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Poder admirar La Creación de Adán, obra maestra de Miguel Ángel, mientras nos encontramos en la Capilla Sixtina, otra obra maestar del genio florentino, es una experiencia difícil de superar y, seguramente, que vale la pena hacer.

La Creación de Adán es uno de los nueve frescos del Génesis que Miguel Ángel pintó en la bóveda de la Capilla Sixtina, hoy parte de los Museos Vaticanos. La escena retrata el momento en que Dios da vida a Adán con un dedo extendido. De hecho, se ha convertido en una de las imágenes más reproducidas del arte occidental: dos manos a punto de tocarse, los dedos ligeramente separados. Una chispa que nunca llega a cerrarse pero lo dice todo.

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La chispa de la vida

Una línea diagonal separa las dos figuras principales: Adán y Dios. A la izquierda, Adán aparece tumbado en una colina verde, con un cuerpo fuerte que aún no se incorpora. A la derecha, en cambio, Dios viaja envuelto en un manto púrpura, acompañado por un grupo de querubines y una figura femenina enigmática.

Dios se muestra como un hombre mayor, de barba y pelo canoso. Es la imagen clásica del Padre, donde la vejez se asocia a la sabiduría. Sin embargo, a diferencia de Adán, él y su séquito flotan ajenos a las leyes terrenales que acaban de crear. El manto púrpura, el cabello y los gestos sugieren movimiento. Es como si Dios hubiera hecho una pausa entre sus tareas de creación para dar vida al hombre. Después, siguió con el resto del mundo.

El instante representado es justo el siguiente al contacto: la mano de Dios ha tocado a Adán y le transmite la chispa de la vida. A continuación, Adán, todavía tumbado, observa con la mano todavía estirada, despertando en la Tierra.

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La Creación de Adán: a imagen y semejanza de Dios

La simetría entre Dios y Adán es deliberada. No solo en sus cuerpos, ambos fornidos y ágiles, sino también en la postura. Sus brazos extendidos terminan en dos dedos índices que se buscan. Son gestos acompasados que parecen música en movimiento.

En el Génesis está escrito que «Dios creó al hombre a su imagen y semejanza». De ahí el parecido físico que el florentino imprime a las dos figuras. Es decir, no es Dios el que toma forma humana, sino el hombre quien recibe la imagen divina.

La creación a través de las manos

El Génesis describe la creación del hombre de dos formas. La primera es la que vemos aquí, sin detalle del modo. En la segunda, en cambio, Dios modela al hombre y a la mujer en arcilla y les insufla la vida con un soplo.

Miguel Ángel escoge la primera. Pero el método, dar vida a través de las manos, es invención suya. Existían precedentes como La Creación de Giotto, aunque allí Dios bendecía con un gesto y no tocaba. La forma cambia; el conducto, las manos, es el mismo.

Para muchos estudiosos esta elección no es casual. El florentino era, antes que pintor, escultor: alguien que creaba con las manos. Como Buonarroti daba vida a estatuas imposibles con sus dedos, así entendía que Dios obraría sus criaturas. Por tanto, tiene su lógica que esas manos resuman la pintura entera. Las que se aproximan sin tocarse han quedado como la imagen más representativa.

Detalle del fresco La Creación de Adán de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina

Eva en La Creación de Adán

Mencionábamos antes a una mujer dentro del manto púrpura. Dios la rodea con un brazo mientras con el otro alcanza a Adán.

El consenso entre estudiosos identifica a esa figura con Eva. Todavía no estaba creada, ya que Adán fue el primer hombre. Sin embargo, vivía ya en la mente de Dios y permanecía en su «mundo» celeste mientras Adán cobraba vida en la Tierra.

Existe también una segunda teoría, más rebuscada: una costilla de más en el torso de Adán, de la que saldría Eva. La figura femenina bajo el brazo divino sería entonces ya engendrada, aunque sin vida, antes incluso de que Adán despierte.

¿La creación o el nacimiento de Adán?

En su día, la pintura generó controversia por representar a Adán con ombligo. A los coetáneos del florentino no les cuadraba: Adán fue creado directamente por Dios. No nació de mujer y, por tanto, sin parto no había cordón umbilical ni ombligo.

Resulta fascinante cómo, desde el primer día, esta obra ha sido objeto de un escrutinio tan minucioso. Para muchos, la explicación es sencilla: Dios acaba de tocar la mano de Adán y, con ello, de darle vida. Adán acaba de nacer.

Bóveda de la Capilla Sixtina con La Creación de Adán de Miguel Ángel

El manto de Dios y las infinitas interpretaciones

El manto púrpura en el que Dios flota, llevando consigo a ángeles y a la enigmática Eva, es uno de los detalles más diseccionados de toda la obra.

La lectura más sencilla: una prenda, o un recurso visual del artista para separar la Tierra de Dios y los seres celestes. Esa es la interpretación tradicional, la más aceptada.

Sin embargo, la forma del manto y la disposición de las figuras dentro han alimentado lecturas mucho más arriesgadas. La más célebre sostiene que el manto reproduce un cerebro humano. La silueta es sospechosamente parecida. Además, Buonarroti era un consumado anatomista: se sabe que diseccionaba cadáveres para entender la mecánica del cuerpo. Si la coincidencia fuera intencionada, el mensaje cambia: Adán y Eva saldrían del cerebro de Dios, de su pensamiento, idea antes que carne.

Otra teoría va más lejos y la lee como una crítica velada a la Iglesia. Es decir, si Dios viaja en un cerebro, quizá Dios sea una creación del cerebro del hombre.

Una obra maestra, una más, de Miguel Ángel

Todas estas teorías son improbables. No por inverosímiles, que eso es interpretación, sino porque no se pueden probar. El significado último de cada detalle solo lo conocía el verdadero cerebro de esta pintura: el de Michelangelo Buonarroti.

Y aun así, La Creación de Adán es solo uno de los nueve frescos que decoran la bóveda. La Capilla Sixtina, a su vez, es solo una obra magna entre las que el florentino firmó dentro del Vaticano. El Juicio Final domina la pared del altar y, además, la Piedad de la Basílica de San Pedro completa la tríada esencial. El Vaticano es, en realidad, una sola parte de la huella que Miguel Ángel dejó en Roma. Y Roma, sin ser la única ciudad donde el artista trabajó, es donde su obra se concentra con más fuerza.

Podemos escribir mucho sobre Buonarroti. Nunca lo suficiente. La única respuesta honesta es ir al centro de la Capilla Sixtina, torcer el cuello y dejarse abrumar.

Cuando vengas, no te pierdas nuestra visita guiada por el Vaticano y la Capilla Sixtina con guía en español. Te ayudará a leer cada gesto, cada figura y cada secreto que Miguel Ángel escondió en la bóveda.

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Comentario

    Holaa!
    Un gusto poder dejar este comentario(Opinión)
    Pero me gustaría dejar lo visto por mis ojos, la expresión de este hermoso arte y único en su obra de Miguel Ángel.
    Me deja una chispa de curiosidad no sólo a la decisión de no tocar Adán el dedo de Dios; sino más el simple hecho de que pasará si lo hubiera tocado!?
    Otra curiosidad mia es, la expresión de la mujer y las acciones de los querubines hacia no solo el hecho de sostenes o oponerse al contacto de Adán con Dios.
    Hay algo que deja como duda o misterios.
    Adán nuestra una expresión de cansancio y inconformidad o rendición. Como si quisiera dejar ir algo que ya no desea.
    La de Dios muestra, apelación y oportunidad y amor a su creación!
    Pero la mujer es de dudas y miedo, como si Adán fuera alguien desconocido…y los querubines, es como si se opusieran a esa unión y conforme a la decisión de Adan. La pregunta es… ¿Quieren alejar a Dios de Adán?…¿Y por qué?!!… Lo dejo como una duda sin respuesta.. Solo el verdadero pensar tiene la respuesta y fue Miguel Ángel.

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