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Renacimiento en Roma

El Renacimiento en Roma es uno de los periodos históricos que más han marcado la calidad y la cantidad artística de la ciudad. A finales del Quattrocento (s. XV) y principios del Cinquecento (s. XVI) Florencia deja de ser la capital de Renacimiento, donde había surgido, y Roma toma el testigo como centro del arte en Italia. Artistas como Miguel Ángel y Rafael dejan la Toscana para poner su genio al servicio de Roma. Concretamente, del papado, el gran responsable de que los grandes personajes del Renacimiento llegasen a Roma.

Renacen las artes clásicas. Nace una nueva Roma

Con Roma, capital los Estados Pontificios, los papas tenían el control de la Ciudad Eterna. Y es en este momento donde el papado tiene una gran ambición artística y cultural. Y, cuando decimos gran… es de veras enorme. En este periodo hay una gran decisión de hacer grandes reformas en Roma, mejorar sus iglesias y potenciar la ciudad para convertirla de nuevo en el mayor centro religioso y cultural del mundo. Es en esta época, por ejemplo, cuando se inicia el proyecto para construir la nueva (actual) Basílica de San Pedro. O cuando se le pide a Miguel Ángel una total reconstrucción de la Plaza del Campidoglio. Ambiciones y acciones que darían forma a una nueva Roma. Muchos de los lugares que hoy visitamos y admiramos nacen durante el Renacimiento en Roma.

Basílica de San Pedro vista desde Piazza San Pietro

Piazza del Campidoglio en el diseño de Miguel Ángel

El Renacimiento en Roma es una época de esperanzas, de grandes reformas, no solo urbanísticas. Por ejemplo, para muchos intelectuales de la época, como los que componen el círculo de Vicenzo Querini, Paolo Giustinian o Gasparo Contarini, la reforma debía partir de las Escrituras y los padres de la Iglesia, utilizar los métodos de los humanistas y contar con el papa, sucesor de san Pedro, en quien descansa la plenitudo potestatis.

En este contexto, la Academia de Pomponio Leto fue el centro de filosofía neoplatónica más importante de Roma. Pomponio había decidido rehacer los vínculos entre la ética estoico-platónica con la moral cristiana y trataba de lograr en el campo moral lo que Marsilio Ficino desarrollaba en el terreno filosófico con la formulación de una teología humanística que mantuviese siempre unidas la religión con la filosofía y la piedad con la sabiduría.

El Renacimiento comportaba un ambiente de apertura científica y metodológica que conoció Nicolás Copérnico cuando acudió a Roma en 1500 con motivo del jubileo. Este gran interés por la astronomía acogió sus lecciones en el Studium urbis y en el palacio del cardenal Alessandro Farnese, tesorero general de Alejandro VI y futuro destinatario de su obra De revolutionibus.

Esta es la cultura que ha dado lugar a la gran explosión del arte en Roma, puente entre oriente y occidente. Ciudad de encuentro, ya sea de acuerdo o en luchas, entre cábala judía y cálculos empíricos, Biblia y comentadores, mundo clásico y cristianismo.

Miguel Ángel llega a Roma: La Piedad

Puede que el gran protagonista del Renacimiento en Roma sea Miguel Ángel. Quizás… del Renacimiento en general. Miguel Ángel llega a Roma a finales del siglo XV, contratado por el papa. Una de sus primeras obras para Roma es ya una obra maestra. La entrega en 1499. Una escultura que representa la Piedad y que estaba pensada para formar parte de una tumba en la Basílica de San Pedro (en aquel entonces todavía era la antigua). Finalmente la Piedad acabó siendo una obra en sí misma, sin formar parte de un grupo escultórico. Y hoy decora el interior de la basílica, siendo uno de sus más importantes atractivos.

Desde su llegada a Roma, y al ver su talento, el papado no dejaría a Miguel Ángel ni un minuto libre, decididos a aprovechar a aquel increíble genio. Michelangelo que nunca dejaría la escultura (el Moisés en San Pietro in Vincoli o el Cristo resucitado en Santa Maria Sopra Minerva) se revelará un gran arquitecto diseñando hasta la cúpula para la actual Basílica de San Pedro. Roma aprovechó al máximo el contar con tan grande maestro. Sacando provecho de su talento para la escultura, la arquitectura… y la pintura.

La Piedad de Miguel Ángel.

Capilla Sixtina

En el Vaticano, la Capilla Magna había acumulado mucho degrado a lo largo de las décadas. Es el Papa Sixto IV quien decide durante el Renacimiento en Roma que debe ser reparada y darle un aspecto a la altura de las nuevas expectativas de la ciudad. De esta decisión daría lugar la Capilla Sixtina.

Más tarde sería el papa Julio II el que confiaría la decoración de la bóveda a las manos de un joven Miguel Ángel Buonarroti. El genio no se había dedicado a la pintura con una obra de esta envergadura, aunque era, como ahora sabemos, un talento infinito también en esto. Buonarroti era ambicioso, y la idea de un proyecto en el que resaltar en la pintura le llenó de ganas. Tan increíbles fueron sus primeros trabajos que otro papa, Pablo III, le encargará el Juicio Universal. De esta forma, él pintaría la pared del altar y el techo, dándole el aspecto final que ahora admiramos. Son pinturas al fresco titánicas en una capilla que ya contaba con obras de algunos de los mejores artistas del Renacimiento, llegados a Roma desde Florencia.

El resultado de la Capilla Sixtina superó cualquier expectativa. Cinco siglos después, es considerada una de las obras maestras de la historia del arte y millones de personas la visitan cada año.

La Capilla Sixtina, mirando hacia el altar, donde Miguel Ángel pinta el Juicio Final.

Rafael y la juventud del Renacimiento en Roma

El Renacimiento en Roma trajo a Rafael desde Florencia a principios del siglo XVI. Raffaello Sanzio llegó con un importantísimo encargo del papa Julio II. Bramante, un artista mucho más consagrado en Roma que Rafael, recomendó al joven Sanzio al papa y éste lo hizo llamar a Roma.

Julio II había decidido trasladar sus estancias privadas abandonando las habitaciones que había ocupado el papa Borgia Alejandro VI. Las cuales ya habían sido decoradas entonces por grandes genios como Perugino.

Rafael, en un principio, no llevaría a cabo todo el proyecto. Sin embargo, en cuanto el papa vio los primeros resultados del joven, quedó tan impresionado que ordenó que Rafael se encargase de las 4 estancias. El resultado del trabajo de Rafael está considerado el pico de su arte y una de las mejores pinturas jamás creadas. Tanto que las estancias del papa acabaron conociéndose como las Estancias de Rafael. Hoy visitadas por cientos de personas cada día y forman parte de los Museos Vaticanos.

Estancias de Rafael. Escena de la batalla del Puente Milvio.

Es curioso pensar como, en un mismo periodo, Rafael y Miguel Ángel se encontraron trabajando en un mismo lugar creando dos de las obras más importantes de la historia. Y, por supuesto, del Renacimiento en Roma.

El talento de Rafael no pasó desapercibido en Roma, donde siguió recibiendo encargos sin parar. Pinturas del genio de Urbino llenan las iglesias y los museos de la ciudad. Desde San Agustín hasta la Galería Borghese. Rafael dejó una huella tan grande en Roma, ya es su época, que fue enterrado con todos los honores en el Panteón.

Bramante

Bramante nació en Urbino, como Rafael. Y fue uno de los máximos representantes del Renacimiento en Roma. De hecho, estuvo fuertemente ligado con el papa Julio II, de quien ya tenía la confianza desde incluso antes de que éste fuese nombrado papa.

De Bramante surgen algunos de los sucesos para que conozcamos Roma como lo hacemos hoy. Además de aconsejar al papa la contratación de Rafael para sus estancias, Bramante fue nombrado arquitecto pontificio. Y, con tal cargo, Julio II le encargó la creación de una nueva Basílica de San Pedro (la actual). El maestro trabajó mucho en el proyecto y murió cuando las obras llevaban 8 años, podría decirse que en ‘’sus inicios’’. Le sucederá como arquitecto Rafael.

Su obra maestra es el Templete de Bramante, en San Pedro in Montorio. Fue un encargo directo de los Reyes Católicos desde España, como un voto por el nacimiento del infante Juan y como presencia de la monarquía española en Roma. Un templo de pequeño tamaño pero de dimensiones perfectas.

Templete del Bramante

El legado del Renacimiento en Roma

El Renacimiento en Roma vivió su etapa de madurez, siendo la Ciudad Eterna la capital del arte mundial durante unas décadas de auténtico esplendor artístico y cultural.

La Italia del segundo cuarto del siglo XV se nutría del neoplatonismo desarrollado en Florencia gracias a las eminentes figuras de Marsilio Ficino, Angelo Poliziano y Pico della Mirandola. La ciudad eterna se había beneficiado de su influencia, que se extendía a la Academia romana y a determinados círculos cardenalicios.

Este periodo se engrandeció la imagen de Roma gracias a la mano de algunos de los mayores genios que ha tenido la humanidad. Curiosamente, Leonardo da Vinci, que también residió en Roma durante el pontificado de León X, no tuvo mucho éxito. De hecho, se conserva solo 1 cuadro del genial autor en Roma: el San Jerónimo de la Pinacoteca Vaticana. Eso sí, en la Galería Borghese tenemos una copia de su Leda y el cisne… y Rafael lo retrata como Platón en su Escuela de Atenas.

No obstante, los museos, plazaspalacios e iglesias de la ciudad están repletos de obras, reformas o decoraciones llevadas a cabo en el Renacimiento.

Un regalo del que disfrutar en la vida cotidiana de quienes aquí vivimos y un motivo para visitar Roma para millones de viajeros. Si es éste tu caso, y quieres realizar un tour especial conociendo el Renacimiento en Romaescríbenos y acompáñanos en un recorrido único para descubrir la belleza de Roma con los mejores guías locales.

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