Fiesta de la Liberación de Italia – 25 abril

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«Yo no me considero un prisionero, me considero un combatiente. Soy un combatiente sin armas y sin armas combato. Yo sirvo a la patria haciendo la guardia a mi dignidad de italiano.»

Guareschi Cervi e Fernandel

Así escribía Guareschi, el periodista y autor de Don Camillo e Peppone, desde el lager en el que estaba prisionero. La fiesta de la liberación de este año es para muchos italianos no sólo un recuerdo sino una experiencia como la de Guareschi.

Siempre hay algún descarriado que quiere, como en otros momentos, convertir esta fiesta en la de un partido o contra un partido. Este año me parece que tenemos ojos nuevos para entender qué significa ‘liberación’. No es sólo la fiesta de los que combatían clandestinamente o corriendo por las montañas, rojos, blancos o del color que fueran. Es la fiesta también de los 650000 soldados italiano llevados a campos de concentración tras el 8 de septiembre de 1943 al no querer luchar al lado de los nazis ni de la república social de Saló.

Ciudades abiertas para evitar la destrucción

Es, además, la fiesta de la liberación de los que tenían hijos en el frente, de los que buscaban sobrevivir y ayudaban a vivir a niños y viejos, jóvenes clandestinos, de los que intentaron siempre mediar, gastar y gastarse para que hubiera el menor número de víctimas. Y en muchos casos lo fueron.

roma citta aperta

Roma città aperta de R. Rosellini (1945)

Los soldados, es cierto, luchaban por las vidas propias y de los demás en un equilibrio complicadísimo entre miedos, deseos, oportunidades, egoísmos y amor. Íntegros o truhanes, o ambas cosas en una lucha personal en la que estaba en juego, indisolublemente unido todo un pueblo, una nación, continentes. ¡Cuánto de todo ello rodeaba dramáticamente a tantas personas en toda Italia!

La liberación de todo un país, en todo caso, dependió de quienes pusieron el interés de los demás por encima del propio, sin largas cuentas o estudios estratégicos en la mayoría de los casos. Es una fiesta, por tanto, también para quien consiguió ciudades abiertas, retiradas sin combates, trigo a mejor precio sin especular, pétalos de flores para alfombrar con las propias esperanzas los pasos de quienes -sin saber de su integridad, credo o condición- venían desde lejos para luchar también por esta tierra y sus gentes.

Liberación escondida

La fiesta de la liberación pertenece también a los que, pudiendo estar tranquilos y esperar a que pasara el temporal, decidieron mojarse, compartir suerte y fortuna. Es la fiesta de una solar liberación para aquellos que, pasando incluso como colaboracionistas o pusilánimes, optaron por encerrarse en la ignominia: la inmensa libertad de renunciar a la fama, la admiración o compasión de sus compatriotas. Sólo el paso del tiempo que descubre los hechos secretos en ese momento y el silencio de la conciencia serían sus testigos y compañeros.

el general clark en plaza san pedro 25 abril 1945

El general Clark en Plaza San Pedro

Fiesta de la liberación también para los que durante años vivieron en un espejismo ilusionado, más o menos sincero y desinteresado. Quizás se dieron cuenta -más vale tarde que nunca- del dolor causado, de gran daño a la libertad en nombre del uniformismo. Quizás habían pensado incluso que era bueno renunciar a algo o a tanto por el bien de muchos. Se ponía el interés de una ‘patria’ por encima de todo… pero también por encima de todos, formando un único brazo donde corazón y cerebro eran siervos. Y el derecho, siervo también de una raza, de unas ideas. El límite del bien de tantos es también -no puede destruir- el bien de unos pocos y viceversa. Para tantos que así pensaban, descubrir el error a través de la guerra pudo ser una gran liberación, como quien explota en un gran llanto y puede experimentar el perdón.

25 abril 2020

La Fiesta de la Liberación, en definitiva, es un tributo a todos los que combatieron, entregando su vida al perderla o en tantos actos a favor de los demás, haciendo así posible la victoria contra el nazi-fascismo. Paradojas de esta fiesta en Roma: llegar a ser tan libres de poder ‘liberarse’ de la libertad, entregándola, entregándose. En el fondo, sin libertad no podría existir amor.

Por todo ello, en esta fiesta de la Liberación no entiendo la idea de ‘libertad’ o ‘liberación’ de los que pretenden que nada interfiera en las propias legítimas aspiraciones, en el propio comercio, en el movimiento propio, en la propia salud y el goce de los bienes propios o de la naturaleza. Pero ¿no has escrito tú ‘el límite del bien de tantos es el bien de unos pocos’? Sí, pero es importante el ‘y viceversa’. Poner límites es romper la causalidad: una vaya para impedir que el goce de los bienes propios de unos pocos se haga rapaz y dañe la posibilidad del bien de tantos; un cerco para que en nombre del bien de tantos un tropel no pase por encima de algunos o de uno solo. Además, ese bien tiene que ser concreto, con nombre, y como hay muchos, tienen que estar ordenados. Por eso nacieron los 10 mandamientos o la declaración de derechos del hombre. Límites, cercos, para mantenernos libres y humanos.

25 abril fiesta liberacion italia

Un título de un periódico de 1945 que se podría adaptar perfectamente a nuestros días

Tenemos que estar de acuerdo en lo que para una sociedad es el bien y las prioridades. De esta forma, ambos, lo que es bueno y lo primero a salvar, no dependerán de si estamos en la mayoría o en la minoría. Si tratamos de la salud y lo consideramos un bien primario, no puede ser una liberación que la mayoría consiga ese bien si esto supone que unos pocos no lo puedan tener. Pero también viceversa, no hay liberación si sólo unos pocos lo consiguen y esto condiciona que los demás no lo puedan tener.

Quizás este 25 de abril del 2020 viendo nuestro confinamiento y las ansias de liberación, la necesidad de colaborar entre personas y pueblos para salir de ella, podríamos mirar hacia tantas otras luchas que causamos.

placa memoria partigiano viale regina margherita

Roma está llena de memorias de partigiani y personas que han luchado por la libertad durante la II Guerra Mundial. Las vemos a diario como esta dedicada a Alberto di Battista en viale Regina Margherita 86 y ahora las descubrimos.

Todas esas libertades fueron conquistadas -y no de una vez para siempre- por quienes las desearon para los demás antes que para ellos mismos, por quienes las tutelan luchando contra los peligros que las destruyen. La liberación la permite esta cadena, saldamente unida por eslabones – bienes que no dependen de nuestros caprichos, situación o números. Paradojas, siempre. Sólo somos dueños si servimos.

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