Visita al Coliseo – Una espera y un premio inolvidables

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Mi primera visita al Coliseo duró algo más de 6 meses. Extraño, ¿verdad? Sí, lo sé. Pero extrañas fueron las circunstancias de esta visita. Su primera parada fue en marzo. Yo llevaba apenas una semana y media en Roma, un cambio de vida para unirme al equipo de EnRoma, que me invitó a formar parte del grupo que visitaría el Coliseo el 8 de marzo. ‘’¡Estupendo!’’, pensé. Conoceré el Coliseo con una guía y, además, podré conocer a dicha guía, que será una de mis nuevas compañeras. Nada parecía indicar que aquella visita tendría que esperar medio año.

Una mañana gris

Aquella mañana del sábado 8 de marzo 2020, todavía como un inocente español recién llegado, caminaba con ilusión al punto de encuentro. Me habían dicho que la guía sería Deborha, que para mí ya era especial antes de conocerla, pues con ella entraría en el Coliseo por primera vez.

Cuando llegué, vi la bandera de EnRoma sostenida por ella, se entendía desde lejos. Al acercarme, noté que algo extraño sucedía. Me uní al círculo sin siquiera presentarme, pues Deborha estaba calmando y explicando a un buen número de personas que el Coliseo había cerrado aquella misma mañana. No lo sabíamos, pero dos días después estaríamos en cuarentena.

Me quedé hasta que el último cliente se marchó. Curioso por escuchar la información que Deborha comunicaba y por ver como una guía de Roma se desenvolvía en el campo. Por desgracia, en tan difícil e inesperadas circunstancias. Ella se quedó largo y tendido ofreciendo información, consejos y alternativas uno por uno.

via dei fori imperiali roma
Via dei Fori Imperiali, cerca del punto de encuentro para la visita al Coliseo.

Al final, cuando todos se hubieron ido, se giró y me miró: ‘’Diego, ¿verdad? ¡Menudo lío!’’. Para mí, en aquel momento y después de haber vivido todo eso en cuestión de minutos, fue la mejor ‘bienvenida’ que podía esperar en tales circunstancias. Nos presentamos y charlamos durante un rato allí mismo. De la noticia repentina, de lo que parecía se avecinaba, de mi llegada al equipo, su experiencia en Roma y como guía… Nos tomamos un café en un bar cerca de Monti siguiendo con la charla. Para despedirnos, nos prometimos que aquel sería un mal recuerdo y que volveríamos a hacer aquella visita al Coliseo.

La larga espera para una visita al Coliseo

Pasó una cuarentena, llegó el verano y, poco a poco, pudimos trabajar organizando algunos tours. Aunque, debido al largo período de tiempo sin trabajar para nosotros y muchos de nuestros guías, el trabajo fue repartido de la forma más equitativa  posible entre todos. El turno de Deborha llegó 6 meses más tarde de aquella gris mañana de marzo: el 19 de septiembre. Y, además, para un tour al Coliseo… y un sábado. ¡Tenía que ir! Llamé a Deborha para decirle que tendríamos un participante más en la visita guiada. Medio año más tarde, parecía que había pasado una vida. Al punto de encuentro fui con la soltura de un romano más. Ya mucho más conocedor de la ciudad y sintiéndome totalmente integrado. Un veterano de Roma comparado con aquel chico que en marzo iba a ir por primera vez al Coliseo. Ahora ya había ido varias veces pero aquella era en realidad la primera, siempre lo había sido. Faltaba completarla. Había hablado con Deborha la tarde anterior. ‘’Hasta que no entremos, no celebremos nada’’, habíamos acordado. Yo no la veía desde aquel día. Sólo la había visto aquella vez pero ya parecía una vieja amiga con decenas de vivencias compartidas.
visita al coliseo
Foto sacada por mí durante el tour, en una de las paradas en el Foro Romano.

La primera visita al Coliseo... ¡finalmente!

Aquella mañana de septiembre hacía un día precioso, de sol y de un clima de lo más agradable. Cuando llegué al punto de encuentro, el grupo no rodeaba a nuestra guía con caras de preocupación. Se reunían charlando alegremente sobre su viaje y sobre la visita mientras esperaban al resto.

Yo incluido. Cuando llegué, el ‘buenos días’ que nos dimos Deborha y yo incluía toda una conversación y exclamaciones de alegría. Entre sonrisas a ese ‘’buongiorno’’ le siguió un ‘’finalmente!’’ que dijimos a la vez.

La visita fue increíble. Un recuerdo maravilloso que me quedará para siempre. Como una pequeña victoria de la perseverancia y el amor hacia Roma. El grupo tuvo una energía muy buena, conectando entre ellos y con la guía, a quien estaban totalmente entregados. Fue muy bonito ver como al final la felicitaron y le preguntaban curiosidades y consejos como si no quisieran que aquello se terminara.

Como en marzo, esperé a que ella saludara a todos uno por uno. Aunque esta vez fue más bien al revés y los comentarios nada tenían que ver con aquella ‘’visita’’ al Coliseo de marzo. Igual que 6 meses antes, al acabar, Deborha se giró para mirarme y me invitó a caminar juntos para salir del Coliseo. Mientras bajábamos recordando cómo había ido la visita, la felicité y le agradecí por la bonita experiencia. Como sin hacer caso a los cumplidos y pensando en otra cosa, se paró un momento en las escaleras del Coliseo para mirarme y decirme ‘’lo conseguimos’’.

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