Barrio de San Lorenzo

En 2015, después de muchos años soñando con conocer Roma, estaba a punto de hacerlo. No sólo de conocerla sino de poder vivir en ella durante unos meses. Nunca había hablado con un italiano y para mí hablarlo, después de haberlo estudiado por mi cuenta, era casi un sueño. Mis padres me acompañaron al aeropuerto. Dos primos y dos amigos vinieron por sorpresa después a desearme suerte. Estaba muy contento, daba mis primeros pasos en Roma aún en Santiago.  Ya solo, en la fila para embarcar, el señor que estaba delante de mí se volteó para preguntarme algo sobre el DNI. Me hablaba en italiano. Le respondí contento y comenzamos a hablar. Me dijo que era de Roma y me preguntó dónde viviría. ‘’En Tiburtina’’, le dije. Él me respondió: ‘’Muy cerca del barrio de San Lorenzo. Tienes que visitarlo’’. Mi primer consejo sobre Roma. Lo seguiría.

Barrio de San Lorenzo y el Cementerio del Verano

Mi primer contacto con el barrio de San Lorenzo fue el Cementerio del Verano. En mi primer día en Roma fue a saludar a mis compañeros a la oficina. Y a conocer a aquel amable gallego que me había abierto las puertas de Roma y de su oficina. Alguien que acabaría siendo un gran amigo. Luego de nuestro primer desayuno juntos en Tiburtina, donde también estaba la oficina, subimos de nuevo al lugar de trabajo y me enseñó la terraza.  A lo lejos se veía una gran muralla y un enorme espacio verde. Me explicó que aquello era el Cementerio del Verano, que llegaba también hasta el barrio de San Lorenzo. Hablándome sobre él, me recomendó que lo visitara. Todo me empujaba a San Lorenzo… tendría que ir.

El Cementerio del Verano fue una increíble sorpresa. Un lugar de paz, donde los claros y los grises conviven. La pena y el luto se mezclan con el delicado arte de sus tumbas. En ocasiones, inquietante. Otras, de desgarradora belleza.

Descubrí que su origen se remonta también a la época del nacimiento del barrio de San Lorenzo, al siglo XIX. Aunque el barrio nació a finales del mismo.

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Ante las murallas aurelianas del barrio de San Lorenzo.

Las murallas aurelianas

Aquellos primeros días fui preguntando acerca del barrio en la oficina y a los romanos con los que iba interactuando. Todos coincidían en que el mayor atractivo de San Lorenzo era su ambiente juvenil, con una de las zonas de marcha de Roma con más tirón entre los locales. Un lugar donde podría conocer cómo los romanos se divierten por la noche. Y una de las razones principales de ellos es su cercanía a la universidad. Ya que la Universidad de la Sapienza está en las inmediaciones. Así que muchos estudiantes viven en el barrio de San Lorenzo. Curiosamente, años después acabaría compartiendo piso en Ostiense con alguien que se mudaba desde San Lorenzo. Casi como yo pero con un periodo de tiempo mucho menor.

Entonces, ¿cómo llego al barrio?, pregunté el día que salí desde Tiburtina decidido a visitarlo. ‘’Sólo sigue las murallas’’, me dijo un educado señor que paseaba tranquilamente como yo, pero en dirección opuesta.

Las murallas aurelianas son antiguas murallas de Roma construidas en el siglo III. Se conservan muchos tramos en toda la ciudad y, acogedoras más que protectoras, me acompañaron en mi visita al barrio de San Lorenzo. Donde ellas también tienen su casa.

Descubriendo el barrio de San Lorenzo

Ya en el barrio, habiendo conocido el Cementerio del Verano y acogido por sus murallas, descubrí un lugar realmente local. De aquellos que tanto valoraría años después por recordarme la belleza de la cotidianidad de Roma y su gente.

Un barrio, dentro de esto, diferente y con su propia personalidad. Me sorprendió ver su toque bohemio y artístico. Con tantos negocios de productos artesanales, con el alma de sus creadores, artistas y vecinos del barrio. Un espíritu artístico del que se empanan y al que suman el propio los estudiantes que cada año hacen de San Lorenzo su casa. Espíritu que se refleja también en fachadas y muros de sus calles con las diversas y fantásticas obras de Street Art que los decoran.

Es fácil parar a tomarse un café respirando el ambiente del barrio y verse atrapado por una interesante conversación que te invita a quedarte un rato más.

Eso mismo hicieron las iglesias del quartiere. Invitarme a quedarme un poco más. Descubrí dos que me gustaron especialmente. La primera, la iglesia de San Lorenzo de Extramuros. En perfecta sintonía con con el Cementerio del Verano y las murallas aurelianas, siendo parte y nexo de ambas.

Aunque la que más me gustó fue la iglesia de Santa Inmaculada. Su exterior me inspiró esa Roma del día a día. Preciosa y cotidiana. Y entrar fue, de nuevo, sentir Roma. Sentir el día a día pero chocar con una belleza tal que te recuerda que Roma… es Roma. Bella como ninguna.

altar san lorenzo extramuros
Interior de San Lorenzo de Extramuros.

Un barrio hecho y rehecho

Años más tarde, ya en mi segunda etapa romana, en el barrio de Ostiense. Me di cuenta que la historia de ambos tenía bastante en común. Barrios de Roma creados y desarrollados a finales del XIX y principios del XX. Basados en la industria y que fueron poblados y llenados de vida por trabajadores de toda Italia que llegaban en busca de trabajo y oportunidades.

El barrio de San Lorenzo, sin embargo, sufrió una grave destrucción en la Segunda Guerra Mundial. Donde un bombardeo acabó con gran parte del vecindario. Después de aquello, nada volvería a ser lo mismo y, sin embargo, lo fue.

El barrio consiguió rehacerse y, aunque la industria ya no fue su pulmón, San Lorenzo mantuvo su esencia. Con una nueva vida, universitarios, artistas y trabajadores, la belleza de lo cotidiano y de sus monumentos resurgió para volver a dotar a Roma de uno de sus barrios más especiales.

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Street Art en San Lorenzo.
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