Blanco y negro. Lápidas en Roma

placa recordando la fundación del FolkStudio

En este artículo encontrarás

Sobre la piedra. Tatuajes de la piel de Roma. Las lápidas se nos presentan como recuerdos de momentos, de personas o marcas que se pueden confundir con cicatrices. Una gran obra de arte distribuida como pequeñísimos lunares por todo el cuerpo de Roma y una vía láctea que forma un camino diagonal que podemos seguir.

Lápidas en cara y cruz

«Porque la historia
Con su cara y su cruz
Se desnuda a la luz
De la memoria.»

(En blanco y negro. Pablo Milanés)

Piedras oscuras que iluminan la ciudad con la luz de la memoria. Más que aumentar la realidad nos la desnuda de ropajes y defensas. Así, despojada, nos podamos acercar a tiempos, acciones, personas e historias que se han ido pero que son, perduran por la memoria. Siempre había pensado que la memoria vestía la historia pero ahora me doy cuenta de que, en efecto, nos la desnuda como una entrega entre inocente y deseable.

La cara y la cruz de Roma. La cara es la superficie de sus lápidas. La cruz, los verticales muros que se elevan silenciosos, hincados en las calles del tiempo que ha huido. Las lápidas son también monedas que ponemos en nuestras bocas para que nos lleven más allá de la laguna Estigia.

folkstudio via garibaldi lapida

Hoy, en mi querida via Garibaldi, una piedra, con luz de memoria, desnuda ante mí la historia del FolkStudio. Recibo esta entrega con gratitud e intentando que mis ojos primero y luego mi curiosidad puedan recibir esa moneda, con su cara y su cruz. El número es 58.

Lápidas en blanco y negro

Blancos y negros, unidos por una guitarra o por cadenas. Sin distinción:

«En blanco y negro la noche y el jazmín,
En blanco y negro la víctima y el juez.»

Opuestos ante una única mediadora.

Recuerdo y viene a mi imaginación otro muro, otras formas, siempre con un blanco y un negro. En este caso, en el centro, hay un gran mediador que los une, que parece interesado a ambos, pues a ambos tiende sus brazos cogiéndoles por una mano, en contraste con sus pies encadenados. Esclavos que parecen ser llevados en volandas por aquellos brazos, por unas manos que liberan. ¡Ojalá!

tommaso in formis trinitarios
Mosaico medieval en la iglesia de los trinitarios de San Tommaso in Formis, en el Celio.

Un mosaico redondo, como una lápida colorada, llega a mí desde el Medioevo, convocado por la luz de otra memoria. En este caso, sus colores, ponen carne a las palabras de esa canción que me recuerda «un dios mulato dibujando el arco iris con su rotulador’. Un dios que entre blanco y negro traza colores que hablan de paz. En via Garibaldi era una guitarra, la música, la que unía los contrarios. Aquí la condición de esclavos es la que nos acomuna, más allá de cualquier diferencia.

Descubrimos en esas placas y lápidas palabras sugeridas por desconocidos apuntadores. Nos sabemos en un gran escenario. Placas que son cruz y cara, pintadas como máscaras de teatro en las que Roma se representa «en blanco y negro, comienza la función.»

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