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Roma eterna y moderna

escultura ciceruacchio gianicolo

Hablando de Roma Moderna no nos referimos a lugares llenos de instrumentos técnicos o recientes construcciones en contraposición a la imagen de la Roma Antigua o clásica. No hablaremos de la Roma contemporánea o tecnológica sino de aquellos momentos a finales del siglo XIX que la convirtieron en una moderna capital.

Roma moderna. Roma a finales del siglo XIX

Fue una época de grandes transformaciones, quizás la última gran mutación de la ciudad. En cierta manera, la experiencia de Roma moderna se concluye con la segunda guerra mundial. Planos reguladores con la creación de enteros barrios, una nueva forma de concebir la Urbe como nuevo es el poder político que la sigue eligiendo como sede. Nuevos son también los espacios públicos, los jardines, la arquitectura, el arte. Pero también la forma de entender el transporte, las diversiones y los servicios. Y así nació la Roma Moderna que podemos descubrir hoy.

Para acercarnos, por tanto, a esta Roma he querido elegir 6 rincones o monumentos que nos hacen ver, sentir y comprender lo que fue este período tan importante de la ciudad.

Monumento a Vittorio Emanuele II

Si bien Roma nació en el Palatino tenía en el Campidoglio su colina con el templo de Júpiter Máximo y la ciudadela. Y aquí se decidió colocar el Vittoriano como un símbolo de un nuevo renacer. Se trata del monumento más grande, impresionante y lleno de simbolismo de esta Roma moderna.

Es, en efecto, una nueva acrópolis, una colina que tiene como centro la estatua del rey pero también a la diosa Roma que saluda a toda la ciudad. Además, acoge los restos de un militar desconocido. Su tumba, dentro de este grandioso monumento, pasa a ser un emblema de los que dan la vida por esa nueva comunidad llamada Italia.

Cena dentro del caballo de la estatua de Vittorio Emanuele II antes de su inauguración

Libertad y unidad son los dos lemas escritos bajo las victorias aladas situadas en lo más alto del Vittoriano. Parecen palabras contradictorias, cada una en un extremo de este gran monumento como tatuadas en sus dos brazos.  Mientras tanto, entre ellos se ensancha el tórax de todas las provincias italianas representadas en el columnado.

Sin destruir la diversidad no se renuncia a compartir y aunar esfuerzos. Libertad y unidad. Difícil equilibrio, meta e ideal de esta nueva Roma moderna que surge a finales del siglo XIX.

Puerta San Pancrazio

En Roma una puerta no es sólo una puerta. Hay cosas que con el arte, con nuestras manos o en general con todos nuestros talentos, cambian el curso de su natural consistencia.
Lo mismo que 20 litros de leche tras 36 meses no son una mera mancha maloliente sino un estupendo queso parmiggiano. Lo mismo que 5 kilos de carne no son un hueso tras dos años sino un suculento jamón. De igual forma esta puerta, con el paso del tiempo y el quehacer de tantas personas, se ha convertido en uno de los símbolos de Roma Moderna tras la república de 1849.

Puerta San Pancrazio tras su reconstucción en tiempos de Pio IX

Cerca de esta puerta se encuentra ahora la estatua que el artista siciliano Ettore Ximenes realizó en recuerdo de Ciceruacchio (Angelo Brunetti). Encontré una foto de esta estatua tras la maravillosa visita guiada con Valentina y la quise poner al inicio de esta página. Y es que en ella veo encarnada la Roma más popular y comprometida políticamente de la época moderna.
Representa un carretero que, como él decía en la película In nome del popolo sovrano, en los ratos libres era hombre y los hombres ‘si impicciano’. Tiene el pecho descubierto y a su lado un hijo implora pues su ser hombre le llevó a ser fusilado.
Sí, las personas se complican la vida cuando se meten por conciencia en la vida social. Al verla me parece que esta puerta es una invitación para que también nosotros entremos en esa vida.

Tiempos modernos, para una antigua puerta

La nueva puerta no sólo fue un símbolo de la renovación que introdujo el papa Pio IX y que inicialmente tanto festejó Ciceruacchio. Se convirtió en un símbolo de la lucha por preservar la república romana y sus ideales. Un bastión simbólico de toda la ciudad. Una puerta para entrar y también para impedir que entrasen.
Como si Roma fuera una casa, esta puerta moderna en lo alto del Gianicolo es la que protege y da acceso a la vida doméstica, la de nuestros afectos. Nos habla de la defensa contra los invasores, del sacrificio, de cómo un carretero puede invitar a buen vino o derramar su sangre cambiando el curso de la historia. Una época en la que las revoluciones populares tienen héroes como Angelo o Anita que cambian la faz política de Italia y de Europa.

Caffè Greco

En la Roma moderna los cafés, y en particular el Caffè Greco, eran los puntos de reunión para charlar de política, arte y de las diversas historias que cada uno traía al final del día.

De hecho, durante la breve república de 1849 el Caffé Greco fue patriótico y republicano. Nos lo muestra, por ejemplo, lo que le pasó una tarde a un cierto Casiani, mediocre pintor de aquella época, mientras se tomaba su café.  Un artista francés de la cercana Academia de Francia se había permitido alabar a los soldados del general Oudinot llegados para aplastar la república romana y Casiani ni corto ni perezoso se levantó y lo abofeteó.

Y es que, en efecto, en este café, en sus salas, -la más famosa la del fondo, alargada y acristalada, el ‘omnibus’- varios grupos se reunían según los idearios políticos, la nación de proveniencia, tendencia artística o sus oficios. Normalmente era gente que podía pagar poco y conseguían un buen café con alguna tapa. Pero también se dieron cita en él futuros soberanos como Luis de Baviera y hasta un futuro pontéfice: Gioacchino Pecci que cambiará su nombre por el de León XIII.

Una de las salas del Caffè Greco llena de recuerdos literarios

Desde finales del siglo XVIII -el Caffè Greco fue fundado en 1760- fue testigo de la vida literaria, artística y política de la Roma moderna. En cierta manera, en él esa Roma alarga su presencia, ahora nostálgica, hasta nuestros días. Resuenan aquí las notas de Mendelssohn, de Berlioz, Liszt o Wagner; las voces de escritores como Leopardi, D’Annunzio, Mickiewicz, Gogol, Marc Twain y Stendhal; la belleza de las esculturas de Thorwaldsen, los colores de los nazarenos de Overbeck y hasta los oscuros pensamientos de Schopenhauer.

La Roma moderna se reunía en el Caffè Greco, tanto la del grupo In Arte Libertas como la que recibía el aplauso de los nuevos gobernantes. En el café, por ejemplo, pasaba sus tardes el escultor Grita. Desde aquí escribió sus encendidos y destructivos artículos en la Gazzetta d’Italia cuando el francés Nenot ganó el concurso internacional para la construcción del Vittoriano en 1885. Tanto y con tanto brío escribió durante sus tardes en el café que a él se debe, en efecto, que se realizara un segundo concurso. El Vittoriano, tal y como lo vemos ahora, nació también en una mesa de este bar. Historias de Roma.

Casino de Villa Giustiniani

«Si tratáredes de amores, con dos onzas que sepáis de lengua toscana toparéis con León Hebreo, que os hincha las medidas.» (Cervantes, prólogo de la primera parte de D. Quijote).

El italiano nos acerca a Yehudah Abarbanel conocido como León Hebreo, a sus Dialoghi d’amore, para entender en cada época esta locura que llamamos amor. Y en la Roma moderna, hay un lugar muy especial en donde estas palabras en italiano y las del loco Orlando Furioso se han quedado convertidas en color y formas. Entrar en la ‘pequeña’ casa que estaba sumergida en el jardín de Villa Giustiniani, muy cerca de San Juan de Letrán, es una experiencia que ‘hincha las medidas’. Todo un mundo literario que puedes ver en Roma convertido en imágenes.

Sala con frescos de Schnorr Von Carolsfeld inspirados en el Orlando Furioso

De ese enorme jardín con sus famosas viñas ya casi no queda nada. Esa también es Roma moderna: la que construye nuevos barrios, muchas veces destruyendo deliciosos jardines como los de Villa Ludovisi. En su lugar surgieron Via Veneto y el barrio Ludovisi o aquí la tristemente famosa via Tasso. Precisamente en un estudio médico de este barrio me encontré con un precioso grabado:

No cesa el Amor de turbar su paz en varias maneras, mientras ella duerme. La guerrera Herminia del Libro ‘Jerusalén liberada’. Xilografía de R. Cipollone.

Este refugio de armonía fue lugar de trabajo para varios pintores que dieron nombre a ‘Via degli Artisti’. En efecto, vivían en el convento de los franciscanos irlandeses situado en esta calle cerca de Plaza de España. Se trata de los ‘nazarenos‘ y también ellos, bajando la escalinata, disfrutaban del ambiente caldeado del Caffè Greco.

Románticos en la Roma moderna

Es más, forman un grupo fácil de reconocer y bien avenido. Constituyen una nueva corriente en contraposición a los ‘macchiaioli’ que seguían la escuela francesa. Se diferenciaban también de los innovadores que pintaban con el estilo de Fortuny y de quienes, siguiendo las indicaciones de Mario de Maria, consideraban a Rembrandt como el único pintor que valía la pena seguir.

En estas paredes las grandes obras de Dante, Ariosto o Tasso se abren. Los libros se convierten en fuentes para realizar una pintura que busca la frescura de un jardín de Botticelli. Con sus largos cabellos, sus túnicas, su religiosidad y las luces de sus colores, introducen un poco de locura, de amor en esta Roma positivista y moderna.

Roma, incluso en tiempos modernos, siempre fue un estupendo refugio para románticos de cualquier parte. Buen aire, naturaleza, ruinas del pasado y tantas realidades que escapaban a nuestro control.

Madonna dell’Archetto

El 31 de mayo de 1851 se inauguraba la nueva capilla de Santa Maria Causa Nostrae Laetitiae. Antes de su construcción había una simple edicola con un cuadro de Domenico Muratori. Era y es un simple callejón del cercano palacio Papazzurri. Fue esta familia la que encargó el cuadro en el siglo XVII y la que pidió luego a Virginio Vespignani que contruyera la hermosa y pequeña capilla para conservarlo.

Entrada a la pequeña capilla della Madonna dell’Archetto.

Numerosa gente en 1796 contempló el prodigio de ver que los ojos de María se movían y vertían lágrimas. Sería el año en el que las tropas napoleónicas invadieron los estados pontificios. Imágenes que no sólo sirven para el recuerdo y la emoción sino que profetizan.

Esta pequeña capilla de la Madonna dell’Archetto pasa desapercibida a la mayoría de las personas. Y es, sin embargo, una pequeña joya de esta Roma moderna que sigue llenando sus esquinas y sus calles con recuerdos de María y exvotos de la devoción popular. Para darle un reparo el arquitecto Vespignani consiguió construir un edificio inspirándose en el Renacimiento. Roma en este tiempo es también neo-renacentista, sabiendo que se inician nuevos períodos, la modernidad, pero que en Roma se tiñen siempre de antiguo. Y puestos a nacer a muchos les gustaría que fuera en el Renacimiento.

Por cierto, este Vespignani en 1854 realizaría la nueva Puerta San Pancrazio y también la entrada monumental del nuevo cementerio del Verano en donde está su tumba. Un arquitecto romano que se dedicó a reconstruir esa Roma moderna.

Galería Nacional de Arte Moderno

Con sus 20.000 obras este museo es un auténtico tesoro de arte italiana y extranjera de los siglos XIX y XX. Un lugar realmente especial para concluir nuestro paseo por la Roma Moderna.

En 1911, con la exposición universal de Roma y para celebrar el 50 aniversario de la Unidad de Italia el arquitecto romano Cesare Bazzani concluía este espacio expositivo para acoger la Galleria Nazionale d’arte Moderna. Esta institución había sido fundada en 1883 y necesitaba una sede adecuada. Con el paso del tiempo, sin embargo, incluso esta sede se queda pequeña y el mismo arquitecto en 1933 realizará una gran ampliación.

El edificio surge cerca de Villa Borghese y Villa Giulia y su colocación en Valle Giulia no es nada casual. De hecho, Roma Moderna se extiende con suntuosos edificios fuera de sus murallas en la zona que va desde puerta Flaminia subiendo por los montes Parioli hasta Porta Pia. Son construcciones residenciales para la nueva clase política que viene de fuera y prefiere estar retirada del centro de la ciudad y de la antigua nobleza romana.

Galleria Nazionale di Arte Moderna (GNAM) en Valle Giulia

Entro en los grandes espacios de la Galería Nacional de Arte Moderno contemplando esta arte que tenía que ser nueva como nueva era Roma. Hay cosas nuevas que son viejas, formadas como una suma de materiales, sin unidad, sin un adn, sin alma. Y hay cosas que, recogiendo una herencia biológica tienen vida propia, fértil, destinada a prolongarse en futuras generaciones.

Pensando estas cosas me encontré ante un cuadro de Enrico Coleman. Su nombre me es conocido. Sí, también él fue protagonista de las tertulias en el Caffè Greco. Allí lo conocían como ‘el Birmano’, seráfico y risueño. También él formó parte de aquel movimiento inspirado por Nino Costa y que se llamó In arte Libertas.

I centauri, cuadro de Enrico Coleman en la Galleria d’Arte Moderna de Roma

Dejando este precioso cuadro y Valle Giulia mi imaginación me lleva hasta el Villino Durante poco fuera de las murallas, entre Castro Pretorio y Porta Pia. Algunas de las mejores obras de Enrico Coleman siguen adornando con paisajes de los alrededores de Roma -una arte viva- las 29 lunetas de su atrio.

Actualmente este precioso edificio es sede de la embajada de los Emiratos Árabes. Sin embargo, en su origen fue la casa en donde vivió felizmente durante casi 30 años el político y médico siciliano Francesco Durante. El arquitecto de esta villa será el mismo Giulio Podesti que construirá el cercano edificio del Policlínico Umberto I ocupando una gran extensión de la antigua villa Patrizi. De hecho, el mismo Durante, eminente cirujano, fue uno de los dos fundadores de este importantísimo hospital.

Como un tren

Roma moderna se extiende tras la construcción de la estación de Termini hacia las antiguas murallas de Castro Pretorio y más allá.

Política, arte, medicina, grandes edificios, villas ajardinadas en estilo neo-renacentista que surgen al edificar dentro de antiguas villas de príncipes romanos. Todo esto es la Roma Moderna que avanza como un tren y transforma enteros barrios.

De todas formas y para concluir tengo que deciros la verdad. Yo conocí la existencia de Coleman en el lugar donde, al morir, se guarda la memoria de la vida en un nombre: su tumba en el Cementerio Acatólico.

Y es que Roma Moderna se puede descubrir en un café o en los tranvías que empezaron a llenar la ciudad. Pero también en las moles de muchos edificios ministeriales, en museos, villas neo-renacentistas o incluso en una tumba.

Moderna y eterna

A veces es necesaria una poesía para que tenga voz lo que no se dice, para intentar unir lo que es contradictorio pero real:

Roma eterna
porque sabe lo que pasa
contigo
con nosotros, por nosotros.
Cualquier paso necesita tierra.

Estás, en presente,
y así no cuenta el pasado
ni esperas por venir.
Todo es igual a siempre.

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