Café en Roma

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El café en Roma, como en toda Italia, es una parte muy importante de la vida diaria. No sólo por la maestría y sabor del café italiano, que lo convierte en un placer gastronómico, sino también por los momentos que tomar un café aporta. Por supuesto, esto también sucede en España, donde compartimos tantos cafés con amigos, parejas y familia. Pero en Roma es diferente. Seguramente no verás a un grupo de personas tomando un café y charlando durante dos horas. Para eso están otras cosas. Por ejemplo, una pizza.

Pero no sólo en esto es diferente, también, el café en Roma. Aquí ir a tomar un café no nos enfrente a una decisión entre 3 o 4 tipos de café. ¡Tenemos todo un dilema! ¿Saborear el clásico expreso italiano? ¿Capuccino? Y si optamos por el café frío… ¡otro mundo que se nos abre! Vamos a conocer cómo es el café en Roma.

En Roma un café es… un café

En España acostumbramos a llegar a la cafetería un pedir, normalmente, un café solo o un café con leche. Dentro de esas dos grandes opciones, podemos especificar si largo, claro, manchado… Pero esas suelen ser las dos grandes variantes. Si alguien entra y pide simplemente un café, el camarero o camarera preguntaría: ‘’ ¿solo o con leche?’’

En Roma, si en una cafetería o en un restaurante pedimos un café, nos servirán… un café. Lo que nosotros entendemos por un café solo. Aquí un café normal es un café solo. Pues lo habitual es tomarlo así. Un café es… un café. Ojo porque, si intentamos aclarar que queremos un ‘’café solo’’, nos mirarán raro. Estarás diciendo que lo tomas solo, sin compañía. Lo equivalente a un café solo en italiano sería un caffè normale.

Café pero, ahora, ¿cuál?

Si optamos por tomar un café. Un café solo, caffè normale (no insistiré sobre esto porque es mejor pedir simplemente un café sin concretar, a mayores, ‘normale’), tenemos también varias opciones. Podemos tomarlo así, un tamaño normal. También podemos optar por el espresso (que será de todas maneras el que nos servirán habitualmente) el cual es un café concentrado. El expreso suele ser el tipo de café más solicitado.

Por otro lado, si queremos algo todavía más concentrado, podemos pedir un ristretto. Un pequeño sorbo. Aún más que el expreso.

También están las opciones más ligeras, el solo largo sería un americano. También podemos solicitarlo como caffè lungo.

Si queremos un café con leche, debemos pedir un caffè latte. Si es manchado, cortado, un macchiato.

Y, por supuesto, el mítico capuccino italiano. ¡Una delicia! Eso sí, si quieres pasar por un verdadero conocedor del café en Roma, no pidas un capuchino si no es durante la mañana. Tomarlo durante la tarde es algo que hacen solamente los turistas. Y que, obviamente, es igualmente respetable. Va a estar igual de rico.

cornetto
Un caffè latte acompañado de un cornetto.

Café con hielo. ¿Qué es eso?

Eso del café con hielo, en Roma… no. Quizás en algún local del centro, después de intentar explicarte varias veces, te traigan un vaso de hielo y el café que pidas. Pero no es así como se toma el café frío en Italia. El café frío se prepara especialmente para tomarse así. Para un italiano, hacerlo simplemente ‘’echándolo’’ al hielo es todo un sacrilegio.

Escoge el café que quieras y añade un ‘freddo (frío) al final y te traerán tu café no con hielo, sino ya frío y especialmente preparado para tomarse así. Una gozada en verano.

A parte del ‘con hielo’, también tenemos el descafeinado que, en Italia, se dice decaffeinato. Como con el freddo al final para el frío, añade decaffeinato al final del café que quieras si optas por esta opción.

Por último, si quieres el café para llevar, deberás indicar que es ‘d’asporto’ o para ‘portare via‘.

La barra y el café en Roma

En España somos mucho de barra. De apoyarnos, encontrarnos con amigos, charlar con el personal, leer el periódico… todo con tu café y apoyado en la barra del bar.

En Roma, tomar el café así en la barra, sencillamente, no existe. Para tomar el café con algo más de calma, la gente se pone en una mesa o en la terraza. En la barra verás gente que viene y va en cuestión de pocos minutos o de segundos. El café en Roma, sobre todo durante la mañana, no es un rato de desconexión si no una toma de energía. La gente pide su café, lo toma de un sorbo y se va hacia su jornada de trabajo.

Si vas a desayunar en Roma con un buen café, no olvides pedir tu cornetto. Café y cornetto es el desayuno por excelencia de las cafeterías.

Por cierto, no te extrañes si te ofrecen un vaso de agua. Es muy habitual que acompañe al café. Un sorbo antes para limpiar la boca y saborear bien el café, otro para aclararla al final. O simplemente para refrescarte.

café en roma
Roma empieza la mañana entre cafés.

Pensavo di non vederti più

El café en Roma es una forma de conocer uno de los sabores característicos del país, de sumergirse en un todo un mundo probando todos sus tipos, las curiosas costumbres de tomarlo pero, para mí es, por encima de todo, una oportunidad de meterse en la vida cotidiana de Roma. De interactuar con sus gentes, de meterse en ese loco engranaje que forma la vida romana.

Tengo muchos buenos recuerdos acompañados de un café. Recuerdo la primera vez que probé el capuchino frío, sintiendo como si hubiese descubierto la pólvora. En el bar de mis vecinos en Tiburtina pedí, por la mañana de un sábado, un capuchino. ‘’¿No lo quieres frío? Acabo de hacerlo’’

También recuerdo con especial cariño el café de las mañanas en un bar de Garbatella, donde paraba luego de ir al gimnasio. Los camareros, ambos juventinos, me preguntaban qué café quería y casi sin darme tiempo a responder ya comenzaban el debate entre Juventus, Roma y el fútbol de la jornada anterior.

Uno de esos camareros era especialmente alegre. Incluso durante los peores momentos del coronavirus, con caras largas en la cafetería, parecía siempre positivo. Al cerrar los gimnasios, estuve bastante tiempo sin ir. Pero, luego de unas semanas, decidí recuperar al menos la rutina del café para recuperar algo de vida en esos duros meses. ‘’Pensavo di non vederti più!’’ (Pensé que no volvería a verte), me dijo con alegría cuando entré. Emocionado por el rencuentro, no esperó a mi saludo: ‘’caffettino?’’.

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