Viaje a Roma. Firmado: Johnny Cash

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Johnny Cash es uno de mis artistas preferidos. Cuando respondo a la pregunta ‘¿cuál es tu música favorita?’ la respuesta es siempre complicada. De esas que te gusta tanto responder que no sabes bien por dónde empezar. En esa respuesta siempre están, entre otros, el rap y Johnny Cash. »¿El rap y Johnny Cash? Qué mezcla más rara’’, suelo escuchar como reacción.

Bueno, la verdad es que Cash tiene mucho en común con el rap gansta de los 90. Bien pudieron tenerlo como inspiración. ‘Cocaine Blues’ es más rap que muchas canciones. Pero es country, es Johnny Cash. Con su música suelo imaginarme en aquel Nasvhille de los 50 y 60, en aquella América del country. En sus canciones sueño con los sueños cumplidos por Johnny, su bella historia, y con cumplir los míos. Pero, un día, Johnny Cash me llevó de viaje a Roma.

Viaje de ida a Roma, principios del 2020

Ya llevaba algunos meses en la Ciudad Eterna. Mi viaje a Roma había sido solo ida. Empezar una nueva vida en una vieja conocida con tanto por conocer: mi querida Roma.

Por desgracia, llevaba algunos meses, sí, pero sin apenas haberla visto. La cuarentena por el coronavirus me cogió recién llegado, con poco más de una semana que no me alcanzó ni para situarme. Bueno, eterna es Roma, eterna mi paciencia, eterno el premio de esperarla. La esperé.

Mientras tanto, como siempre, la música me acompañaba dibujando mis días, sentimientos, ideas, sueños. En ella estaba siempre Johnny. Muchas veces acompañado por su alma gemela June Carter. En su canción ‘It Ain’t Me’, los dos describen cómo es la persona que necesitan, tienen muy claro sus características. ‘’But it ain’t me’’, dicen. ‘’Pero no soy yo’’. ‘’No soy yo lo que estás buscando’’.

La escuchaba mirando desde mi balcón del barrio de Ostiense, mirando las murallas aurelianas. Me imaginaba si Cash y Carter seríamos Roma y yo. ¿Y si no era lo que buscábamos? Pero, al final, por mucho que lo defendieran, al final June y Johnny seguían juntos.

Como hizo Johnny para estar con June, no me quedaba otra que cumplir mi parte y  esperar. ‘I Walk the Line’.

arco constantino
Arco de Constantino.

Via dei Fori Imperiali, mayo de 2020

Uno de los primeros días de ‘’libertad’’ fui paseando desde mi barrio de Ostiense, pasando por el Circo Máximo, hasta el Coliseo. Quedaban atrás los días de encierro. Todo había sido tan rápido que no había podido pararme a pensar y ya estaba encerrado. Me sentía como Johnny Cash en ‘I Got Stripes’. Un lunes arrestado, el jueves condenado.

Pero ni siquiera pensaba, en aquel paseo, en música. Pensaba en silencio, en aire puro, en reencontrarme, o quizás encontrarme, con Roma. Puede que ni el mismo Constantino se alegrara tanto al ver el Arco de Constantino como hice yo aquella mañana. Me senté, casi en soledad, junto a él y el Coliseo. Disfrutando. Pedí un cappuccino para llevar, volví. Seguí disfrutando.

Lleno de energía, de ilusión, me encaminé por la Via dei Fori Imperiali. Parándome a su inicio, me asomé al Foro Romano, sintiendo la libertad en su amplitud. La belleza de sus ruinas, las palabras de su historia. Pasé al otro lado para asomarme, esta vez, al foro de Trajano, sus mercados y columna.

Antes de meterme al mirador, en la acera quedaba un grupo de tres chicos. Dos guitarras y un cantante, preparando su equipo en la acera para tocar. En otros tiempos, la via estaba llena de artistas. Ese día, ninguno. Ni siquiera había gente.

Salí del territorio de Trajano para seguir mi paseo hasta Plaza Venecia. Al poco de pisar la acera de nuevo, escuché que comenzaban a tocar. La primera canción fue ‘Folsom Prison’, de Johnny Cash.

via dei fori imperiali roma
Via dei Fori Imperiali vacía.

Galicia, marzo de 2021

Roma se hizo esperar y aquel verano pude disfrutarla de manera muy especial. Descubriendo lugares que Roma parecía reservarme. Como si los hubiese guardado y cuidado durante aquellos meses de encierro para enseñármelos con todo su cariño. Y yo así los recibí.

Por desgracia, el coronavirus golpeó de nuevo fuerte al final de aquel verano. Decidí volver a Galicia. Recuerdo que, antes de volver, al inicio de la segunda cuarentena en Roma, escuchaba mucho una canción suya llamada ‘Guess Things Happen That Way’ (‘Supongo que las cosas suceden así’). Triste pero fuerte, como la vida misma. En la canción, después de perder a su amor, Cash dice que ‘’I don’t like it but I guess things happen that way’’ (‘’no me gusta pero supongo que así suceden las cosas’’).

El viaje a Roma se hizo también de vuelta a final de año. Regresé a Galicia. Estuve algún tiempo sin escuchar, a no ser de forma esporádica, a Johnny Cash. Sin viajar a Estados Unidos y a tantos estados con sentidos con su música.

Hace poco, ya asentado de nuevo en Galicia, un día haciendo deporte dejé en modo de reproducción aleatorio la música de mi teléfono. Sin esperarlo, de repente sonó ‘Folsom Prison’. Esta vez Johnny Cash no me llevó a Nashville. Me llevó a la Via dei Fori Imperiali en aquella Roma que me esperaba con los brazos abiertos. Buscando un ‘Heart of Gold’.

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