interpretaban los hombres. Salimos corriendo del teatro para poder llegar a las carreras de cuadrigas que se celebraban en el circo, las cuadrigas eran una especie de carro conducido por cuatro caballos. La carrera duraban siete vueltas con cuatro cuadrigas por carrera, era un espectáculo muy popular, la gente gritaba y animaba a su carro preferido. Se empezó hacer de noche y como estaba muy cansada me quede dormida. Cuando me levante al día siguiente vi que todo había vuelto a la normalidad, pero en mi mano estaba la muñeca que me había regalado Flavia el día anterior y en mi cuello también estaba el collar. ¡Cuantos recuerdos guardé con el collar y la muñeca!. Cuento escrito por Andrea Romero Gutiérrez, una niña de 11 años que ha visitado Roma con sus papás y su abuela. |
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Battelli di Roma: En Barco por el Tíber Travesías
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