Lungotevere: a las orillas de Roma

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El Lungotevere es uno de esos lugares de Roma que no tiene nada en concreto pero lo tiene todo a la vez. Uno de esos lugares de Roma que no tiene un gran monumento como centro, no tiene una actividad principal pero, aun así, sirve para ver muchos monumentos y para hacer de todo.

A ambas orillas del río Tiber, las calles de Roma no son su último límite. A la entrada de algunos puentes, unas escaleras nos llevan a una especie de paseo a la altura del río, a su lado, recorriendo Roma con su corriente. En invierno, con las lluvias, los paseos suelen quedar cubiertos. En cambio, el resto del año el Lungotevere es un lugar clave del transporte (una autovía para las bicicletas que evitan el tráfico), una pista de entrenamiento para deportistas, un escenario romántico para una cita o la plaza de un mercado al atardecer. Todo esto es el Lungotevere.

Roma, de punta a punta

Es difícil describir cómo es el Lungotevere. Sería como describir toda Roma. Pues con su río, el Tevere (Tíber en italiano) la recorre de punta a punta. Aunque no todos los tramos del río tienen estas calles a su altura, el Lungotevere, sí es cierto que gran parte cuenta con ellas.

Por supuesto, no hay vehículos que circulen por ellas. De esta forma, los romanos tienen hasta en pleno centro, calles totalmente peatonales que utilizan para salir a correr, andar en bicicleta, caminar o simplemente disfrutar de Roma. Pues desde el Lungotevere podemos pasar por Castel Sant’Angelo, el VaticanoTrastevere, la Isla Tiberina… podemos incluso llegar hasta el barrio Flaminio o hasta el Aventino.

Un atajo para muchos y, a la vez, un paseo con espectaculares vistas de Roma a las que se unen el Tíber y los puentes de Roma como magistral marco.

lungotevere
Disfrutando del buen tiempo de Roma en el Lungotevere.

Lungotevere en verano: un lugar para celebrar

En otoño e invierno, hay días donde el Lungotevere se sumerge en el río Tíber por las lluvias. La peculiar carretera de unos, gimnasio de otros, mirador de tantos, desaparece bajo las aguas. En verano, aunque llueva algún día (cosa extraña en Roma) esto no pasa. Y el Lungotevere se convierte en un lugar espléndido para disfrutar de Roma, de su noche y de su día.

Normalmente, además de todo lo que nos ofrecen las orillas del Tevere, en verano se instala en alguna zona del Lungotevere una »ciudad» al borde del río. Una gran cantidad de puestos que son bares, restaurantes y alguna tienda que se convierten entre un mercado y una zona de marcha.

Casi todos los días se organiza algún evento en la zona: teatrocine, fiestas, comidas, eventos temáticos… En verano, siempre hay un plan en el Lungotevere.

lungotevere vaticano
Ambos lados del Lungotevere con la cúpula de San Pedro al fondo.

Las calles… y el agua

El Lungotevere no sólo se disfruta en sus orillas. El propio río toma un papel protagonista en esta forma de empaparse de Roma. La última ha sido la de hacer una playa en el Lungotevere. Una iniciativa del ayuntamiento de Roma que lleva unos veranos funcionando. Esta consiste en habilitar una parte con un césped artificial, un tramo del río tranquilo en el que poder refrescarse, zona de tumbonas y su chiringuito particular.

De todas maneras, la forma clásica de recorrer el Lungotevere por el agua siempre ha sido la de hacer un crucero por el río. A lo largo de ambas orillas hay algún pequeño puerto desde donde salen embarcaciones preparadas para hacer un recorrido por el Tíber disfrutando de las bellas vistas de una manera diferente.

En verano, tampoco faltan las fiestas a bordo de estos barcos. La elegante noche romana en el río Tíber. En el Lungotevere. Si no, que se lo pregunte a Audrey Hepburn.

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