Juicio Final Miguel Ángel

El Juicio Final de Miguel Ángel es el fresco pintado por Miguel Ángel en la pared del altar de la Capilla Sixtina. Una de las obras maestras de la historia del arte y pieza fundamental en el conjunto de la legendaria Sixtina. De la cual Miguel Ángel decoró también la bóveda, aunque algunos años antes, con obras tan importantes como la Creación de AdánEl papado encargó de nuevo a Buonarroti la decoración de la pared del altar 25 años después, en el 1536. El maestro, con 61 años, sustituyó con ella a una pintura precedente realizada por Perugino.

Durante 4 años, Michelangelo elaboró El Juicio Final representando en un enorme y precioso mural esta escena bíblica de manera magistral. Una obra maestra de más de 12 metros de altura y con más de 400 figuras.

Juicio Universal Miguel Ángel

Lo que abarca el Juicio Final de Miguel Ángel es casi inconcebible. Uno no lo creería sino pudiera verlo y comprobar que existe. Sólo la mente de un genio como la de Michelangelo sería capaz de idear una obra de tamaña magnitud y resolverla con una estética tan perfecta.

La obra de Miguel Ángel representa el momento del Juicio Final (o Juicio Universal). Momento del Apocalipsis en el que los ángeles anuncian la llegada del mismo. Los mortales resucitan, convocados por el sonido de las trompetas angélicas y toda la historia, en su final, se muestra en su gloria y su miseria.

El artista afronta todo un reto al dar forma a esta escena, pero el resultado es más que exitoso. Buonarroti divide la obra en diferentes partes separadas en distintas alturas. Algo más arriba del centro exacto del muro,  Jesucristo y la Virgen aparecen especialmente iluminados como los protagonistas de la pintura. Cristo mira hacia su izquierda inferior con la mano en alto y en posición poderosa, afirmando la condena  de los que se dirigen al infierno. Su Madre, contraída y casi atemorizada, mira hacia el otro lado. Como intentando ver la condena de los pecadores y el juicio de su Hijo. De este lado ascienden al cielo los que han aceptado la salvación.

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El Cielo

En la parte central de la pared tiene su lugar el cielo. Alrededor de Jesús y María se acumulan numerosas figuras masculinas y femeninas. Algunas de ellas pueden identificarse al estar pintadas con sus símbolos o acompañadas por acciones o prendas que las identifican. Podemos distinguir entre muchos otros a Santa Catalina, que porta la rueda con la que fue martirizada. A Juan Bautista por las pieles de camello con las que se cubre y que utilizaba para recorrer el desierto expandiendo la palabra de Dios. También a San Pedro, que sujeta las llaves del Paraíso. Cerca está San Bartolomé, que en una mano tiene una daga y en la otra su piel. Representando el modo en el que fue martirizado. Aquí tenemos otro detalle de genio de Miguel Ángel, que se autorretrata en el rostro de la piel de San Bartolomé.

En la parte superior, este escenario celestial se abre en dos semicírculos que finalizan la cima de la obra. Aquí, Buonarroti pintó a diferentes ángeles y figuras divinas que portan los símbolos de la pasión de Cristo. Una columna, la corona de espinas y la cruz.

El Anuncio del Juicio Final de Miguel Ángel

Bajo esta parte central, justo por debajo de Cristo, la Virgen y los Santos, tenemos otra parte diferenciada de los sucesos que tienen lugar en la pintura.

Aquí, en el centro, un grupo de ángeles toca las trompetas del Juicio Final y leen las sentencias de los hombres y mujeres. A ambos lados, los resucitados, con cuerpos realmente físicos, casi escultóricos, se encuentran en movimiento de ascenso al cielo o descenso al infierno.

A su derecha, algunos santos y almas del cielo tienden la mano a los salvados y justos para ayudarles en su ascenso al Paraíso.

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San Pedro con las llaves del Cielo, inutilizables a partir de ese momento

La Tierra y el Infierno

En la parte inferior del Juicio Final de Miguel Ángel, el maestro nos muestra las consecuencias inmediatas del anuncio de los ángeles. Los muertos despiertan y  son juzgados. El terror se apodera de los humanos y se refleja en sus cuerpos, rostros y movimientos.

A la derecha de la acción (nuestra izquierda), vemos el despertar de los cuerpos que se alzan de su postración, pasando de sombras a carnes que salen de sus sepulcros. Algunos se esconden atemorizadas de acabar en el infierno. Unos pocos ángeles han llegado hasta aquí abajo, ya mucho menos iluminado que el cielo. Es más, casi con una oscuridad reinante. Estos contados ángeles ayudan y cargan haciendo visible la potencia increíble de dar vida a una carne auténtica, que pesa, y ha de ser llevada hasta el Paraíso. Es una auténtica lucha en la que algunos demonios parecen no querer dejar sus presas.

En el centro exacto de la parte baja, se abre un agujero en la tierra que conduce al infierno. Al otro lado, los condenados se acumulan en la barca de un rabioso y violento Caronte. Listo para llevarlas al infierno. En una lucha de terror y desesperación algunas intentan escapar de su destino, aferrándose a la orilla de las aguas. El peso de sus cuerpos en este caso no se eleva por la acción divina sino que los hace caer y sucumbir.

La puerta del infierno tiene una posición muy concreta. La pared donde se sitúa esta pintura del Juicio Final de Miguel Ángel corresponde al altar de la Capilla Sixtina. Y, la entrada al infierno, a poca distancia del presbiterio. De esta manera, Miguel Ángel obligaba a todo el que subiera al altar a mirar directamente al infierno, recordándole su destino si no seguía un comportamiento digno.

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Los cuerpos en el Juicio Final de Miguel Ángel

En todos los cuerpos de la obra, que son muchos, Miguel Ángel imprimió un detalle increíble. Todos son cuerpos idealizados, musculados y definidos, con torsiones difíciles. Algo que llama la atención es que las mujeres tienen también un cuerpo muy musculado, similar al de los hombres.

Estas torsiones y posiciones, en ocasiones, complicadas y antinaturales, fueron una característica propia del arte de Miguel Ángel en algunas de sus obras. Especialmente ésta, al ser una de tan grande tamaño y magnitud, sentaría las bases del manierismo. Un estilo presente incluso en el Barroco, en el siglo posterior, que seguía estas normas ya impuestas por Miguel Ángel en pleno Renacimiento.

Aunque ahora veamos muchas prendas en los cuerpos del Juicio Final de Miguel Ángel, el artista los representó originalmente la mayor parte desnudos. Algo por lo que fue muy criticado, alegando que en un lugar tan sagrado no podía haber imágenes tan explícitas. Bajo las presiones, el Vaticano acabó cediendo y contrató, tras la muerte de Michelangelo, a Daniele de Volterra. Éste tenía el cometido de pintar prendas que cubrieran los genitales de las figuras representadas en el Juicio Final. Por este trabajo, Volterra se acabó ganando el apodo de ’il braghettone’. Que traducido sería algo así como ‘el bragas’.

Cómo visitar el Juicio Final de Miguel Ángel

La obra se encuentra en Roma, en la Capilla Sixtina. Cuya visita forma parte de los Museos Vaticanos. Dentro de estos, al final de recorrido por los museos de la Santa Sede, se accede a la Sixtina donde el Juicio Final de Miguel Ángel ocupa la pared del altar.

Para acceder, basta comprar una entrada a los Museos Vaticanos y disfrutar de su vastísima colección, incluida la capilla. La entrada tiene un coste de 17€ para los mayores de edad y de 8€ para los menores.

El horario de visita es de lunes a sábado de 08:30 a 18:30.

Puedes disfrutar del Juicio Final, descubrir toda su historia y detalles al igual que del resto de obras maestras de los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina en nuestro tour a los Museos Vaticanos. ¡No te lo pierdas!

tour Vaticano: Capilla Sixtina

Juicio Final Miguel Ángel comentario

Entrar en la Capilla Sixtina es como entrar a un rincón mágico. Un lugar más propio de otro mundo que del nuestro. Sentirse en tu película favorita, pero que aún no sabes que lo es.

La primera vez que entré a la Sixtina y me volteé para observar el Juicio Final, me sentí sobrepasado. Esa sensación de saber que estás ante algo tan grande, tan bello, que no consigues asimilarlo. Sabes que te encanta, que estás emocionado, pero te quedas tan paralizado que no consigues exteriorizar tales sentimientos.

Algo similar a lo que me sucedió al pisar por primera vez el Coliseo. Obras tan magníficas y con un peso tan importante en la historia que uno no puede hacer otra cosa que sentirse pequeño ante la grandeza de lo que observa.

Fue más tarde, días, semanas y meses de reflexión sobre lo que había visto y vivido con el Juicio Final, cuando comprendí que había experimentado algo extraordinario.

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