La Roma, Roma y un gallego romanista

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Crecer, jugar y aprender con Roma

Recuerdo cuando, de pequeño, jugaba a videojuegos de fútbol con mis amigos. Sin tener mucha consciencia de por qué, mi elección se iba siempre hacia la liga italiana, a un escudo que llamaba mi atención. En el instituto empezaba a estudiar un poco de historia. Me acuerdo de una profesora que nos había explicado las grandes civilizaciones que habían dominado el mundo. Yo me metía tanto en sus explicaciones que todavía recuerdo sus clases, incluso la libreta donde escribía los cuadros que nos hacía copiar con los datos claves de los romanos, griegos y egipcios. Una de estas civilizaciones, dijo ella, había nacido con una loba que alimentó a dos gemelos. Rómulo y Remo, que luego fundaron Roma.

La Loba Capitolina, en los Museos Capitolinos. El símbolo de Roma.

Frente a la pantalla de selección de equipo, en aquella feliz preadolescencia, yo miraba aquel escudo de la A.S. Roma donde esa loba y esos dos gemelos destacaban. No lo entendía muy bien, cómo la historia de esa civilización tan grande estaba plasmada en un equipo de fútbol. Lo que tenía claro era que aquel equipo debía ser muy especial. Así que lo cogía siempre.

A medida que crecía, fui investigando e interesándome más por lo que había detrás de aquel escudo. Comprendí que lo que me contaba mi profesora de alguna manera sí se veía relacionado. Ese equipo, la A.S. Roma, defendía orgulloso la ciudad de Roma, con tan basta y rica historia. Me di cuenta de que no sólo llevaba el nombre y el símbolo de la ciudad, también sus colores. Me pareció tan curioso que una ciudad que había estado en la cima del mundo por tanto tiempo, que había marcado nuestra cultura en todos los sentidos, miles de años más tarde tuviera un equipo de fútbol… y un equipo que portaba con tanto honor esa responsabilidad, ese nombre y esa historia.

La adolescencia llegó, mi grupo de amigos y nuestras tardes de jugar a la consola no cambiaron. Tampoco lo hizo mi elección de equipo, que se iba haciendo más y más fija. Además de interesarme por la Roma y su relación con Roma, empecé a conocer a sus jugadores y a entrever su relación con todo lo que ya había podido comprender del equipo y la ciudad.

Descubrir a través del fútbol

En aquellos años yo comenzaba a jugar al fútbol en el equipo de mi pueblo. Y, además de ‘’ver’’ el fútbol en videojuegos y en nuestros propios partidillos callejeros, mi grupo de amigos y yo sentíamos un creciente interés por ver partidos profesionales y aprender. Todos los niños querían ser como Raúl, Zidane, Ronaldinho… a lo mejor había alguna excepción de un compañero que jugaba de defensa y quería ser como Puyol. Pero el más ‘’rarito’’ era un chaval bajito que decía que quería ser como Francesco Totti.

En esos años el fútbol se me daba bien y alguno de mis entrenadores me hicieron capitán. Yo me fijaba en cómo Totti llevaba el brazalete y, como él, escogía el número 10, me bajaba las medias y me encargaba del balón parado. Ahora me doy cuenta de que nadie, ni siquiera mis entrenadores, se enteraban muy bien de qué se trataba eso de Totti, Roma, capitanía… pero yo lo llevaba con el mismo orgullo con el que veía que llevarlo en Roma significaba.

Con el tiempo fui entendiendo que los grandes capitanes de la Roma, casualmente (o no), habían sido romanos y aficionados de la Roma. Y que los aficionados romanistas sentían eso como el mayor premio porque se veían identificados en ellos y comprobaban orgullosos que estos capitanes se comportaban en el campo como un romano y romanista más. Esto llamó mucho mi atención… no había visto nunca algo parecido. Y recordaba siempre aquel escudo que descubrí de pequeño y las explicaciones de mi profesora de historia sobre la loba y los gemelos.

Sin darme cuenta era un romanista más. Aunque en un pueblo de Galicia, sin contacto con ningún otro. Sobre la afición romanista aprendí viendo sus reacciones, su inigualable acompañamiento al equipo ya fuera a partidos, entrenamientos o celebraciones y leyendo prensa italiana.

La adolescencia quedó atrás, mi nuevo grupo de amigos y yo ya no jugábamos a videojuegos. Ahora, como el resto de ‘’adultos’’, éramos directores deportivos y entrenadores de bar. ‘’El Madrid debería fichar a este’’, ‘’el Barsa tiene que fichar a este otro’’… Mis aportaciones eran ‘’Pues ojalá el Madrid no fiche a De Rossi…’’.

Llegó un punto en que me preguntaba todo el tiempo cómo sería hablar con otro romanista. Cómo sería en Roma comentar uh lunes el partido del domingo como en clase se comentaba el del Madrid, el Dépor, el Barsa o el Celta. Cómo sería ver en vivo a Totti liderando al equipo…

Roma y la Roma

En un momento, y esta vez siendo muy consciente, me llegó la oportunidad de vivir una experiencia de tres meses en Roma. Podría conocer y vivir la ciudad surgida de Luperca, Rómulo y Remo. Esa que se reunía en aquel emblema tan especial y que tanto me había llamado la atención durante tantos años. Podría ver por mí mismo los lugares de las explicaciones de clase de historia, pisar las calles que pisaron aquellos personajes de los que hablaba mi profesora. Y conocería a otros romanistas. ¿Cómo sería ser de la Roma en Roma?

Descubrirlo fue vivir un sueño. La unión que había visto entre el escudo de la ciudad y el equipo era de veras palpable. El orgullo de los romanistas por su equipo iba ligado siempre a la ciudad, me pareció algo precioso de experimentar. Además de que era algo visible, a lo largo y ancho de la ciudad había pintadas y murales dedicados al equipo. Algunos, obras de arte, otros, digamos menos artísticos.

murales totti

El mural de Totti en el barrio romano de Monti es uno de los más conocidos de la ciudad.

El aficionado de la Roma era tal y cómo me había imaginado. Pasional hasta el extremo, amor infinito por el equipo que en un momento pasaba al odio y al siguiente volvía a ser entrega incondicional. Sentían tanto la Roma que cualquier desilusión o alegría se multiplicaba de una forma difícil de creer. Lo que más me gustó fue la fraternidad entre ellos. Bueno, ahora, entre nosotros. Y el ver que la Roma era una celebración. El mismo hecho de ir a un partido no era ver fútbol, era un momento de disfrutar del equipo, de los compañeros romanistas y de un paseo por la ciudad para ir o volver.

El culmen de esta experiencia fue cuando pude vivir esto e ir a ver un partido al Olímpico. De camino vistiendo mi camiseta de Totti recuerdo que, llegando al estadio, una señora que barría su portal me preguntó si hoy había partido. Contento, le respondí que sí, que era el último de la temporada e íbamos a celebrar la entrada en Champions League. ‘’Che bello! Pensé que la temporada había terminado. Pásalo bien y… ¡forza Roma!»

Me pareció algo tan familiar… fue algo muy simple pero que me hizo una ilusión especial. Cuando llegué al Foro Itálico, un mar de camisetas giallorosse bañaba las inmediaciones del estadio. Y eso que faltaban horas para poder siquiera entrar. No tuve tiempo ni de situarme cuando un grupo de chicos vinieron a preguntarme una duda acerca de su entrada. Eran un padre y dos hijos de Argentina. Romanistas que habían programado su viaje para ver Roma y el último partido. Era también mi primera vez en el estadio… pero ellos nunca lo supieron. Yo les contesté en español y les ayudé. Me tomaron igualmente por romano y romanista, estaban tan ilusionados y a mí me halagótanto que no les desmentí su impresión y charlamos sobre el equipo hasta que abrieron las puertas.

La casa romanista: el Stadio Olimpico

Dentro, algo dentro de mí se llenó al ver el campo con el que había crecido en la distancia, donde mis jugadores favoritos jugaban. Canté el himno con todo el estadio como veía en la televisión. Fue tan especial como esperaba. A mi lado se sentaron un padre y un hijo de Suecia, que me contaron que eran de la Roma. El chico quería ser jugador profesional y ya jugaba en un equipo importante de su país. Ese viaje era un regalo para él.

No era el único que amaba la Roma desde la distancia… ¡lo sabía!. Pero compartirlo con otros en la misma situación me emocionó y me hizo reflexionar acerca de cómo el equipo unía a las personas con la ciudad y con otros romanistas de lugares tan diferentes. Juntos celebramos un gol de Francesco Totti.

olimpico roma

Stadio Olimpico. Roma- Palermo, último partido de la temporada 2014/2015.

Mi reflexión se desbordó cuando, perdido a la salida, pregunté a una pareja si me podían ayudar a encontrar un taxi. Ellos también venían del estadio. El chico miró mi camiseta y mi bufanda y dijo: ‘’Pero si tú eres de la Roma, ¡ven con nosotros!’’. Me acompañaron hasta la misma puerta de un taxi en Termini. De camino, nos contamos nuestras historias. Él era romano y romanista. Ella, rusa y romanista. Se habían conocido en un partido de Europa League y meses después se habían instalado juntos en Roma.

Recuerdo perfectamente aquel viaje en taxi. Pues el taxista era de la Lazio, el otro equipo de Roma con el que la Roma tiene la mayor rivalidad. Lo supe porque iba escuchando un programa de radio donde comentaban el resutado de la Lazio, que se había clasificado para la fase previa de la Champions.

En aquel momento tomé consciencia de mi vestimenta, mi bufanda y camiseta. Le pregunté si era de la Lazio a lo que respondió de manera afirmativa. Aunque era obvio, le dije que era romanista. Añadí que él era el primer laziale al que conocía. En un primer momento noté que se molestó, pero me di cuenta de que lo hizo porque me tomó por romano. Contento, le expliqué mi historia y le felicité por la clasificación. Él bromeó e hizo lo mismo con la de la Roma. Durante el trayecto bromeamos y comentamos la temporada y el futuro de ambos equipos.

Grazie Roma

Cuando entré en casa aquella noche, me senté a pensar sin poder dormir. Pensando en lo mismo que ahora. La Roma me hizo sentir cerca de la ciudad sin haber estado, me hizo sentir más unido a ella mientras estuve y me hizo sentir todavía parte de ella cuando me fui. Antes de ir por primera vez a Roma, la pregunta más frecuente que me hacían era si no tenía miedo, si no me sentiría sólo. La verdad es que no me preocupaba en absoluto eso, no sabía muy bien por qué, pero ya la sentía como mi casa. Ahora comprendo que la Roma, desde la distancia, ya me había acogido antes de ir.

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